Mientras los mercados tradicionales duermen el fin de semana, Markets.xyz opera acciones tokenizadas, oro y perpetuos las 24 horas → Descargá la app.
Espacio patrocinadoLa entrega de ayer dejó a un niño prodigio convertido en la voz de una máquina de éxitos. Hoy toca la cima, y con ella la decisión de negocios que separa a Michael Jackson de casi cualquier otro artista de la historia.
Porque Jackson no solo alcanzó un éxito comercial sin precedentes: hizo algo que casi ningún músico de su época entendía, y que lo convirtió, además de en una estrella, en un empresario astuto. Compró la propiedad de la música, no solo la hizo.
Es la jugada maestra de la saga, y es puro lenguaje financiero: la diferencia entre cobrar por cantar y ser dueño de las canciones.
Thriller: el récord que no se ha roto
Antes de la gran jugada financiera vino el triunfo artístico que la hizo posible, y fue de una magnitud difícil de exagerar. En 1982, ya como artista solista, Michael Jackson lanzó Thriller, un álbum que no solo tuvo éxito, sino que redefinió lo que el éxito podía significar. Se convirtió en el álbum más vendido de la historia de la música, un título que conserva más de cuatro décadas después.
El fenómeno fue total. Thriller generó una seguidilla de sencillos icónicos, revolucionó el formato del videoclip y consagró a Jackson como el Rey del Pop, la figura más grande que la música popular había producido. Ganó ocho premios Grammy solo por ese disco, y su influencia trascendió la música para instalarse en la cultura, la moda y el baile de toda una generación.
Pero lo que hace única a esta historia no es el récord, por imbatible que sea. Es lo que Jackson decidió hacer con el poder y el dinero que ese récord le dio.
La lección que le enseñó un Beatle
La idea que cambiaría su destino financiero llegó de una fuente inmejorable. A comienzos de los años ochenta, Jackson colaboró y entabló amistad con Paul McCartney, y en esas conversaciones el ex Beatle le explicó un secreto del negocio que la mayoría de los músicos aprende demasiado tarde: la verdadera fortuna en la música no está en cantar las canciones, sino en ser dueño de ellas.
El mecanismo es tan simple como poderoso. Cada vez que una canción suena en una película, un comercial, una serie o la radio, quien posee los derechos de publicación cobra una regalía. El dueño de un catálogo de canciones populares recibe un ingreso constante, para siempre, sin necesidad de volver a tocar una sola nota. McCartney lo sabía porque, irónicamente, él mismo había perdido el control de buena parte de su propia obra con los Beatles.
Jackson tomó esa lección y la llevó más lejos de lo que McCartney jamás imaginó. Según se cuenta, llegó a decirle en broma a su amigo que algún día sería dueño de sus canciones. Pocos años después, dejó de ser una broma.
La compra que lo cambió todo
En 1985 llegó la oportunidad, y Jackson no dudó. El catálogo de ATV Music, que incluía los derechos de publicación de unas 250 canciones de los Beatles, entre otras miles, salió a la venta. El propio McCartney lo consideró fuera de su alcance, y varios postores pujaron por él. Jackson, con el dinero y el poder que le había dado la era Thriller, presentó una oferta pensada para ganar: 47,5 millones de dólares, una fortuna para la época.
La operación no fue simple ni barata de ejecutar. Las negociaciones tomaron cerca de diez meses, requirieron un ejército de abogados revisando la validez de miles de derechos de autor y le costaron a Jackson más de un millón de dólares solo en gastos legales. Pero cuando el acuerdo se cerró, a los 26 años, Michael Jackson era dueño de una porción enorme del cancionero más valioso de la historia de la música popular.
El costo personal fue una amistad. McCartney se sintió traicionado -había sido él quien le enseñó el valor de la propiedad musical-, y los dos nunca volvieron a colaborar. Pero desde el punto de vista financiero, la jugada fue sencillamente magistral, y el tiempo lo probaría de forma contundente.
La mejor inversión de una carrera
Lo que siguió convirtió aquella compra en una de las inversiones más rentables de la historia del entretenimiento. Diez años después, en 1995, con Jackson ya necesitado de liquidez, fusionó su catálogo con el negocio editorial de Sony, vendiéndole la mitad por unos 95 millones de dólares y creando la empresa conjunta Sony/ATV.
En una sola operación recuperó el doble de lo que había pagado por todo el catálogo, y seguía siendo dueño de la mitad.
El desenlace llegó después de su muerte, y es el que corona la jugada. En 2016, el patrimonio de Jackson vendió a Sony el 50% restante de Sony/ATV por 750 millones de dólares. Es decir: una apuesta de 47,5 millones en 1985 terminó generando, entre esa venta y los ingresos acumulados durante décadas, más de mil millones de dólares. Michael Jackson, el artista, había demostrado ser también uno de los inversores más astutos que la industria haya conocido.
Y sin embargo -y acá está la paradoja que define toda su historia- el hombre que hizo una de las jugadas financieras más brillantes de la música terminó, en vida, ahogado en cientos de millones de dólares de deuda. Cómo alguien tan astuto para invertir pudo ser tan incapaz de controlar su propio dinero, y cuál fue el lado más oscuro y difícil de su vida, es la entrega de mañana.
Esta saga fue elegida por la comunidad de CriptoTendencia en WhatsApp. Cada domingo, una nueva votación decide al siguiente protagonista.
