Japón busca contrarrestar el dominio de China en el mercado de tierras raras con un arriesgado proyecto

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Las autoridades de Japón están decididas a romper la dependencia del mercado de tierras raras con respecto a China. Para ello, impulsan un ambicioso y arriesgado proyecto de explotación submarina destinado a extraer estos elementos estratégicos. De tener éxito, la iniciativa podría marcar un punto de inflexión con profundas implicaciones para el sector tecnológico global.

Como es bien sabido, el conjunto de elementos agrupados bajo la categoría de tierras raras resulta indispensable para la fabricación de componentes clave. Sectores neurálgicos como la fibra óptica, las pantallas LED, los discos duros, los vehículos eléctricos, las baterías, las energías limpias y los equipos de resonancia magnética dependen de manera directa de estos materiales.

Incluso los aviones de combate estadounidenses requieren tierras raras para su construcción. En total, se trata de 17 elementos químicos sobre los cuales China ejerce un dominio cercano al monopolio. Esta posición hegemónica se ha convertido en una seria preocupación de seguridad nacional para Estados Unidos y para buena parte de las economías occidentales.

El principal temor radica en que China utilice su control del mercado de tierras raras como una herramienta de presión política. Bajo este contexto surge el proyecto japonés de extracción en aguas profundas, una iniciativa ambiciosa y costosa, que además despierta inquietudes por su potencial impacto ambiental, considerando los antecedentes contaminantes de esta industria en superficie.

Japón busca desprenderse de la dependencia frente a China en tierras raras con un proyecto de alto riesgo medioambiental.
Japón busca desprenderse de la dependencia frente a China en tierras raras con un proyecto de alto riesgo medioambiental. Fuente: Nikkei/Guardia Costera de Japón.

Los planes de Japón para romper el monopolio de China en el mercado de tierras raras

Este lunes, un buque japonés dedicado a la investigación marina zarpó para iniciar esta controvertida misión, cuya duración estimada es de un mes. El período será utilizado como fase de prueba para la extracción de lodo del fondo del océano Pacífico, el cual presuntamente contiene concentraciones relevantes de tierras raras.

Según Nikkei Asia, la operación se realizará a unos 6.000 metros de profundidad, en las cercanías de la remota isla de Minamitorishima.

El proyecto se enmarca dentro del Programa Interministerial de Promoción de Innovación Estratégica (SIP), impulsado por el gobierno japonés. El objetivo central es construir resiliencia a largo plazo en un sector ampliamente dominado por Pekín. El temor a que China ejerza coerción económica a partir de su posición dominante fue el principal catalizador de esta iniciativa.

De acuerdo con la información citada, China controla aproximadamente el 70% del mercado global de tierras raras. Japón, por su parte, importa cerca del 63% de estos materiales desde su rival geopolítico, una dependencia que las autoridades consideran una vulnerabilidad estratégica con potenciales consecuencias futuras.

Según el SIP y la Agencia Japonesa para la Ciencia y Tecnología Marina y Terrestre, el proyecto tiene un carácter histórico. «Es el primer paso hacia la industrialización de tierras raras de origen nacional en nuestro país», señalaron las autoridades, de acuerdo con Nikkei.

Impacto medioambiental de esta iniciativa

A pesar de su relevancia tecnológica y estratégica, el proyecto podría generar consecuencias medioambientales significativas. La extracción de lodo desde zonas abisales, a profundidades cercanas a los 6.000 metros, implica riesgos elevados para ecosistemas prácticamente vírgenes.

Entre los principales impactos se encuentran los daños al hábitat bentónico. Las máquinas de succión destruyen físicamente los organismos que habitan el fondo marino, conocidos como fauna bentónica, compuesta por poliquetos, moluscos y microorganismos fundamentales para el ciclo de nutrientes.

El problema se agrava debido a que los procesos de regeneración en aguas profundas son extremadamente lentos, como consecuencia de la ausencia de luz solar. En este contexto, una alteración como la remoción de lodo podría tardar décadas o incluso siglos en revertirse.

No obstante, uno de los riesgos más críticos está asociado a la turbidez generada durante la extracción. La remoción del sedimento produce nubes que pueden desplazarse varios kilómetros, provocando asfixia y toxicidad en numerosas especies marinas.

Las consecuencias potenciales también alcanzan al ciclo del carbono y al equilibrio climático, considerando que algunos de los mayores depósitos de carbono del planeta se encuentran precisamente en el lecho marino.

Alejandro Gil
Alejandro Gil
Alejandro es periodista especializado en la cobertura del mundo financiero.

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