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Espacio patrocinadoLa saga empezó con un universitario que rechazó mil millones de dólares porque confiaba en una visión que nadie más veía. Cinco entregas después, ese mismo hombre está haciendo la apuesta más grande de su vida, y por lejos la más cara. La convicción que lo definió a los 22 años sigue intacta a los 40. Lo que cambió son los ceros.
Porque Zuckerberg ya no quiere ser el dueño de una red social. Quiere ser el dueño de la plataforma sobre la que se construya todo lo que viene. Y para eso está dispuesto a gastar sumas que la mayoría de los países no manejan.
El cementerio de 88.000 millones de dólares
Antes de la apuesta actual hubo otra, y salió mal. En 2021, tan convencido como siempre, Zuckerberg cambió el nombre de su compañía de Facebook a Meta y apostó el futuro entero al metaverso, ese mundo virtual donde todos íbamos a trabajar y socializar con anteojos de realidad virtual.
El público nunca llegó. La división Reality Labs, encargada de esa visión, perdió 4.600 millones de dólares solo en el segundo trimestre de 2026, y sus pérdidas acumuladas desde fines de 2020 se acercan a los 88.000 millones. En marzo de 2026, Meta cerró Horizon Worlds, el producto insignia de aquel sueño. Por cada dólar que Reality Labs generaba, la compañía gastaba alrededor de diez.
Para cualquier otra empresa, quemar 88.000 millones en una apuesta fallida habría sido fatal. Para Zuckerberg fue un capítulo, uno que cerró para abrir otro todavía más ambicioso.
De perder el metaverso a apostar por la superinteligencia
El giro fue total. Para enero de 2026, Meta ya le decía a sus inversores que la gran historia del año no era el mundo virtual sino la infraestructura de inteligencia artificial y la «superinteligencia».
Y las cifras de esta nueva apuesta hacen ver pequeño al metaverso. Meta proyectó gastos de capital de entre 125.000 y 145.000 millones de dólares para 2026, un número que superó lo que casi todos los analistas esperaban, destinado en su mayoría a infraestructura de IA.
La compañía llegó a robarle más de 50 investigadores y ingenieros de IA a sus rivales y sumó al fundador de Scale AI, Alexandr Wang, para liderar su nueva división Meta Superintelligence Labs.
La jugada tiene un eco directo con la que contamos el martes. En 2006, dos inversores le dijeron a Zuckerberg que aceptara los mil millones y él dijo que no, porque veía algo más grande. Hoy, con el metaverso todavía sangrando dinero, vuelve a apostar todo a una visión que el resto observa con nervios. Es el mismo hombre, con la misma certeza, la única diferencia es que ahora un error no cuesta mil millones, cuesta cientos de miles de millones.
Por qué esto le importa al lector cripto
Más allá de la fortuna personal de Zuckerberg -que lo mantiene entre los hombres más ricos del planeta pase lo que pase con estas apuestas-, su próximo movimiento moldea el terreno donde el lector se mueve todos los días.
Si Meta logra construir la infraestructura de IA que persigue, quien controle esos modelos controlará buena parte de cómo miles de millones de personas acceden a la información, hacen negocios y manejan su vida digital.
Es exactamente la concentración de poder que el mundo cripto nació para desafiar: unos pocos gigantes dueños de la capa sobre la que todos los demás construyen.
La pregunta que deja la saga es si la próxima gran plataforma será, otra vez, propiedad de un solo hombre, o si esta vez existirá una alternativa descentralizada de verdad.
De un dormitorio de Harvard a una apuesta de 145.000 millones por controlar el futuro de la inteligencia artificial, con un imperio, un escándalo global y un cementerio de miles de millones de por medio.
La historia de Mark Zuckerberg es la de alguien cuya mayor virtud y mayor defecto son la misma cosa: la certeza inquebrantable de que él ve el futuro antes que los demás. A veces acierta y a veces se equivoca por 88.000 millones, pero nunca, jamás, deja de apostar.
Este domingo, la comunidad de CriptoTendencia de WhatsApp elige al próximo protagonista.
