China pidió a Estados Unidos detener la ampliación de los controles sobre inversiones estadounidenses en tecnologías sensibles vinculadas al país asiático.
El Ministerio de Comercio chino expresó el sábado 24 de octubre su oposición a una propuesta del Departamento del Tesoro que abarcaría nuevas actividades, al considerar que interfiere en la cooperación económica entre empresas de ambos países. Según Reuters, Pekín también se reservó el derecho de adoptar medidas de respuesta, aunque no precisó cuáles serían.
El desacuerdo se produce en una etapa en la que Washington busca vigilar con mayor detalle hacia dónde se dirige el capital de sus ciudadanos y compañías.
El mecanismo ya cubre determinadas operaciones relacionadas con semiconductores, tecnologías cuánticas e inteligencia artificial. El cambio ahora planteado ampliaría su alcance, pero todavía no constituye una norma definitiva: debe atravesar una consulta pública antes de que se establezcan las reglas finales.
Qué cambiaría en las inversiones de Estados Unidos
El Tesoro estadounidense presentó el 22 de octubre una propuesta para aplicar una ley aprobada por el Congreso a fines de 2025. El texto prevé que ciertas transacciones deban notificarse a las autoridades y que otras queden prohibidas cuando involucren tecnologías consideradas estratégicas y entidades cubiertas por el programa. No se trata, por lo tanto, de una prohibición general a toda inversión en China.
A las áreas ya vigiladas se sumarían la computación de alto rendimiento, los sistemas hipersónicos y la biotecnología, entre otras especificaciones técnicas.
Washington sostiene que pretende impedir que capital estadounidense contribuya al desarrollo de capacidades militares, de vigilancia o de inteligencia de países considerados adversarios. Las condiciones concretas, las excepciones y los criterios para identificar operaciones alcanzadas forman parte de la discusión regulatoria y pueden cambiar tras recibir comentarios.
Pekín denuncia un trato discriminatorio
En el comunicado, Pekín calificó la iniciativa como una expansión discriminatoria de las restricciones a la inversión. Afirmó que usar de manera amplia el argumento de seguridad nacional dañaría el intercambio empresarial, afectaría a compañías estadounidenses y alteraría las relaciones económicas bilaterales. También sostuvo que el proyecto contradice entendimientos alcanzados entre los presidentes de ambos países.
La respuesta oficial fue firme en el plano diplomático, pero evitó anunciar represalias específicas. Esa diferencia importa: reservarse el derecho a actuar no equivale a poner en marcha sanciones, límites comerciales o nuevas barreras de inversión. Por ahora, la disputa se concentra en una propuesta estadounidense y en la oposición pública de China a su posible aprobación.
Un proceso abierto con impacto para las empresas
Para las empresas que financian proyectos tecnológicos internacionales, la incertidumbre está en determinar qué operaciones quedarían sujetas a aviso previo y cuáles resultarían inviables.
Los sectores incluidos reúnen actividades muy diferentes, desde investigación biomédica hasta infraestructura de cómputo, de modo que la redacción final será decisiva para medir el alcance real de los controles. También influirá la forma en que se definan las entidades afectadas y las excepciones.
El Departamento del Tesoro abrió el proceso de comentarios y prevé publicar posteriormente una regla final con su fecha de entrada en vigor. Hasta ese momento seguirán aplicándose las obligaciones existentes, mientras inversores y compañías evalúan el borrador y presentan observaciones.
La reacción de Pekín eleva la tensión política alrededor del trámite, pero el desenlace dependerá tanto del texto definitivo de Washington como de cualquier respuesta concreta que China decida comunicar.
