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Espacio patrocinadoEl Banco de Pagos Internacionales (BIS) dio un paso que acerca la tokenización al corazón operativo del sistema financiero.
En su iniciativa Project Agorá, un grupo de instituciones financieras y bancos centrales completó pagos transfronterizos con valor real utilizando dinero tokenizado, un ensayo que sugiere que esta tecnología empieza a filtrarse en la plomería sobre la que se mueve el dinero entre países.
Qué probó el ensayo
Durante la fase de pruebas con valor real, veintiocho instituciones -privadas y bancos centrales- movieron transacciones por alrededor de CHF 800.000 repartidas en diecisiete escenarios distintos, con montos que fueron de CHF 9.000 a 125.000. No se trató de una simulación con cifras de laboratorio, sino de operaciones con valor monetario real sobre la plataforma.
El dato que llama la atención de cualquier tesorero es la velocidad. El tiempo promedio entre la iniciación de un pago y su liquidación fue de aproximadamente 80 segundos, y eso pese a que el prototipo no estaba integrado con los sistemas de liquidación bruta en tiempo real ni con los núcleos bancarios que hoy sostienen la operativa diaria.
Unas 250 personas de áreas de pagos, cumplimiento, riesgo y legal participaron del ejercicio, coordinado operativamente por SIX y ejecutado sobre tecnología de Kaleido.
Por qué no es una stablecoin
Aquí conviene marcar una diferencia que suele diluirse en el ruido del mercado. Agorá no se apoya en una stablecoin emitida por un privado, como las que dominan hoy los pagos cripto. Lo que tokeniza son dos formas de dinero tradicional: las reservas de banco central que las entidades usan para liquidar entre sí y los depósitos comerciales que los bancos mantienen para sus clientes.
Esa distinción no es cosmética. Significa que la confianza y la garantía que respaldan cada unidad de valor siguen siendo las del sistema bancario existente, y no las de un emisor externo.
El proyecto, que reúne a ocho bancos centrales -cinco de ellos de monedas de reserva mayores- y a más de cuarenta instituciones financieras convocadas por el Instituto de Finanzas Internacionales, busca precisamente modernizar los rieles sin abandonar la arquitectura de seguridad que ya funciona.
Un nuevo trazado para mover el dinero
El modelo actual de pagos transfronterizos obliga a que una operación pase por una cadena de bancos corresponsales, cada uno con su propio registro, hasta que los fondos finalmente se liquidan. Agorá reemplaza esa secuencia por un libro compartido en el que las partes observan un único registro de titularidad y estado del pago, lo que recorta la fricción y la opacidad que encarecen el proceso.
El ensayo también probó liquidaciones de tipo payment-versus-payment, en las que dos monedas se intercambian de forma simultánea en lugar de esperar a que una pata de la operación cierre antes que la otra, un mecanismo que reduce el riesgo de que una parte entregue su moneda sin recibir la contraparte.
Todo se ejecutó respetando los estándares ISO 20022 que ya rigen la mensajería de pagos, una señal de que el diseño apunta a convivir con la infraestructura vigente antes que a reemplazarla.
La lectura de fondo es que la tokenización está dejando de ser una promesa asociada al mundo cripto para convertirse en un asunto de infraestructura financiera.
Cuando los bancos centrales y las mayores entidades del planeta ensayan mover valor real en segundos sobre un libro compartido, el debate deja de girar en torno a si la tecnología sirve y pasa a girar en torno a cuándo y cómo se implementa.
El BIS ya anticipó que el trabajo continuará con un rol ampliado del sector privado, y el mercado hará bien en tomar nota.
