Anthropic presentó este lunes ante la Comisión de Bolsa y Valores de EE.UU. (SEC) el prospecto público de su oferta pública inicial (OPI), con el que formaliza su plan de cotizar en el Nasdaq Global Select Market bajo el ticker «ANT».
La empresa detrás de Claude, fundada en 2021 por Dario Amodei y un grupo de investigadores que salieron de OpenAI, había entregado una versión confidencial en junio para que el regulador revisara sus cuentas antes de abrirlas a los inversores.
Goldman Sachs encabeza la colocación como coordinador principal, con Morgan Stanley a su lado y una veintena de bancos en el sindicato, entre ellos JPMorgan, Citigroup, Barclays y Bank of America.
El documento todavía deja en blanco el rango de precio y el número de acciones, y prevé tramos de oferta en Australia, Canadá, Japón, Suiza, el Reino Unido y varios países del Espacio Económico Europeo, aunque las acciones solo cotizarán en Nueva York.
Ingresos que se multiplican por catorce
Las cuentas confirman la magnitud del salto. Anthropic facturó 16.286 millones de dólares en el primer semestre de 2026, frente a 1.163 millones un año antes, con un crecimiento interanual del 1.368% en el segundo trimestre mientras el gasto en cómputo e infraestructura avanzaba un 300%.
El motor es la adopción empresarial, impulsada sobre todo por Claude Code. A 30 de septiembre, la compañía contaba con más de 1.900 clientes que le pagan más de un millón de dólares al año y unos 250 que superan los 10 millones.
El prospecto deja en blanco la cifra del tercer trimestre, aunque la empresa ya comunicó a potenciales inversores unos ingresos de 16.800 millones en ese periodo, según fuentes citadas por CNBC.
Una pérdida que crece con la valoración
La última línea cuenta otra historia, porque la pérdida neta del semestre asciende a 80.748 millones de dólares. De esa cifra, 72.388 millones corresponden al cambio en el valor razonable de notas convertibles, derivados y SAFE, un cargo contable sin salida de caja que, según el propio documento, responde sobre todo al aumento de la valoración de la empresa.
Cuanto más vale Anthropic, mayor es el pasivo que reconoce por esos instrumentos hasta que se conviertan en acciones con la salida a bolsa. El negocio operativo muestra otro perfil: la pérdida operativa se redujo a 693 millones en el semestre, frente a 2.135 millones un año antes, y en términos ajustados la empresa ya registra un beneficio operativo de 1.618 millones.
La partida que más pesa sigue siendo el cómputo, con 8.945 millones gastados en seis meses, casi cuatro veces más que un año antes. Para sostenerlo, Anthropic llega a la OPI con 131.651 millones en caja e inversiones a corto plazo.
Un control que no se compra en bolsa
Quien compre acciones de clase A tendrá una influencia limitada sobre la empresa. Anthropic es una corporación de beneficio público, y su Long-Term Benefit Trust, un fideicomiso independiente sin interés económico, elegirá a la mayoría del consejo. Por su parte, una sociedad integrada por los siete cofundadores recibirá una acción especial con el 50,1% del poder de voto.
Un mercado con los nervios a flor de piel
La OPI llega en un momento delicado para el negocio de la IA. Las neoclouds como CoreWeave y Nebius han perdido más de un 30% de su valor en octubre por el aumento del riesgo de crédito en los centros de datos. SpaceX, que recaudó 85.700 millones en junio en la mayor salida a bolsa registrada, cerró la semana pasada ligeramente por debajo de su precio de apertura.
El prospecto reconoce que depender de unos pocos proveedores de nube, que a la vez son inversores, clientes y competidores, puede generar conflictos de interés y limitar su acceso a cómputo, y que una parte sustancial de sus ingresos procede de un número reducido de clientes y canales. A eso se suma el precio: algunos inversores ya barajan una valoración cercana a 1,5 billones de dólares, por debajo de los 2 billones que se han mencionado como objetivo, según Reuters.
Con la ronda de presentaciones a inversores prevista para noviembre, el mercado tendrá que decidir cuánto paga por una empresa que crece como pocas en la historia y que, por diseño, no cederá el control a sus accionistas.
