Durante décadas, decir «capital del juego» fue decir Las Vegas. El desierto de Nevada puso el decorado y Hollywood hizo el resto, con hoteles convertidos en escenarios de película, artistas que llenaban salones cada noche y un Strip de neón que el cine exportó a todo el planeta.
Mientras esa imagen se consolidaba, en la costa sur de China un enclave diminuto construía un negocio que terminaría superando al Strip en el terreno que de verdad mide a esta industria: el dinero que los casinos les ganan a los jugadores.
Un enclave portugués y el reinado de Stanley Ho
Macao estuvo bajo administración portuguesa durante más de cuatro siglos, y el juego formaba parte de su economía mucho antes de que existiera el Strip.
El gran salto llegó en 1962, cuando Stanley Ho, un empresario nacido en Hong Kong en 1921, ganó con sus socios los derechos del monopolio de casinos y los conservó durante cuatro décadas. Su empresa, la Sociedade de Turismo e Diversões de Macau (STDM), llegó a aportar más del 70% de la recaudación tributaria del territorio, y en 1971 inauguró el Hotel Lisboa, emblema del juego local durante generaciones.
El 20 de diciembre de 1999, Portugal transfirió la soberanía a China y Macao se convirtió en región administrativa especial, con sistema legal y económico propios bajo el principio de «un país, dos sistemas». Esa autonomía preservó una rareza decisiva, ya que Macao es el único lugar de China donde los casinos son legales.
2002, el año en que se rompió el monopolio
El monopolio de Ho expiró en 2002 y el gobierno adjudicó tres licencias nuevas, que mediante subconcesiones acabaron convertidas en seis operadores.
Las Vegas Sands, de Sheldon Adelson, abrió el Sands Macao en mayo de 2004, y su éxito impulsó un proyecto mucho más ambicioso en Cotai, una franja de tierra ganada al mar entre las islas de Taipa y Coloane, donde en 2007 abrió The Venetian Macao, mientras Wynn y MGM levantaban sus propios resorts.
El paisaje se transformó con torres hoteleras, centros comerciales y teatros que igualaban la escala del Strip. El sorpasso llegó en 2006, cuando los casinos de Macao ingresaron unos $6.950 millones frente a los $6.690 millones del Strip, que ese mismo año había marcado su propio récord.
Adelson llegó a bromear con que Las Vegas debería llamarse la Macao de América. Contando todo Las Vegas, fuera del Strip incluido, la ciudad estadounidense seguía ligeramente por delante, pero la distancia se amplió con rapidez hasta el máximo histórico de 2013, cuando Macao alcanzó 360.700 millones de patacas.
Una frontera y una mesa de bacará
La ventaja de Macao no se construye con cemento. Es la única puerta legal al casino para cientos de millones de chinos del continente, y Adelson lo resumió al admitir que Las Vegas no tiene a su alrededor una población tan dispuesta a jugar.
En 2025 Macao recibió un récord de 40,07 millones de visitantes, el 72,4% procedente de China continental, mientras Las Vegas cerró el año con unos 38,5 millones, un 7,5% menos que en 2024.
El otro pilar es el bacará, un juego de cartas sencillo y veloz, muy arraigado entre los jugadores asiáticos, que en 2025 generó el 85,1% de los ingresos del juego de Macao. En el Strip, el bacará aportó $1.400 millones, cerca del 16% del total.
La comparación se hace con los ingresos brutos del juego, que equivalen a lo que los casinos retienen de las apuestas tras pagar los premios, antes de impuestos y gastos, de modo que no son beneficios.
En 2025 Macao registró 247.400 millones de patacas, unos $30.900 millones. El Strip sumó $8.890 millones y todo Nevada, con más de 300 casinos, cerca de $15.800 millones, su quinto récord consecutivo. Macao más que triplica al Strip y casi duplica al estado entero. Las Vegas reparte su negocio entre habitaciones, restaurantes, convenciones y espectáculos, ingresos que no entran en esa cifra.
Del cierre pandémico a la apuesta por diversificar
La pandemia expuso el costo de esa dependencia. Con la política «cero COVID», los ingresos del juego de 2022 se hundieron hasta 42.200 millones de patacas, un 85,6% menos que en 2019 y el peor año desde 2004.
Las nuevas concesiones, vigentes desde 2023 por un máximo de diez años, obligaron a los seis operadores a destinar la mayor parte de sus inversiones a proyectos ajenos al juego. La reforma también puso fin a los llamados casinos satélite, salas gestionadas por terceros en hoteles ajenos que funcionaban bajo la licencia de los grandes operadores, y su cierre redujo el número de casinos de 42 en 2021 a 20 al cierre de 2025.
Conciertos, gastronomía, congresos y turismo cultural ganan espacio, y el gasto no relacionado con el juego creció un 17,4% en el primer semestre de 2026, hasta 44.470 millones de patacas. Aun así, el presupuesto de 2026 prevé que las concesiones aporten cerca del 80% de la recaudación tributaria.
Entre enero y septiembre, el juego generó 187.100 millones de patacas, un 3,2% más que un año antes y todavía un 15,1% por debajo de 2019, con cuatro meses seguidos de caídas interanuales tras el impacto del Mundial.
La corona de Macao no nació de casinos más grandes, sino de una frontera que lo convierte en la única puerta legal al juego para uno de los mayores mercados del planeta, de una decisión política que abrió el negocio, del capital estadounidense que la aprovechó y de una mesa de bacará que concentra casi todo el dinero.
Las Vegas aprendió hace tiempo a vivir de algo más que las fichas. La incógnita es si Macao logrará esa misma metamorfosis, en una industria donde el espectáculo gana terreno a la apuesta, sin perder el trono que le dio la geografía.
