El Personaje de la Semana: Steve Jobs, el genio que fue un jefe brutal y un padre ausente

Steve Jobs negó a su hija durante años, engañó a su socio Wozniak y fue un jefe brutal. El lado oscuro que la idolatría prefiere olvidar.

Las entregas anteriores mostraron al visionario y al estratega. Hoy toca la parte que la idolatría suele borrar, y que es imprescindible para que esta historia sea un retrato y no una estampita: Steve Jobs fue, durante buena parte de su vida, un hombre difícil, cruel con quienes lo rodeaban y despiadado hasta con su propia hija.

Su genialidad fue real, pero convivió con una falta de empatía que dejó heridas en casi todos los que se le acercaron.

Contarlo no busca derribar su figura, sino completarla. Porque la misma intensidad implacable que lo convirtió en uno de los mayores innovadores de la historia tuvo un costo humano concreto, pagado por sus empleados, sus socios y su familia.

La hija que negó durante años

El capítulo más doloroso de su vida privada empezó en 1978, cuando su novia de entonces, Chrisann Brennan, dio a luz a una niña, Lisa. Jobs, que entonces tenía veintitrés años y acababa de despegar con Apple, negó públicamente ser el padre, pese a que llamó a la computadora que desarrollaba «Lisa» en su honor, algo que en ese momento negó rotundamente.

Lo que siguió fue un abandono con todas las letras. Jobs llegó a declarar bajo juramento, en documentos judiciales, que era estéril e incapaz de tener hijos, mientras la madre y la niña vivían con dificultades económicas. Solo una prueba de paternidad ordenada por un tribunal lo obligó a reconocer lo que era evidente, y aun así, durante años, apenas pasó una pensión mínima, siendo ya multimillonario.

La historia tuvo una reconciliación tardía. Con el tiempo, Jobs reconoció a Lisa, la incorporó a su familia y, según la propia madre, se disculpó muchas veces por no haber asumido su responsabilidad cuando debía. Pero el daño de esos primeros años quedó, y la propia Lisa, ya adulta, escribiría un libro con numerosos episodios en los que su padre falló como tal. El reconocimiento llegó, pero tarde.

Un socio engañado y empleados maltratados

El trato con su entorno profesional mostró el mismo patrón desde temprano. El episodio más revelador ocurrió incluso antes de fundar Apple. Trabajando para la empresa de videojuegos Atari, a Jobs le encargaron diseñar el circuito del juego Breakout, y recurrió a su amigo Steve Wozniak para que hiciera el trabajo técnico, con el acuerdo de repartir el pago en partes iguales.

Atari le dio a Jobs una bonificación de 5.000 dólares por el trabajo, pero Jobs le dijo a Wozniak que solo les habían pagado 700, y le entregó la mitad de esa cifra falsa. Se quedó, en silencio, con la enorme diferencia, a costa del amigo sin el cual Apple jamás habría existido. Wozniak se enteraría del engaño muchos años después, leyéndolo en un libro, y confesó que le había dolido profundamente.

Ese episodio no fue una excepción, sino un anticipo. Ya al frente de Apple, Jobs se ganó una fama bien documentada de jefe tiránico: humillaba a empleados en público, despedía gente de forma brutal y dividía a quienes trabajaban con él entre un puñado al que respetaba y el resto, al que trataba con desprecio.

Incluso detalles menores, como su costumbre de estacionar habitualmente en los espacios reservados para personas con discapacidad, retrataban a alguien que sentía que las reglas no eran para él.

La zona gris financiera

Hubo también un costado turbio en lo estrictamente financiero, aunque menos conocido. En los años dos mil, Apple quedó envuelta en un escándalo por la manipulación retroactiva de la fecha de opciones sobre acciones, una práctica que infla artificialmente el beneficio de quien las recibe y que roza, o cruza, la ilegalidad. Interrogado por el regulador bursátil estadounidense, Jobs aseguró no haber tenido conocimiento de esas maniobras, pese a haber sido uno de los beneficiarios del esquema.

Conviene la precisión, porque aquí el rigor corta en los dos sentidos. Jobs nunca fue acusado formalmente ni condenado por ese caso, y la investigación no derivó en cargos contra él. Pero el episodio encaja con el resto del retrato: un hombre convencido de que su genialidad lo situaba por encima de las normas que regían para los demás, ya fueran las de un estacionamiento o las de la bolsa.

Nada de esto anula sus logros ni lo convierte en un villano, y tampoco se trata de eso. Muchos que lo conocieron coinciden en que, con los años, sobre todo tras su paso por NeXT y su regreso a Apple, Jobs maduró y aprendió a tratar mejor a la gente. Pero el retrato honesto incluye las dos caras: el visionario que cambió el mundo y el hombre que, en el camino, lastimó a buena parte de quienes lo ayudaron a hacerlo.

Qué lecciones deja una figura tan brillante como contradictoria, para cualquiera que admire su obra sin querer repetir sus errores, es la entrega de mañana.

Esta saga fue elegida por la comunidad de CriptoTendencia en WhatsApp. Cada domingo, una nueva votación decide al siguiente protagonista.

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