La paradoja de Hong Kong: récord de OPI de IA y bolsa a la baja

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Hong Kong vive una paradoja incómoda: la emisión de acciones en el centro financiero ya superó el total de todo el año pasado, impulsada por una cosecha inusual de salidas a bolsa de inteligencia artificial y de ampliaciones de capital, y aun así su índice de referencia, el Hang Seng, acumula una caída cercana al 3 %.

Esa brecha entre la euforia emisora y el comportamiento del mercado deja al descubierto algo que a los gestores les cuesta disimular: la demanda global por acciones chinas sigue siendo débil, y cada nueva compañía que llega al parqué termina compitiendo por un dinero que no crece.

Un mercado que compite consigo mismo

La mayoría de los grandes fondos internacionales mantiene una posición neutral o infraponderada en renta variable china, de modo que cualquier debutante no atrae capital nuevo, sino que pelea por el que ya está colocado en las carteras.

Sat Duhra, gestor de Asia ex-Japón en Janus Henderson, resume la mecánica sin adornos: Hong Kong tiene rotación suficiente para digerir un calendario cargado de OPI, pero cada operación rivaliza de forma directa con la exposición a China que los inversores ya arrastran dentro. El resultado es una plaza que, en la práctica, se canibaliza.

Por qué las empresas chinas no tienen otra puerta

Para buena parte de las firmas del continente, salir a bolsa en Hong Kong no es una estrategia de expansión, sino casi la única vía de financiación que les queda ahora que el crédito se ha secado en la China continental.

Hao Hong, director de inversiones del hedge fund Lotus Asset Management, lo plantea con crudeza: los bancos no están prestando, las compañías necesitan dinero y el propio Gobierno considera que el mercado es hoy un vehículo más eficaz para canalizarlo.

A esa presión se suma la cautela del regulador, que está siendo selectivo con las cotizaciones en el continente para no drenar la liquidez de un mercado interno que intenta estabilizar. Hong Kong queda así como válvula de escape que permite captar capital sin tocar esa liquidez doméstica.

De «dinero gratis» a resaca

El desenlace ya asoma en las cifras. En el primer semestre, los estrenos de startups como Z.AI o MiniMax se dispararon con fuerza, pero en el tercer trimestre más de la mitad de las compañías que debutaron cotizan por debajo de su precio de salida, arrastradas por la corrección tecnológica de julio, cuando el ánimo inversor se agrió con la IA.

Nicholas Chui, gestor de Franklin Templeton, describe el ciclo como una operación de momentum: durante los primeros meses del año, cualquier cosa que aterrizaba en el mercado se compraba como si fuera dinero gratis, y esa percepción se ha evaporado casi por completo.

La competencia de la IA no piensa frenar

El telón de fondo se enturbió todavía más cuando las mayores tecnológicas pidieron ralentizar el desarrollo de la IA ante las advertencias sobre su seguridad, y la propia agencia de inteligencia china alertó de los riesgos que la tecnología supone para la estabilidad política y social del país.

Nada de eso, sin embargo, apunta al fin de la fiebre. Tilly Zhang, analista de Gavekal Dragonomics en Pekín, se muestra escéptica: tanto Washington como Pekín están atrapados en una competición tecnológica en la que nadie quiere asumir el coste de perder, de modo que podrán multiplicarse las reglas y las advertencias, pero el pulso por avanzar seguirá intacto.

Las grietas del propio índice

Buena parte del problema es estructural. Muchas de las recién llegadas ni siquiera son rentables -operan en biotecnología o semiconductores- y el número de grupos con pérdidas, medido por el beneficio neto de los últimos doce meses, no ha dejado de crecer.

Quien sale a cotizar con flujo de caja negativo y un camino difuso hacia los beneficios, advierte Aadil Ebrahim, de Klay Capital, lo tiene cuesta arriba una vez dentro del mercado.

A ello se añade que la China continental concentra ahora más fabricantes de hardware ligados a la construcción de infraestructura de IA, un imán que ha desviado flujos. La inversión continental hacia Hong Kong, según John Woods, de Lombard Odier, se ha desplomado tras marcar un récord el año pasado, porque el atractivo relativo se ha inclinado hacia las temáticas de IA del continente.

El desempeño del Hang Seng arrastra, además, un defecto de construcción: varios de sus mayores componentes son veteranos del consumo tecnológico -Tencent, Alibaba, Xiaomi y Meituan suman más del 20 % del índice- muy expuestos al enfriamiento del consumo chino, mientras que algunos de los valores de IA más alcistas del año quedaron fuera de los principales índices durante buena parte del ejercicio. El escaparate no refleja lo que de verdad tira.

Y la secuencia de fondo -capital que se agolpa sobre una narrativa más rápido de lo que esa narrativa puede absorber a cada nuevo emisor, hasta que el momentum se quiebra- resulta familiar para cualquiera que haya seguido otros ciclos de euforia, dentro y fuera de las criptomonedas.

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