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Espacio patrocinado«Compramos Bitcoin para siempre». Esa fue la promesa que decenas de empresas cotizadas repitieron en 2024 y 2025 al llenar sus balances de BTC. Hoy, con el precio a la mitad de su máximo, varias de esas mismas compañías están vendiendo. Vale la pena preguntarse en qué quedó aquella promesa.
Lo que se prometió
Strategy inauguró el modelo de tesorería en activos digitales en 2020 y arrastró tras de sí a una ola de imitadores cotizados que gastaron su caja y se endeudaron para comprar Bitcoin, mientras el precio escalaba hacia su récord cercano a los 126.000 dólares en octubre de 2025.
El relato que se vendió a los inversores era nítido: un grupo de corporaciones dispuestas a comprar y retener de forma estructural, manos firmes que absorberían oferta y pondrían un piso bajo el mercado. La tesorería en Bitcoin dejaba de ser una apuesta especulativa para presentarse como una convicción de balance a prueba de ciclos.
Lo que pasó
El ciclo llegó, y con él la prueba. Desde aquel máximo de octubre, Bitcoin retrocedió cerca del 50%, hundió las cotizaciones de estas empresas y obligó a muchas a replantear su estrategia de acumulación.
La lista de quienes pasaron de comprar a vender es larga y concreta. Satsuma Technology aprobó liquidar la totalidad de sus 668 BTC y salir de la Bolsa de Londres, Smarter Web Company vendió 178 BTC para cancelar un instrumento convertible, y Sequans Communications se deshizo de 1.025 BTC y luego de casi el 80% de lo que le quedaba, descartó nuevas compras y anunció que monetizará los 658 BTC restantes.
Los casos más frágiles combinan deuda y desplome bursátil. Nakamoto, cuya acción cayó 99% desde su fusión SPAC de mayo de 2025, vendió unos 284 BTC para levantar 20 millones de dólares de capital de trabajo, y mantiene cerca del 70% de sus 5.342 BTC restantes comprometidos contra un préstamo de Kraken que vence en diciembre.
Genius Group fue más lejos y cerró del todo su tesorería, liquidando sus últimos 84 BTC para pagar 8,5 millones de dólares de deuda.
El fenómeno también alcanzó a las mineras. MARA y Bitdeer venden Bitcoin para recomprar o repagar deuda y reconvertir su energía y su cómputo hacia centros de datos de inteligencia artificial, mientras Empery Digital se desprendió de casi la mitad de su Bitcoin para financiar recompras y amortizar pasivos.
Ni siquiera el pionero quedó al margen. Strategy vendió unos 3.620 BTC en las últimas semanas y autorizó ventas adicionales para reforzar sus reservas en dólares, aunque sigue siendo el mayor tenedor cotizado, con más de 840.000 BTC.
La brecha
Aquí está lo que los titulares de pánico se pierden. En el agregado, la tesis no se derrumbó: las empresas de tesorería sumaron 110.000 BTC durante el segundo trimestre de 2026, casi el doble de lo comprado en el trimestre anterior, con Strategy liderando con 85.000 BTC.
La línea que separó a los vendedores forzados de los que aguantaron no fue la convicción declarada, sino la estructura de capital. Quienes construyeron su posición con deuda y convertibles se vieron empujados a vender justo cuando el precio caía y el instrumento vencía, mientras quienes tenían balance y una tesis real de reserva pudieron sostener.
La promesa de «holder permanente» resultó ser, en muchos casos, una promesa condicionada a que el precio nunca bajara. Y el precio bajó.
El veredicto de CriptoTendencia: A medias
La versión fuerte del relato -manos de diamante corporativas, una demanda estructural que nunca se retira- falló en todos los balances apalancados. La versión mínima -que algunas corporaciones serias tratarían el Bitcoin como reserva de largo plazo- sobrevivió donde había caja y no deuda de terceros.
La tesorería en Bitcoin no era una religión, era un producto financiero, y como todo producto apalancado mostró su verdadero riesgo en el primer mercado bajista que enfrentó a escala.
Qué mirar ahora
Tres señales dirán si esto es una purga saludable o el principio del fin del modelo. La primera es el descuento de estas acciones frente al valor de su Bitcoin, que es el gatillo de las próximas ventas forzadas.
La segunda es el tramo de deuda de Nakamoto que vence en diciembre de 2026 -parte de un préstamo con Kraken que la empresa ya refinanció en junio y extendió en su mayoría hasta 2027-, un recordatorio de que el apalancamiento no desaparece, solo se posterga.
La prueba de fuego de cualquier tenedor de largo plazo es un ciclo bajista, y este es el primero que el modelo atraviesa de verdad.
