La entrega de ayer dejó a Steve Jobs convertido en multimillonario a los 25. Hoy toca la caída y el renacimiento, y es aquí donde su historia se vuelve una de las jugadas financieras más estudiadas del mundo de los negocios.
Porque Jobs no solo fue expulsado de la empresa que fundó, sino que regresó una década después, cuando Apple estaba a noventa días de la quiebra, y la transformó en la compañía más valiosa del planeta.
La verdadera jugada maestra no fue inventar el iPhone, por revolucionario que haya sido, sino la decisión estratégica, fría y contraintuitiva que tomó al volver a una empresa que se moría, la que sentó las bases de todo lo que vendría.
Expulsado de su propia empresa
El primer golpe fue brutal y vino de dentro. A medida que Apple crecía, Jobs se había vuelto un líder difícil, y para profesionalizar la gestión él mismo había reclutado como director ejecutivo a John Sculley, un alto directivo de Pepsi. La decisión le salió cara: tras una serie de choques por el rumbo de la empresa, Jobs y Sculley se enfrentaron abiertamente, y en 1985 el consejo de administración tomó partido por el ejecutivo profesional frente al fundador.
Derrotado en esa lucha de poder, Jobs se fue de Apple sintiéndose expulsado de su propia creación. Tenía treinta años, era una celebridad mundial, y acababa de ser apartado de la empresa que había construido desde un garaje. Para la mayoría, habría sido el final de la historia.
Para Jobs fue un paréntesis que, en retrospectiva, resultó decisivo. Fundó NeXT, una compañía de computadoras de alta gama que nunca fue un gran éxito comercial pero que desarrolló un software excelente, y en 1986 compró por poco dinero un pequeño estudio de gráficos por computadora.
Ese estudio era Pixar, que años después estrenaría Toy Story, la primera película de animación totalmente digital de la historia, y que convertiría a Jobs, de nuevo, en multimillonario. Los años en el desierto le dieron las dos piezas que necesitaría para su regreso: un software de vanguardia y una lección de humildad.
Noventa días de la quiebra
Mientras Jobs prosperaba afuera, Apple se hundía. Sin su fundador, la empresa había perdido el rumbo, diluido su marca en una maraña de productos mediocres y entrado en una espiral de pérdidas.
Hacia finales de 1996, Apple había perdido cientos de millones de dólares en un solo año, y el valor total de sus acciones había caído por debajo de los 3.000 millones. La empresa que había inventado la computadora personal estaba, literalmente, al borde de desaparecer.
La desesperación llevó al consejo a una decisión que años antes habría parecido impensable: traer de vuelta al hombre que habían echado. A finales de 1996, Apple compró NeXT por unos 400 millones de dólares, una operación cuyo verdadero objetivo no era solo el software, sino recuperar a Jobs.
En 1997 regresó como director ejecutivo interino, a una empresa que, según él mismo contaría después, estaba a apenas noventa días de la bancarrota.
La jugada maestra: el arte de recortar
Aquí está la decisión que define la entrega, y va en contra de toda intuición. Los observadores esperaban que Jobs, el visionario, volviera a lanzar una avalancha de productos revolucionarios. Hizo exactamente lo contrario: en lugar de expandir, recortó.
Apple tenía una línea de productos enorme y confusa, y Jobs la podó sin piedad hasta dejar apenas un puñado de modelos, concentrando todos los recursos de la empresa en hacer muy bien unas pocas cosas en vez de hacer muchas de forma mediocre.
Esa disciplina del enfoque -la capacidad de decir que no a casi todo para poder decir que sí a lo esencial- fue lo que salvó a Apple, antes incluso que cualquier producto estrella. Y la acompañó de una maniobra financiera tan audaz como inesperada: convenció a Microsoft, su enemigo histórico, de invertir 150 millones de dólares en Apple.
Jobs supo leer que a Bill Gates le convenía mantener viva a su rival, porque una Apple muerta reforzaría las acusaciones de monopolio que Microsoft enfrentaba ante la justicia estadounidense. Transformó la rivalidad en un salvavidas.
Con la empresa estabilizada y enfocada, llegó la cosecha. El iMac de 1998 resucitó la marca; el iPod de 2001, junto con la tienda iTunes, revolucionó la industria de la música; y en 2007, el iPhone redefinió para siempre lo que era un teléfono y abrió la era de la computación en el bolsillo.
Cuando Jobs presentó el iPhone, Apple valía unos 73.000 millones de dólares, una cifra que en los años siguientes se multiplicaría hasta convertirla en la primera empresa del mundo en superar el billón.
El hombre al que habían echado por difícil había regresado para protagonizar la mayor resurrección empresarial de la historia. Pero esa misma intensidad implacable que lo hizo capaz de semejante hazaña tenía un costo humano que la leyenda dorada prefiere no mirar de frente. Cuál fue el lado oscuro de Steve Jobs es la entrega de mañana.
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