El criterio no se automatiza

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✈️ Bienvenido a First Class. En una época en la que escribir se volvió gratis, esto se escribió con criterio. Si le dedicás unos minutos, mi compromiso es que los sientas bien invertidos.

En menos de tres años, escribir dejó de ser una habilidad escasa. Cualquiera produce hoy mil palabras impecables en el tiempo que tarda en pedir un café, y el resultado casi siempre suena bien: frases pulidas, transiciones correctas, un vocabulario que imita con soltura al de la competencia. El inconveniente es que, con demasiada frecuencia, no dice nada.

El mercado del contenido se ha partido en dos, y el corte es cada vez más nítido. En un extremo se acumula el texto barato, fabricado en serie, que existe para rellenar una página y capturar una búsqueda; en el otro, cada vez más escaso, el texto que alguien se tomó el trabajo de pensar. El medio -ese oficio competente pero anónimo que durante años pagó las facturas de miles de redactores- se está vaciando sin que casi nadie lo note.

El falso culpable

Resulta tentador señalar a la máquina, y sería un error cómodo. La inteligencia artificial no inventó el contenido vacío: mucho antes de que existiera ya circulaban las reseñas genéricas, las comparativas de exchanges calcadas de un sitio a otro y el SEO fino que se escribía para el algoritmo y no para el lector. Lo que la tecnología cambió no fue la naturaleza del problema, sino su escala.

Se los reconoce por sus muletillas -«ecosistema disruptivo», «potencial ilimitado», «rendimientos atractivos», «tecnología revolucionaria»- y por su costumbre de sonar a algo sin llegar a serlo nunca.

El texto se degrada cuando se produce sin conocimiento real, sin haber probado aquello de lo que se habla, sin una opinión que defender y sin un estándar editorial que lo sostenga. Una herramienta que multiplica la velocidad multiplica, con la misma eficiencia, esa ausencia.

Por qué en las finanzas el criterio todavía paga

Hay un terreno donde esta distinción deja de ser una cuestión de gusto y se vuelve económica. En los temas que tocan el dinero o la salud de una persona, los buscadores han sido notablemente más prudentes a la hora de ofrecer respuestas automáticas, conscientes de que un error allí se paga caro; y la evidencia que maneja el propio sector apunta a que el contenido con firma humana conserva una ventaja considerable para alcanzar los primeros lugares.

No se trata de una preferencia moral disfrazada de argumento, sino de una lectura fría de dónde está dispuesto el mercado a pagar. En cripto, donde una decisión mal informada cuesta dinero real y no un mal rato, el lector serio no busca una descripción correcta de cómo funciona un activo: busca saber si la tesis se sostiene, qué riesgo no le están contando y de quién conviene desconfiar.

Lo digo desde una redacción que conoce de cerca lo que la inteligencia artificial puede y no puede hacer, porque la incorpora a su trabajo como una herramienta más. No somos nostálgicos que reniegan de ella ni pretendemos ignorarla; la conocemos lo suficiente como para tener clara su frontera: sin una tesis humana por encima, la máquina no produce nada que merezca el tiempo de nadie.

El activo que no se abarata

Hace unas semanas escribí que el activo más escaso de este siglo ya no es el dinero, sino la atención. Su reverso, el que sostiene todo lo demás, es el criterio: la capacidad de decidir qué merece decirse, qué afirmación se aguanta y qué es apenas ruido bien vestido.

La inteligencia artificial abarató casi todos los eslabones de la cadena del contenido, y era previsible que así fuera; lo que no logró abaratar, ni parece cerca de conseguirlo, es esa capacidad de discernir.

Circula entre los redactores una frase que se ha vuelto casi un lema: si no sos capaz de acertar sin pedirle a una IA una segunda opinión, ¿sos tan buen escritor como decís ser? La versión que me interesa es la inversa, y bastante más incómoda para quien produce a destajo: si tu inteligencia artificial no necesita ninguna mano humana por encima, es que no tenías ninguna tesis propia que aportar.

Nuestro compromiso con quien nos lee no es escribir más rápido que la máquina, una carrera que además no tiene sentido correr. Es tener algo que la máquina, por sí sola, nunca va a tener para decir.

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Andres Tejero
Andres Tejero
Analista de mercados financieros y entusiasta de las criptomonedas. CEO Fundador de CriptoTendencia.com

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