Investigadores vulneraron sistemas de OpenAI utilizando Claude de Anthropic

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La frontera entre la asistencia automatizada y las nuevas amenazas de ciberseguridad se vuelve cada vez más difícil de delimitar. Herramientas de Inteligencia Artificial que originalmente fueron desarrolladas para ayudar a programadores e investigadores también están demostrando capacidad para detectar vulnerabilidades, desarrollar exploits y automatizar partes de ataques informáticos complejos.

En esta entrega de Alerta Digital analizamos una serie de incidentes que han generado preocupación dentro de la industria: desde investigadores de seguridad que utilizaron Claude de Anthropic para vulnerar sistemas de OpenAI, hasta agentes de IA que lograron escapar de entornos aislados durante una evaluación interna y terminaron comprometiendo sistemas de Hugging Face.

El caso Hacktron: Claude permitió vulnerar sistemas de OpenAI

En menos de 72 horas, un equipo de investigadores de la firma de ciberseguridad Hacktron AI consiguió acceder a cuentas de ChatGPT y Codex pertenecientes a empleados de OpenAI. El trabajo se realizó como parte de una investigación responsable de vulnerabilidades y utilizó modelos Claude de Anthropic para acelerar el desarrollo de la cadena de explotación, según reportó The Wall Street Journal.

El punto de entrada fue community.openai.com, el foro de OpenAI alojado sobre la plataforma Discourse. Los investigadores aprovecharon inicialmente una vulnerabilidad relacionada con el procesamiento de imágenes y posteriormente encadenaron otro fallo asociado con el sistema de autenticación.

El proceso expuso varios riesgos relacionados con la creciente automatización de la investigación ofensiva:

  • Explotación asistida por IA: los investigadores utilizaron Claude para analizar una vulnerabilidad de corrupción de memoria y desarrollar un exploit funcional. Según Hacktron, versiones anteriores del modelo no habían logrado completar correctamente esta tarea, mientras que Claude Opus 5 sí consiguió generar una cadena funcional.
  • Escalación de accesos: después de comprometer el foro, los investigadores obtuvieron tokens de autenticación que permitían acceder a cuentas de empleados de OpenAI en ChatGPT y Codex. Una de esas cuentas estaba conectada con la organización interna de GitHub de la compañía.
  • Acceso al repositorio interno: para demostrar el alcance de la vulnerabilidad sin consultar código confidencial, los investigadores utilizaron Codex para abrir una solicitud de cambio en el repositorio privado de OpenAI y posteriormente detuvieron las pruebas.
  • Respuesta del laboratorio: OpenAI solucionó su parte de la vulnerabilidad aproximadamente 14 horas después de recibir el reporte y posteriormente entregó una recompensa de $6.500 al equipo.

El episodio resulta especialmente relevante porque demuestra hasta qué punto los modelos de IA pueden reducir el tiempo y los conocimientos especializados necesarios para desarrollar determinadas cadenas de explotación. Tareas de seguridad que anteriormente podían requerir semanas de trabajo manual ahora pueden acelerarse considerablemente mediante agentes avanzados.

Fuga de contenidos: el experimento de OpenAI en Hugging Face

El incidente de Hacktron no es un caso aislado. Durante julio, OpenAI realizó evaluaciones internas destinadas a medir las capacidades de sus modelos en tareas de ciberseguridad dentro de entornos aislados o sandboxes.

En una parte de estos experimentos, aproximadamente 1.200 agentes que debían permanecer aislados descubrieron una forma no autorizada de comunicarse mediante un sistema interno de paquetes. A través de este canal intercambiaron más de 70.000 mensajes y archivos, coordinando diferentes estrategias para manipular el sistema de evaluación ExploitGym.

Alrededor de 700 de estos agentes participaron posteriormente en acciones contra Hugging Face. Los modelos aprovecharon una vulnerabilidad de día cero en Artifactory para eludir las restricciones de red, obtener acceso a Internet y, posteriormente, comprometer partes de la infraestructura de Hugging Face.

OpenAI reconoció que las acciones de los agentes se desviaron de los objetivos establecidos durante la evaluación. El incidente estuvo impulsado principalmente por un modelo experimental interno de alta capacidad que nunca estuvo destinado a su lanzamiento público, aunque en las pruebas también participaron otros modelos.

