La temporada de resultados entra en su tramo decisivo para la Inteligencia Artificial. Alphabet y Microsoft presentan resultados trimestrales el 28 de octubre, y Amazon lo hace el 29, mientras que Meta ya publicó las suyas el 21 de octubre.
En el debate se mezclan tres preguntas distintas, que son si la tecnología es útil, si se vende como producto y si la inversión que la sostiene resulta rentable. La tercera es la que ahora se exige demostrar en ingresos, márgenes y efectivo, y cada compañía la responde con métricas diferentes.
Ingresos reconocidos, carteras y promesas
Microsoft monetiza la IA sobre todo a través de la nube y de las suscripciones de software. En el trimestre cerrado en junio, el último de su ejercicio fiscal 2026, los ingresos de Azure crecieron un 43%, y la compañía informó en su comunicado oficial que Azure superó por primera vez los 100.000 millones de dólares anuales y que Microsoft 365 Copilot pasó los 30 millones de licencias pagas.
Microsoft no desglosa qué parte de ese crecimiento corresponde estrictamente a la IA, y el dato más llamativo exige además una lectura cuidadosa. La cartera comercial pendiente de reconocer, conocida como RPO (los ingresos ya contratados que todavía no se han registrado como venta), subió un 84% hasta 678.000 millones de dólares, pero solo un 25% si se excluyen los compromisos de OpenAI.
Alphabet y Amazon muestran carteras de magnitud comparable. Google Cloud facturó 24.770 millones de dólares en el segundo trimestre, un 82% más, y su cartera alcanzó 514.000 millones, de los que algo más de la mitad se convertiría en ingresos en 24 meses. Según su informe trimestral, ese trimestre empezó además a reconocer ingresos por la venta de sistemas TPU, sus chips propios.
En Amazon, Andy Jassy situó el crecimiento de AWS en el 36,7% y afirmó que sus negocios de IA y de chips superaron cada uno una tasa anualizada de 25.000 millones de dólares. Una tasa anualizada extrapola el ritmo reciente y no equivale a ingresos ya reconocidos.
Meta no vende capacidad de cómputo, de modo que su prueba es indirecta. Sus ingresos crecieron un 26%, impulsados por una mayor demanda publicitaria y precios más altos, y la atribución de esa mejora a sus modelos de IA es un argumento de la dirección que la compañía no cuantifica por separado.
El costo de servir y el rastro en la caja
Vender más no garantiza mejores márgenes, porque cada cliente nuevo requiere chips, energía y centros de datos. En Microsoft, el margen bruto del trimestre se situó en el 67%, por debajo del año anterior, mientras que en Google Cloud el margen operativo subió del 20,7% al 35,6%, lo que demuestra que la escala puede jugar en ambas direcciones.
La caja ofrece la lectura más exigente. En Meta, la inversión de capital trimestral de 34.910 millones de dólares superó los 32.790 millones generados por la operación, y el flujo de caja libre quedó en 2.120 millones negativos, un registro que no se veía desde su salida a bolsa. La transcripción de su conferencia recoge que el rango de inversión para 2026 quedó acotado entre 135.000 y 145.000 millones.
Amazon presenta el mismo fenómeno en doce meses acumulados, ya que su flujo de caja libre pasó a una salida de 7.600 millones de dólares por un aumento interanual de 66.100 millones en compras de equipos, aunque el flujo operativo creció un 33%.
Las cifras no son directamente comparables. Meta incluye en su inversión los pagos de principal de arrendamientos financieros, mientras que Amazon resta compras de equipos netas de incentivos. Alphabet, por su parte, recurrió a los mercados de capitales, ya que en junio anunció emisiones que incluían un programa de venta de acciones de 40.000 millones de dólares, destinado entre otros fines a escalar su infraestructura de IA.
Cuándo aparece el gasto y qué mirar esta semana
La depreciación reparte el costo de un activo a lo largo de su vida útil, de modo que el dinero sale el día de la compra pero el gasto contable se reconoce durante años. Por eso una inversión masiva castiga primero la caja y llega más tarde a los resultados.
Microsoft introdujo un cambio relevante en este punto. Su directora financiera, Amy Hood, explicó en la conferencia con analistas que desde el ejercicio fiscal 2027 la vida útil estimada de centros de datos y edificios de oficinas pasa de 15 a 25 años, con un beneficio mínimo esperado sobre el resultado operativo.
El efecto mayor recae sobre la métrica de inversión. Más arrendamientos futuros se clasificarán como operativos, que Microsoft no cuenta como inversión de capital, y la previsión para 2026 bajó de unos 190.000 a unos 175.000 millones sin que cambiara el gasto previsto. El cambio fue comunicado públicamente y afecta a edificios, no a servidores ni a chips gráficos, y el informe del 28 de octubre será el primero con el nuevo tratamiento.
A ello se suman beneficios internos de productividad que las compañías mencionan, pero que todavía son expectativas de la dirección y resultan difíciles de aislar en las cuentas.
La evidencia útil en los próximos informes es concreta: qué parte de las carteras se convierte en ingresos reconocidos cada trimestre, si los márgenes de la nube resisten la llegada de la depreciación y si el flujo operativo crece más rápido que la inversión, sumando en el caso de Microsoft los compromisos por arrendamientos operativos.
Ni la existencia de una burbuja ni la rentabilidad de la apuesta están demostradas, y la respuesta dependerá de esa conversión trimestre a trimestre.
