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Espacio patrocinadoLa fotografía es elocuente. Mientras que el mercado global de stablecoins supera los 322.000 millones de dólares, casi un 99% de esa cifra está denominada en dólares estadounidenses. En contraste, las stablecoins en euros apenas alcanzan los 500 millones de euros en circulación, una fracción que el Banco Central Europeo describe como inferior al 0,2% del segmento dominado por el dólar.
Ese desequilibrio es el telón de fondo sobre el que se construye Qivalis, el consorcio bancario paneuropeo que en Barcelona volvió a ocupar el centro del debate financiero durante la jornada organizada por la delegación catalana del Instituto Español de Analistas en el espacio All-in-one de CaixaBank.
El encuentro reunió a Gabriel Lera, especialista en Activos Digitales de BBVA; Iván Manso Arenal, senior manager de Digital Assets en KPMG; y Sandra Jodar, de Estrategia Bancaria y Transformación Digital de CaixaBank, en una mesa moderada por Jordi Amorós, director de Planificación IT y Operaciones de Banco Sabadell.
La presidenta de la delegación catalana del Instituto, Margarida Gabarró, abrió la sesión recordando que la digitalización del dinero ha dejado de ser un horizonte para convertirse en una transformación que interpela ya a bancos, empresas, inversores y reguladores.

De doce a treinta y siete bancos en menos de un año
Qivalis nació en septiembre de 2025 como una alianza de nueve entidades europeas, sumó a BNP Paribas en diciembre y para mayo de 2026 había escalado hasta 37 bancos repartidos en 15 países, con presencia de pesos pesados como ING, UniCredit, Deutsche Bank, Intesa Sanpaolo, ABN Amro, Rabobank, Nordea, BBVA, CaixaBank, Banco Sabadell y Bankinter.
El consorcio, con sede en Amsterdam y en proceso de obtener la licencia de Entidad de Dinero Electrónico ante el Banco Central de los Países Bajos, prevé emitir su stablecoin denominada en euros en la segunda mitad de 2026, plenamente alineada con el marco MiCA.
La arquitectura financiera apunta a un respaldo en proporción uno a uno, con al menos un 40% de las reservas en depósitos bancarios y el resto en deuda soberana de la eurozona a corto plazo, una estructura pensada para evitar concentraciones de riesgo y diluir cualquier sospecha sobre la solvencia del emisor.
Al frente del proyecto opera Jan-Oliver Sell, antiguo responsable de Coinbase en Alemania, mientras que Sir Howard Davies, expresidente de la Financial Services Authority británica, encabezará el consejo de supervisión.
El euro digital como cuestión de soberanía
Durante la jornada, Lera planteó que el futuro del dinero digital pasará por la convivencia entre stablecoins, depósitos tokenizados y otras formas de activos digitales, una arquitectura plural en la que los consorcios bancarios pueden preservar la confianza del cliente y evitar la fragmentación que ha caracterizado al ecosistema cripto en sus primeras etapas.
Manso Arenal, desde KPMG, insistió en aterrizar la conversación en casos de uso concretos y subrayó que iniciativas como Qivalis forman parte de la respuesta estructural del sector bancario europeo para reforzar la soberanía del euro.
Sandra Jodar aportó la lectura más estratégica al recordar que, según estimaciones del Fondo Monetario Internacional, el euro mantiene una cuota cercana al 20% en distintos casos de uso del comercio internacional, los mercados de deuda y los pagos transfronterizos, y que en la medida en que el dinero tokenizado avance hacia esos terrenos, la demanda de instrumentos denominados en euros debería acompañarla.
Amorós cerró el círculo recordando que el desarrollo de estas infraestructuras no dependerá únicamente de la tecnología, sino de la capacidad del sector para integrarlas en plataformas robustas, eficientes y compatibles con la operativa bancaria actual.
Una carrera contra el reloj regulatorio
El contexto añade urgencia al movimiento. El BCE, por voz de Isabel Schnabel, advirtió a comienzos de junio que la dominancia de los stablecoins en dólares puede amplificar la transmisión internacional de la política monetaria estadounidense y limitar el papel del euro en las finanzas tokenizadas, mientras Pontes y Appia, sus proyectos de dinero mayorista de banco central, avanzan en paralelo y el euro digital minorista no llegará antes de 2029.
Qivalis se mueve, por tanto, en un terreno donde el sector privado bancario europeo está adelantándose a la propia infraestructura pública, en una apuesta que combina cumplimiento regulatorio, distribución a escala y la convicción de que la próxima generación de pagos no debería liquidarse exclusivamente en dólares tokenizados.