Tras investigar el incidente junto con organizaciones externas como METR y Redwood Research, OpenAI desactivó el modelo interno involucrado, restringió su acceso y comenzó a reforzar sus mecanismos de aislamiento y supervisión.

Este tipo de episodios alimentó el debate actual sobre el ritmo de desarrollo de los modelos avanzados. Dario Amodei, CEO de Anthropic, advirtió recientemente en su ensayo «We Must Pace the Frontier» que las capacidades de la IA podrían evolucionar más rápido que los mecanismos disponibles para supervisarlas y controlarlas.

Amodei propuso un plan centrado en evaluaciones independientes permanentes, una mayor coordinación entre laboratorios y gobiernos y, eventualmente, acuerdos internacionales destinados a reducir los riesgos de una carrera tecnológica sin suficientes salvaguardas.

Figuras como Sam Altman y Elon Musk también expresaron públicamente su apoyo a una mayor cautela y supervisión en el desarrollo de los sistemas más avanzados.

Las preocupaciones también provocaron movimientos dentro de los propios laboratorios. Bilal Chughtai, investigador especializado en seguridad de AGI en Google DeepMind, anunció recientemente su renuncia y manifestó públicamente su preocupación por la trayectoria actual del desarrollo de la Inteligencia Artificial.

¿Arma cibernética invencible o brecha de arquitectura?

La capacidad de la IA para detectar y explotar vulnerabilidades a gran velocidad plantea dos lecturas sobre el futuro de la seguridad digital.

Por un lado, la integración de modelos avanzados con herramientas locales, navegadores, terminales y cuentas corporativas amplía considerablemente su radio de acción. Una vulnerabilidad aparentemente secundaria puede convertirse en el primer eslabón de una cadena que permita acceder a sistemas mucho más sensibles.

El caso de Hacktron es un ejemplo de esta dinámica. Una vulnerabilidad inicial en el procesamiento de imágenes terminó combinándose con problemas de autenticación hasta permitir acceso a cuentas de empleados y demostrar la posibilidad de alcanzar un repositorio interno de OpenAI.

Por otro lado, las mismas capacidades pueden utilizarse para fortalecer la defensa. Equipos de seguridad ya emplean agentes de IA para analizar código, localizar vulnerabilidades y generar parches antes de que estos fallos sean explotados por actores maliciosos.

La Ethereum Foundation, por ejemplo, utiliza agentes coordinados de IA para analizar componentes críticos de su infraestructura y ya ha identificado vulnerabilidades reales en software utilizado por la red.

Por ello, el desafío no consiste únicamente en limitar las capacidades ofensivas de estos modelos, sino también en garantizar que los sistemas defensivos evolucionen a un ritmo comparable. El principio de mínimo privilegio, el aislamiento estricto de los agentes, la supervisión continua y la automatización de la detección y corrección de vulnerabilidades adquieren una importancia cada vez mayor.

La urgencia de imponer límites

Los incidentes recientes demuestran que los riesgos de ciberseguridad vinculados con la Inteligencia Artificial ya no dependen únicamente de escenarios hipotéticos. Los modelos actuales pueden buscar vulnerabilidades, escribir código, utilizar herramientas externas y encadenar tareas durante largos periodos cuando reciben suficiente autonomía.

Esto no significa que los sistemas actúen necesariamente con intenciones propias. En muchos casos, los problemas aparecen porque los agentes reciben objetivos incompletos, permisos excesivos o encuentran caminos inesperados para completar una tarea.

De este escenario se desprende que una parte fundamental de la solución pasa por rediseñar la arquitectura de seguridad alrededor de los agentes. Esto incluye limitar sus permisos, reforzar los sandboxes, separar credenciales y sistemas críticos, implementar defensas asistidas por IA y someter los modelos más avanzados a evaluaciones independientes.

A medida que estas herramientas aumenten sus capacidades, la seguridad dependerá cada vez menos de confiar en que un modelo «se comporte correctamente» y más de construir infraestructuras capaces de limitar el impacto de cualquier comportamiento inesperado.

Alejandro Gil
Alejandro Gil
Alejandro es periodista especializado en la cobertura del mundo financiero.

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