Las encuestas a pie de urna difundidas tras las elecciones legislativas en Israel dejaron una ventaja para la oposición, pero ningún ganador con capacidad inmediata de gobernar. Los sondeos sitúan al bloque del primer ministro Benjamin Netanyahu en unos 50 escaños, al liderado por Gadi Eisenkot entre 52 y 53, y a los partidos árabes entre 17 y 18, según la cobertura de CNBC.
La Knéset tiene 120 miembros y una mayoría exige 61 apoyos. Por eso, las cifras sugieren un retroceso para la coalición de Netanyahu, que obtuvo 64 bancas en 2022, sin resolver quién podría reunir los votos necesarios para formar el próximo Ejecutivo. Se trata de estimaciones iniciales: el reparto definitivo dependerá del escrutinio oficial.
Una mayoría que depende de las negociaciones
La oposición encabezada por Eisenkot supera al bloque gobernante en las proyecciones, pero tampoco llega sola al umbral parlamentario. Una vía sería obtener apoyo de partidos árabes, ya sea dentro de una coalición o desde fuera de un gobierno minoritario; esa posibilidad, sin embargo, encuentra resistencias entre fuerzas que podrían acompañarlo.
Los partidos árabes aparecen con más escaños que en la legislatura saliente y podrían convertirse en actores decisivos. Su peso no significa que exista un pacto, porque las diferencias políticas entre las agrupaciones son profundas y no se ha anunciado un pacto entre ellas. También Netanyahu puede intentar atraer aliados o esperar que el recuento cambie el equilibrio estimado por los sondeos.
Una vez conocidos los resultados, el presidente israelí consultará a los partidos y encargará formar gobierno al dirigente que considere con mejores posibilidades de lograr una mayoría. El procedimiento puede prolongarse durante semanas: si nadie consigue los apoyos necesarios, Israel podría volver a las urnas, como ya ocurrió repetidamente entre 2019 y 2022.
Una votación marcada por guerra y divisiones internas
Fue la primera elección nacional desde los ataques de Hamás del 7 de octubre de 2023 y la guerra en Gaza que siguió, además de otros conflictos regionales. La campaña concentró debates sobre seguridad, responsabilidad política y el futuro de las instituciones, cuestiones que dividían al país incluso antes de la jornada electoral.
La incorporación de hombres ultraortodoxos al servicio militar y la independencia del Poder Judicial también estuvieron en discusión. Eisenkot, exjefe del Estado Mayor, presentó la votación como una oportunidad de reemplazar a Netanyahu; el primer ministro y sus aliados defendieron su experiencia en seguridad. Esas posiciones ayudan a entender por qué una suma aritmética de escaños no se transforma automáticamente en una alianza estable.
Los sondeos todavía pueden cambiar
Las proyecciones difundidas por las cadenas israelíes ofrecen una fotografía del voto al cierre de las urnas, no un resultado certificado. Un movimiento de pocos escaños durante el conteo podría alterar la fuerza relativa de los bloques y las opciones de negociación, en especial si afecta a partidos pequeños cercanos al umbral de representación.
Por ahora, el dato central es la ausencia de una mayoría clara. La identidad del próximo primer ministro dependerá tanto del resultado oficial como de los acuerdos posteriores; hasta entonces, ni la ventaja proyectada de la oposición ni el hecho de que el Likud pueda ser el partido individual más votado permiten declarar una victoria definitiva.
