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Espacio patrocinadoPor primera vez, más semiconductores y componentes electrónicos surcoreanos alcanzan a los compradores estadounidenses a través de fábricas del Sudeste Asiático que de fábricas chinas, según un informe del Banco de Corea (BOK) publicado el 13 de septiembre sobre cómo se han redibujado las rutas comerciales desde el inicio del conflicto entre Estados Unidos y China.
En 2022, el 18,6% de los productos coreanos de computación, electrónica y óptica que terminaron en el consumo o la inversión estadounidenses había pasado por Vietnam, Indonesia, Malasia, Filipinas o Tailandia, frente al 17% que transitó por China.
Lo que Corea del Sur envía directamente a Estados Unidos, en cambio, apenas se movió: del valor coreano que acaba en la demanda final estadounidense, un 73,1% fue directo en 2016 y un 72,4% en 2022. Todo el reacomodo ocurrió en las rutas indirectas.
La guerra arancelaria reordenó el mapa
Sumando todas las industrias, la porción canalizada a través de China cayó del 10,7% al 6,8% en esos seis años, mientras que la que pasa por las cinco economías del Sudeste Asiático subió del 4,9% al 8,3%.
El patrón se afianzó después de 2017, cuando Washington y Pekín empezaron a apilar aranceles sobre sus respectivos bienes. Antes que renunciar a cualquiera de los dos mercados, los fabricantes trasladaron el ensamblaje final a terceros países cuyas exportaciones enfrentaban barreras más bajas, y los componentes siguieron llegando de los mismos proveedores de siempre.
El BOK denomina a esos países «economías conectoras»: se sitúan dentro de ambos sistemas a la vez, atados a la demanda estadounidense por un lado y a las redes de producción chinas por el otro, y recogen el comercio que ya no circula de forma directa entre las dos potencias. Vietnam, India y México son los casos más nítidos.
Vietnam, el epicentro del reacomodo
Del lado surcoreano, Vietnam absorbió la mayor parte de ese trabajo. El valor coreano que entra en plantas vietnamitas del sector de computación, electrónica y óptica y termina en la demanda final estadounidense subió del 12,8% en 2016 al 21% en 2022, mientras que el destinado a la demanda final china pasó del 11,2% al 19,4%.
Juntos, ambos mercados representaron el 40,4% en 2022, frente al 24% de seis años antes, una señal de cuánto se ha concentrado el nuevo enrutamiento en un solo país bisagra.
La factura de la resiliencia
El BOK lee el giro como una ganancia de resiliencia, ya que más sitios de producción y más rutas de envío dejan al exportador con alternativas cuando un choque geopolítico cierra alguna de ellas. El arreglo, sin embargo, tiene su costo: como buena parte de la producción coreana llega ahora a Estados Unidos a través del Sudeste Asiático, cualquier problema en la región viaja de vuelta hasta Corea del Sur en lugar de detenerse en la frontera de un proveedor extranjero.
Washington dispone de herramientas orientadas precisamente a este tipo de triangulación. Las reglas de origen definen de qué país procede legalmente un producto terminado, y por lo tanto qué arancel paga, mientras que las investigaciones de transbordo comprueban si los bienes se fabricaron donde dicen o si solo pasaron de largo para disfrazar su origen. Endurecer cualquiera de las dos golpearía a las compañías coreanas con plantas en el Sudeste Asiático y a los fabricantes de componentes que las abastecen desde casa.
De ahí que el banco central recomiende tratar a las economías conectoras como un colchón y, al mismo tiempo, reducir la dependencia de cualquier sitio o ruta de producción única.
Las cifras de enrutamiento se apoyan en las tablas insumo-producto de la OCDE y se detienen en 2022, aunque el BOK juzga que el patrón se ha mantenido, apoyado en la fortaleza exportadora de Vietnam y Malasia dentro de las cadenas de inteligencia artificial.
Como telón de fondo, el comercio directo de bienes entre Estados Unidos y China cayó un 39,9% entre 2022 y 2025 según datos estadounidenses, en un período en que el comercio global de mercancías creció.
