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Espacio patrocinadoAl toparse con una dirección terminada en .tv, casi todo el mundo piensa en televisión, video o streaming, y la asociación es tan automática que pocos se detienen a preguntar de dónde salieron esas dos letras. La respuesta no tiene que ver con la pantalla, sino con la geografía: .tv es el código que Internet asignó a Tuvalu, un pequeño Estado insular del Pacífico, mucho antes de que el video dominara la red.
Un país, un código, una coincidencia afortunada
Tuvalu es uno de los países más pequeños del mundo, un archipiélago situado entre Hawái y Australia con una población que ronda los once mil habitantes. Como cada territorio, cuenta con un dominio propio, llamado dominio de nivel superior geográfico: una terminación de dos letras que identifica a los sitios asociados a ese país, igual que .ar corresponde a Argentina.
A Tuvalu le tocó .tv, y ahí empezó la fortuna. Esas dos letras coinciden con la abreviatura universal de «televisión», de modo que un identificador pensado para marcar la procedencia geográfica terminó cargado de un significado comercial que su asignación nunca buscó.
Con el auge del video y el streaming, la terminación se volvió especialmente atractiva para plataformas y creadores que querían una dirección corta y evocadora. El caso más conocido es Twitch, cuyo sitio vive en twitch.tv, una muestra de hasta qué punto esas dos letras pasaron a leerse como una marca del entretenimiento en línea.
Cómo se transforma un dominio en ingresos
El mecanismo es más sencillo de lo que parece, y conviene separar tres papeles. Tuvalu es el titular del dominio: el país lo posee, pero no lo administra directamente. Para explotarlo, el Gobierno delega su gestión en un operador de registro, que desde 2022 es GoDaddy Registry, tras una licitación que desplazó al operador anterior, Verisign, según anunció la propia compañía y refleja hoy el registro de la IANA.
Ese operador se encarga de la infraestructura técnica y de comercializar la terminación a escala global, mientras que las empresas registradoras son las que venden los dominios al público.
El registro y la renovación de cada dirección generan ingresos recurrentes, y una parte fluye hacia las arcas de Tuvalu mediante el acuerdo con el operador. El país no cobra por cada reproducción ni por cada transmisión alojada en un .tv; su ingreso proviene del contrato y del volumen de dominios registrados.
La magnitud no es menor para una economía tan pequeña. El informe del Fondo Monetario Internacional sobre Tuvalu de 2025 señala que los ingresos del dominio aumentaron en 2024 y figuran entre las principales fuentes no tributarias del Estado, junto a las licencias de pesca y la asistencia de socios internacionales.
El Presupuesto Nacional 2025-2026 situó los ingresos reales por comercialización del .tv en torno a los $9,07 millones de dólares australianos en 2023, una cifra equivalente a más del 13% del PIB de ese año.
La geografía también cotiza en la red
El caso de Tuvalu muestra que la economía digital puede dar valor a recursos del todo inesperados, incluso a dos letras asignadas por azar. El dominio no es la única fuente de ingresos del país, pero sí un activo singular, nacido de una coincidencia lingüística y sostenido por la demanda de un sector que ni siquiera existía cuando se repartieron esos códigos.
Tuvalu afronta además una seria vulnerabilidad climática por la subida del nivel del mar, un desafío que vuelve aún más llamativo que su presencia más sólida y rentable viva, por ahora, en Internet.
