La masa monetaria global marca un récord mientras el oro defiende el nivel de los 4.000 dólares

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Nunca hubo tanto dinero en el mundo. La masa monetaria global alcanzó un récord de 121,6 billones de dólares, según datos de Bloomberg difundidos por la firma de análisis Hedgeye. Y en paralelo, el oro -el refugio histórico contra la expansión del dinero- busca estabilizarse en torno a los 4.052 dólares por onza, un nivel que se ha convertido en la línea en la arena del metal precioso.

El gráfico, elaborado por el estratega Tavi Costa, superpone ambas series y sugiere una divergencia: mientras la cantidad de dinero sigue en máximos, el oro corrigió desde sus picos. Para quienes leen el oro como termómetro de la devaluación monetaria, esa brecha es una señal que conviene mirar de cerca.

La señal: más dinero persiguiendo activos escasos

La relación de fondo es sólida y tiene un siglo de historia detrás. Cuando la masa monetaria se expande, cada unidad de dinero pierde poder de compra relativo, y los activos de oferta limitada -oro, y cada vez más Bitcoin- tienden a revalorizarse como cobertura.

Los números de largo plazo respaldan la tesis: el oro triplicó su precio entre 2010 y 2026, y a finales de 2025 llegó a representar el 27% de las reservas oficiales globales, superando por primera vez a los bonos del Tesoro de Estados Unidos.

El sostén de ese piso de 4.000 dólares tiene nombre: los bancos centrales. Compran alrededor de 1.000 toneladas de oro al año, y su demanda es la fuerza estructural que defiende el nivel. Un ejemplo revelador: el Banco Popular de China sumó casi 15 toneladas solo en junio, justo durante el peor trimestre del oro en más de una década. Cuando el precio cae, los Estados compran.

El ruido: el gráfico no cuenta de dónde viene el oro

Ahora bien, el tweet describe al oro «encontrando soporte» como si llegara a ese nivel desde abajo, en calma. La realidad es la opuesta, y cambia por completo la lectura. El oro alcanzó un máximo histórico de 5.542 dólares en enero de 2026 y desde entonces corrigió entre un 26 y un 28%. Los 4.052 actuales no son una plataforma de despegue: son el suelo tras la caída trimestral más brusca del metal en trece años.

Esa distinción importa porque redefine qué está pasando. No es un activo acumulando impulso, sino uno defendiendo un nivel crítico tras un retroceso severo. El Consejo Mundial del Oro sitúa su valor justo en torno a los 4.000 y advierte que operar de forma sostenida por debajo podría desatar más ventas. Es un punto de equilibrio frágil, no un trampolín.

De fondo, la divergencia del gráfico admite dos lecturas opuestas. Los alcistas ven un activo rezagado respecto a la masa monetaria, con margen para recuperar terreno.

Los cautos ven un metal que ya vivió su euforia y ahora lucha por no ceder. Lo que ninguna de las dos puede negar es la tendencia estructural que enmarca todo: un mundo con cantidades récord de dinero y deuda -que superó los 353 billones de dólares en el primer semestre- seguirá alimentando el debate sobre dónde refugiar el valor.

El oro da una respuesta con siglos de historia; Bitcoin propone otra, más joven y volátil. El récord de la masa monetaria es el telón de fondo de ambas.

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