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Espacio patrocinadoUn avión puede tener pilotos, pasajeros y una pista disponible, y aun así quedarse en tierra. Basta con que nadie quiera abastecerlo de combustible o prestarle los servicios necesarios para volver a despegar. Ese es el escenario que Estados Unidos busca imponer a las aerolíneas iraníes desde el 23 de septiembre.
El secretario del Tesoro, Scott Bessent, anunció en CNBC que todas las compañías aéreas de Irán quedarán paralizadas a partir de esa fecha. Para conseguirlo, Washington amenaza con excluir del sistema del dólar a quienes las mantengan operativas.
La presión apunta a una vulnerabilidad concreta: cada vuelo depende de una cadena de empresas que también tienen sus propios negocios, cuentas y relaciones financieras que proteger.
El cierre empieza con quienes atienden al avión
Durante su entrevista con Squawk Box, Bessent enumeró los servicios que Estados Unidos pretende cortar: combustible, asistencia para el aterrizaje y venta de pasajes. Según explicó, quienes continúen proporcionándolos se arriesgan a quedar fuera del sistema del dólar.
La amenaza traslada el conflicto hasta decisiones aparentemente rutinarias. Abastecer un avión iraní o comercializar sus billetes puede convertirse, para un proveedor, en una operación con consecuencias sobre el resto de su actividad.
Así busca Washington provocar el cierre operativo: lograr que las empresas que permiten volar a esas aerolíneas dejen de atenderlas. Los aviones podrían seguir existiendo, con sus tripulaciones y sus rutas programadas, pero perder los servicios que conectan una escala con la siguiente.
Bessent presentó el anuncio como parte de una presión sobre Irán de intensidad inédita. Según CNBC, esa campaña también alcanza a entidades financieras y socios comerciales que Washington considera facilitadores de las actividades iraníes.
La fecha está fijada en el discurso estadounidense. Su efecto real dependerá de la aplicación de las restricciones y de la respuesta de los proveedores. El anuncio, por sí solo, todavía no confirma una suspensión total de vuelos.
Cuando un avión nuevo simbolizaba la apertura
En enero de 2017, Iran Air recibió en Toulouse un Airbus A321. Era la primera entrega de un pedido de 100 aeronaves destinado a renovar y ampliar su flota. Airbus explicó entonces que la operación cumplía las condiciones del acuerdo nuclear y las licencias estadounidenses correspondientes.
Aquel avión representaba una posibilidad de reconexión comercial. Menos de dos años después, la retirada estadounidense del acuerdo nuclear abrió un nuevo proceso de restablecimiento de sanciones y revocación de autorizaciones.
El anuncio de Bessent lleva esa historia hasta una cuestión inmediata: si las aerolíneas iraníes podrán seguir utilizando los aviones que ya tienen.
Para sus pasajeros, la consecuencia podría aparecer en una pantalla de salidas. Detrás de cada cancelación habrá una cadena de decisiones tomadas lejos del mostrador: quién vende el billete, quién atiende el aterrizaje y quién acepta cargar el combustible del siguiente vuelo.
