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Espacio patrocinadoHace apenas un año, el vibe coding se vendía como el gran nivelador del desarrollo de software. Cualquiera con una idea y un prompt podía construir una aplicación.
Los founders validaban productos en un fin de semana, los no-desarrolladores se sentían creadores, y los conferencistas competían por declararlo la democratización definitiva del código.
Doce meses después, el balance de producción cuenta una historia muy distinta, y esa historia es precisamente la que Albert Santalo y Jorge Osorio llevan hoy, miércoles 22 de abril, a la masterclass de eMerge Americas 2026 bajo un título que ya no deja margen a la ambigüedad: «Vibe Coding rompió su promesa. Esto es lo que viene después».
Qué es vibe coding y por qué funcionó tan bien en demos
El término fue acuñado por el investigador Andrej Karpathy a principios de 2025 para describir una práctica concreta: construir software principalmente a través de prompts en lenguaje natural, iteración rápida e intuición, sin diseñar intencionalmente la arquitectura subyacente.
Collins Dictionary lo nombró palabra del año 2025, el 92% de los desarrolladores en Estados Unidos lo usa hoy en alguna medida, y el mercado global de herramientas asociadas se proyecta en 8.500 millones de dólares para 2026.
La razón de su explosión inicial es justificada. La rapidez en el prototipado es auténtica. Un MVP que antes requería semanas ahora se desarrolla en cuestión de horas.
Tareas como autenticación, esquemas de base de datos, formularios o interfaces CRUD se resuelven con prompts.
Lovable escaló a 100 millones de dólares en ingresos recurrentes anuales en ocho meses, Cursor alcanzó los 2.000 millones en ingresos anualizados a principios de 2026, y el 25% de las startups del batch Winter 2025 de Y Combinator corre sobre bases de código generadas al 95% por IA. Los números son impresionantes y no mienten.
Dónde se rompió la promesa
El problema apareció donde siempre aparece: en producción, con usuarios reales, datos reales y escala real. Los casos documentados en los últimos meses son contundentes.
Un estudio de diciembre 2025 de la firma de seguridad Tenzai analizó 15 aplicaciones construidas con las cinco herramientas de vibe coding más populares del mercado. El hallazgo fue sistémico: todas carecían de protección CSRF, todas introducían vulnerabilidades SSRF, ninguna configuraba cabeceras de seguridad.
Otro análisis de Escape.tech encontró más de 2.000 vulnerabilidades y 400 secretos expuestos en 5.600 aplicaciones generadas con estas herramientas.
Un 45% del código generado por IA contiene vulnerabilidades tipo command injection o secretos hardcodeados, según datos recogidos en análisis del sector.
Los incidentes de alto perfil acompañaron a los estudios. Amazon, que impuso un mandato interno para que el 80% de sus ingenieros usara su asistente propietario Kiro semanalmente, sufrió al menos cuatro incidentes Sev-1 entre diciembre de 2025 y marzo de 2026.
El más grave, una caída de seis horas el 5 de marzo que provocó una pérdida estimada de 6,3 millones de pedidos, fue vinculado en documentos internos a «cambios asistidos por IA generativa».
Meta tuvo un agente que borró más de 200 correos del director de AI Safety. En el ecosistema npm se detectaron 126 paquetes maliciosos explotando nombres alucinados por modelos de IA, con más de 86.000 descargas antes de ser frenados.
La conclusión técnica es incómoda pero clara: el vibe coding optimiza para la velocidad de la demo, no para la disciplina de la producción. Y esas son dos disciplinas distintas, con estándares incompatibles.
Lo que viene después según Archie
La tesis que Santalo y Osorio presentan en eMerge Americas es que la raíz del problema no está en la IA, sino en el orden de las decisiones.
El vibe coding genera código antes de generar arquitectura, y ese orden invertido es la grieta por la que se cuelan todas las fallas posteriores.
Archie, la plataforma que fundó Santalo tras su carrera como tres veces founder de empresas SaaS respaldadas por venture capital, se posiciona exactamente en la trinchera opuesta: generar arquitectura, especificaciones y blueprint técnico antes de que una sola línea de código sea escrita.
El planteamiento conecta con un dato estructural de la industria del software que el propio Santalo cita habitualmente. Más del 60% de los proyectos fallidos no fallan por problemas de código, sino por oversights en la fase de pre-desarrollo que pasan desapercibidos hasta que es demasiado caro corregirlos.
Lo que Archie propone, a través de agentes especializados que cubren product management, diseño UX, arquitectura técnica, generación de código y QA, es que la disciplina del software clásico y la velocidad de la IA no son incompatibles, sino complementarias, siempre que se respete la secuencia correcta.
La lectura de fondo
El ciclo del vibe coding sigue el patrón clásico de toda tecnología emergente: hype, adopción masiva sin fricciones, colisión con la realidad de producción, y maduración hacia un uso disciplinado.
Lo que Santalo y Osorio plantean en eMerge Americas no es que la IA en el desarrollo de software haya fracasado, sino que la fase de «vibe» fue un experimento cultural útil pero insuficiente. Lo que viene después ya tiene nombre en la industria: architecture-first AI development, o desarrollo con IA donde la arquitectura se diseña antes que el código.
Si el vibe coding fue el Excel de los founders no-técnicos, lo que sigue es algo más cercano a un compilador con criterio. Menos sexy en el pitch, pero radicalmente más viable en producción. Y la distancia entre ambas cosas es, probablemente, la lección más cara que ha aprendido la industria del software en los últimos doce meses.
