Consejos de oro: las tres cosas que Steve Jobs le enseñó a Kevin O’Leary

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Hay frases que un inversor escucha una sola vez en la vida y que recuerda durante décadas. Kevin O’Leary, el «Mr. Wonderful» de Shark Tank, guarda una de esas frases desde hace años y la atribuye a alguien a quien describe sin reservas como brillante y al mismo tiempo «desagradable»: Steve Jobs.

El consejo, contado recientemente en una entrevista con The School of Hard Knocks junto a su compañero de panel Robert Herjavec, cabe en una sola idea, pero esa idea explica buena parte de lo que diferencia al constructor de patrimonio del que apenas administra ocupaciones.

La señal y el ruido

«Solo hay tres cosas que debes hacer todos los días. Eso se llama señal», le dijo Jobs en algún momento, según el propio O’Leary. «Todo lo que te impide hacer las tres cosas es el ruido. Si entiendes lo que te estoy diciendo, tendrás éxito».

La fórmula es brutalmente simple y por eso mismo resulta difícil de aplicar, porque obliga a aceptar que la mayoría de aquello que llena la agenda de un profesional no contribuye al resultado que importa. O’Leary admite que su primera reacción fue de incredulidad y que solo años después entendió el peso de lo que escuchaba.

El propio Jobs llevaba ese principio al terreno corporativo con una claridad que pocos directivos imitan. En su célebre intervención de 1997 en la Conferencia Mundial de Desarrolladores de Apple, recién recuperado el control de la compañía, resumió su método en una frase que después se reprodujo hasta el cansancio: «enfocarse es decir que no». Bajo esa lógica desmanteló decenas de proyectos de baja prioridad y obligó a su equipo a concentrarse en un puñado de categorías, decisión que terminaría reconfigurando el panorama de la informática personal.

Disciplina convertida en patrimonio

Para O’Leary la idea no quedó en una anécdota inspiradora, sino que se convirtió en un sello operativo. El inversor nacido en Toronto cofundó SoftKey Software Products en 1986, compañía que más tarde absorbió y rebautizó como The Learning Company, y que terminó vendiendo a Mattel por aproximadamente 4.200 millones de dólares en 1999 según The New York Times.

La operación resultaría desastrosa para la juguetera, pero dejó a O’Leary en una posición patrimonial que pocos empresarios alcanzan en una sola transacción, y desde entonces no ha dejado de capitalizar esa visibilidad a través de su rol como juez en Shark Tank.

Herjavec, que construyó y vendió varias compañías de ciberseguridad antes de sentarse en el mismo panel, comparte la lectura. «Nunca he conocido a alguien con gran riqueza que no tenga un gran propósito», dijo durante la conversación. O’Leary completó la idea con una sentencia que vale tanto para fundadores como para inversores: «a los multimillonarios no les importa el dinero, están en una misión».

Lo que dice la investigación

La intuición de Jobs encuentra respaldo en la literatura reciente sobre atención y productividad. Gloria Mark, profesora de la Universidad de California en Irvine y autora del libro «Attention Span», documenta que un profesional necesita en promedio 23 minutos para recuperar el foco después de una interrupción, cifra que explica por qué la multitarea constante erosiona el rendimiento incluso en personas talentosas. Visto desde esa óptica, la regla de las tres cosas no es una excentricidad de empresario, es una respuesta concreta a un problema neurológico medible.

El inversor disciplinado, el operador con criterio y el fundador que sobrevive a su primera década comparten un mismo hábito invisible: deciden cada mañana qué cosas merecen el día y tratan al resto como fricción. Jobs lo llamaba señal. O’Leary, después de décadas de carrera, lo llama supervivencia.

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