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Espacio patrocinadoCada vez que una categoría financiera crece rápido, el sector se divide entre quienes anuncian una revolución y quienes anuncian una burbuja. Con los mercados de predicción está ocurriendo exactamente eso, y creo que ambas posiciones se equivocan por la misma razón: tratan como un solo fenómeno lo que en realidad son dos negocios distintos operando bajo un mismo nombre.
Hay una capa de infraestructura de información que están comprando algunas de las instituciones financieras más conservadoras del mundo, y hay una capa de volumen de entretenimiento que sube y baja con el calendario deportivo. Confundirlas es el error de análisis más común del momento, y el Mundial acaba de darnos la evidencia para separarlas.
Lo que el Mundial demostró y lo que ocultó
Los números del torneo fueron extraordinarios. Según el panel de datos de The Block, Kalshi, Polymarket y Polymarket US registraron 44.800 millones de dólares de volumen mensual combinado en junio, un salto del 75% frente a los 25.660 millones de mayo, con Kalshi creciendo 87,4% hasta los 31.500 millones.
Lo que vino después importa más. En la semana que cerró el 19 de julio, con la final ya jugada, el volumen deportivo semanal de Kalshi había caído cerca del 55% desde su pico de unos 9.000 millones, mientras el de Polymarket retrocedía casi 70%, de 2.300 millones a 740 millones.
El interés abierto combinado de ambas plataformas cedió alrededor del 20% desde su máximo cercano a los 2.000 millones alcanzado a comienzos de julio.
El dato que ordena todo lo anterior es que, durante el torneo, los deportes representaron cerca del 80% del volumen total de ambas plataformas. Lo que vimos, entonces, no fue la consolidación de una nueva clase de activo, sino una infraestructura de apuestas con mejor tecnología y mejores precios capturando el evento deportivo más grande del planeta.
El dinero institucional no compró volumen, compró datos
Mientras eso ocurría en la superficie, algo distinto se movía debajo. En octubre de 2025, Intercontinental Exchange, propietaria de la Bolsa de Nueva York, anunció una inversión de hasta 2.000 millones de dólares en Polymarket sobre una valoración previa cercana a los 8.000 millones, y cerró el tramo final de 600 millones el 27 de marzo de este año.
La estructura del acuerdo revela la tesis. ICE no compró una participación en el volumen de apuestas: se convirtió en distribuidor global de los datos de eventos de Polymarket, y en febrero lanzó una herramienta que normaliza esas probabilidades y las entrega a inversores profesionales e institucionales como señal de mercado, con exclusividad para el segmento de mercados de capitales.
Jeffrey Sprecher, su máximo ejecutivo, declaró que más de la mitad de los diez mil clientes institucionales de ICE -gente acostumbrada a operar petróleo, gas y cacao- manifestó interés en acceder a esos datos para evaluar cómo afectan sus posiciones actuales y futuras. Eso no es entusiasmo por una moda, sino la incorporación de una fuente de información nueva a los procesos de decisión de quienes mueven el capital serio del mundo.
La variable que decide el ritmo
Queda el frente regulatorio, que a mi juicio define la velocidad más que el destino. La CFTC emitió el 10 de junio una regla propuesta sobre qué tipos de contratos de eventos pueden listarse en los mercados registrados ante ella, después de que en abril demandara junto al Departamento de Justicia a Arizona, Connecticut e Illinois en defensa de su jurisdicción exclusiva.
En sentido contrario, más de 30 estados han presentado escritos reivindicando su autoridad regulatoria, y en marzo se introdujo un proyecto de ley que reclasificaría los contratos deportivos como juego, fuera del alcance de la CFTC.
Esa disputa determinará el tamaño y la forma de la capa de entretenimiento, pero apenas roza a la otra. Una probabilidad implícita sobre una decisión de tasas o sobre un resultado electoral no depende de que un estado autorice o prohíba apostar a un partido de béisbol.
Mi respuesta al interrogante es, por lo tanto, doble, y creo que es la única que permiten los datos. La capa de volumen deportivo es cíclica, se contraerá cada vez que el calendario se enfríe y competirá de igual a igual con las casas de apuestas tradicionales.
La capa de información llegó para quedarse, porque ya no depende de la novedad sino de algo verificable: que un precio agregue la expectativa colectiva mejor que una encuesta.
Quien invierta, construya o cubra este sector debería dejar de preguntarse si los mercados de predicción van a sobrevivir. La pregunta útil es cuál de las dos capas está mirando.
