El mapa que explica cómo un banco puede adoptar Blockchain en solo tres etapas

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El dinero, como la energía eléctrica, muchas veces no falla por falta de potencia sino por falta de conexión. Con esa idea abrió NTT DATA su ponencia en el Blockchain Summit Latam Chile 2026: en 2017, el sistema eléctrico chileno operaba como dos redes separadas que funcionaban bien por su cuenta pero no llevaban la energía del norte al centro, y la solución no fue generar más megavatios, sino interconectar lo que ya existía en un único sistema.

El dinero atraviesa hoy un problema parecido: no le falta tecnología, le falta interconexión. La liquidación transfronteriza aún depende de reconciliaciones manuales y días de espera, y la industria gasta cada año entre 25.000 y 35.000 millones de dólares en compensación y postrade, un costo que existe porque las piezas del sistema siguen desconectadas.

Juan José Miranda de NTT DATA en BSL 2026. Fuente: CriptoTendencia

Durante años, los bancos se preguntaban si blockchain valía la pena. Esa discusión ya casi terminó: la liquidación atómica en tiempo real opera en producción, gestoras como BlackRock y Franklin Templeton ya operan fondos tokenizados, y protocolos como Aave o Morpho mueven miles de millones auditables en tiempo real.

La pregunta cambió: ya no es si conviene, sino cuál es el camino para hacerlo sin arriesgar la operación. Y la respuesta empieza por no apagar nada: la imagen que ordena la estrategia es la higuera estranguladora, que crece alrededor del árbol huésped hasta sostenerse por sí sola; con el tiempo, el huésped desaparece y la nueva estructura queda en pie.

Un componente lateral se instala junto al core -ese sistema que suele llevar treinta años funcionando- y le absorbe funciones de a una, con opción de revertir cada paso. Sobre esa lógica, NTT DATA ordenó la adopción en tres horizontes.

El primer horizonte: cimientos que no se ven

El primer horizonte cubre los próximos doce meses y, deliberadamente, no busca titulares: prepara el terreno atacando lo que ya es un problema aunque nadie lo note.

La prioridad es un inventario criptográfico completo -qué algoritmos, certificados y llaves usa cada servidor- como punto de partida de la migración hacia criptografía poscuántica. En paralelo, la IA generativa se aplica al legacy para descubrir y documentar las reglas de negocio enterradas durante décadas en un core que casi nadie entiende ya, porque el mayor costo de modernizar no es escribir código nuevo, sino comprender el sistema viejo.

A eso se suman dos frentes de negocio. Uno es preparar la arquitectura de custodia institucional de activos digitales antes de que llegue la regulación específica, algo que en Chile se anticipa pese a que hoy una norma de carácter general pide a los bancos abstenerse de custodiar criptoactivos.

El otro es montar rieles de tesorería y pagos para el comercio exterior, la oportunidad más concreta para un país exportador: un cobro tradicional a un comprador extranjero pasa por múltiples intermediarios, tarda dos o tres días y cuesta entre 3% y 7% en comisiones; con stablecoins puede resolverse en segundos. Comprimir el ciclo de liquidación del capital atrapado entre el embarque y el cobro no es solo eficiencia: es margen.

El segundo horizonte: cuando el banco empieza a tokenizar

Entre uno y tres años, la estrategia se vuelve productiva: es la fase de la tokenización de activos reales y fondos, del DeFi institucional y de nuevos modelos operativos, y exige capacidades que antes no existían.

Ya no basta con planear la custodia: hay que operarla, propia o delegada en un custodio regulado, con computación multiparte para el manejo seguro de las llaves.

Aparecen las bóvedas de gestión de riesgos, auditadas por firmas expertas, que permiten rendimientos que en DeFi pueden ir del 7% al 25%, una competencia directa que explica el recelo de la banca estadounidense a que las stablecoins paguen intereses.

Y cambia la operación: el acceso ya no se hace con billeteras sueltas, sino a través de los sistemas de identidad corporativos, con aprobación multifirma y una consola única que abstrae la complejidad multicadena, para que interactuar con DeFi tenga el mismo control y gobierno que cualquier otra aplicación del banco.

El tercer horizonte: la infraestructura que termina sosteniéndose sola

El tercer horizonte es la visión de largo plazo, cuando el componente lateral pasa a sostener la infraestructura por sí mismo. Allí conviven contratos inteligentes sobre cadenas públicas y privadas y una capa de interoperabilidad común que evita multiplicar conexiones entre cada par de entidades.

Sobre esa base madura la economía agéntica, la apuesta más audaz de la hoja de ruta: agentes de software que representan a personas, con su propio dinero o stablecoins, capaces de pagar de máquina a máquina sin intervención humana, mediante estándares que aún se asientan -como x402, que usa el código HTTP 402 para micropagos- y pruebas de conocimiento cero que verifican una operación sin revelar sus datos. Es también donde la tecnología se adelanta a la ley: un agente que paga no firma un contrato ni pasa por una sucursal, y aún no hay respuesta sobre quién responde por esa transacción.

Nada de esto está libre de zonas grises: la liquidez sigue fragmentada en cadenas unidas por puentes que son superficies de ataque, y el reloj cuántico avanza.

En cinco a diez años, una máquina suficientemente grande podría romper la criptografía que hoy usan por igual bancos y blockchains, y la amenaza ya opera como «cosechar hoy, descifrar mañana»: por eso el inventario criptográfico del primer año no es un lujo, sino un seguro.

El verdadero riesgo de la próxima década

La conclusión no es que blockchain vaya a crecer, porque eso ya ocurre, sino algo más incómodo. Una hoja de ruta por horizontes reconoce que ninguna institución llegará al mismo tiempo ni por el mismo camino: cada banco puede avanzar a su ritmo, envolviendo su core sin apagarlo.

Pero en un terreno donde la convergencia entre las finanzas tradicionales y las descentralizadas ya es un hecho, el mayor riesgo de la próxima década no será elegir mal la cadena ni moverse antes de tiempo, sino llegar a ese futuro sin una estrategia para habitarlo.

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