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Espacio patrocinadoPor tercer año consecutivo, la Bolsa de Tokio (TSE) cerrará con un número récord de empresas que abandonan la cotización, en un proceso que combina retiradas voluntarias con un endurecimiento deliberado de las reglas del parqué.
Hasta el viernes, 128 compañías ya se habían excluido o tenían fecha para hacerlo en 2026, por encima de las 125 de todo 2025, y la cifra probablemente crezca: otras 29 figuran bajo supervisión, con posibilidad de ser expulsadas.
Fondos, activistas y el atractivo de lo privado
Cerca de una quinta parte de las que se retiran -28 empresas- buscó el respaldo de fondos de inversión, cuyos recursos permiten simplificar estructuras accionariales enredadas y ganar agilidad para decidir, incluida la reestructuración. Detrás de muchos de estos movimientos hay accionistas activistas que presionan a las direcciones para mejorar la gestión.
El fondo europeo EQT compró al fabricante de ascensores Fujitec, mientras que la imprenta online Raksul optó por una compra apalancada liderada por su propio equipo directivo y patrocinada por Goldman Sachs; tras la operación, la cúpula de Raksul concentra la mitad de los derechos de voto y apunta a crecer en áreas como las finanzas.
Algunas startups también eligen el camino privado. Mamezo, que se alió con EQT, había debutado en el mercado Growth de la TSE apenas en junio de 2024 y, pese a unos resultados sólidos, prefirió salir de bolsa para invertir con audacia en inteligencia artificial sin la vara de los resultados a corto plazo.
Reglas más exigentes y una criba deliberada
A esa presión de mercado se suma un factor regulatorio. La reorganización de la TSE en abril de 2022, que fusionó cuatro divisiones en tres y elevó los umbrales de capitalización, dejó un período de transición que ahora expira: diez compañías que no cumplen los criterios saldrán el 1 de octubre, y se esperan más en 2027.
La lógica de fondo es de calidad sobre cantidad. Durante años, muchas empresas corrieron a cotizar mientras crecían -para que sus primeros inversores rentabilizaran la salida a bolsa- y luego se estancaron, y la TSE quiere frenar ese patrón obligando a marcharse a las pequeñas que siguen siendo pequeñas.
Menos cotizadas y fuga a las bolsas regionales
El recuento refleja el giro. A cierre de agosto, la TSE sumaba 3.705 cotizadas -sin contar el mercado Pro para profesionales-, frente a las 3.782 de finales de 2025; es un 4% menos que el pico de finales de 2023 y la cifra más baja en siete años. Las salidas a bolsa tampoco compensan, con apenas 22 OPV en los primeros ocho meses del año.
Parte de las expulsadas encuentra refugio en las bolsas regionales, de requisitos más laxos: Nagoya, Fukuoka y Sapporo sumaron 47 nuevas cotizadas en 2025, frente a apenas tres en 2020, y este año ya acumulan 21 hasta agosto.
El valor se queda en manos privadas
La TSE, que en su día compitió con la antigua Bolsa de Osaka por atraer emisores, hoy prioriza la reforma corporativa. Hiromi Yamaji, consejero delegado de Japan Exchange Group -la matriz del mercado-, ha restado importancia al número de cotizadas.
La tendencia desborda a Japón. Las cotizadas en Nueva York y el Nasdaq se han reducido a la mitad en tres décadas, hasta rondar las 3.900 a cierre de 2025, mientras muchas compañías siguen creciendo sin pasar por bolsa. El caso extremo lo puso SpaceX, con la mayor salida a bolsa de la historia y una valoración de 1,7 billones de dólares.
El valor migra hacia manos privadas -fondos, compras apalancadas, capital paciente- mientras las bolsas tradicionales se vuelven más selectivas con quién merece un lugar en el escaparate.
