Un perro representado hace unos 3.500 años en una tumba egipcia ha recuperado su nombre: Duaty, traducido como «el del inframundo». La lectura añade una identidad singular al pequeño repertorio de nombres caninos conocidos del antiguo Egipto y abre preguntas sobre la relación entre los animales de compañía y las creencias funerarias.
Según The Art Newspaper, la arqueóloga Chelsea Kaufman, de la Universidad Johns Hopkins, identificó una inscripción desvanecida junto al animal al revisar fotografías de la pintura. Su significado coincide con un epíteto de Anubis, aunque la intención de quienes eligieron ese nombre permanece abierta.
Una inscripción recuperada mediante imágenes digitales
El estudio, publicado el 30 de septiembre en The Journal of Egyptian Archaeology, sitúa el hallazgo en la tumba TT21 de User, un alto funcionario del Antiguo Egipto que ejerció como escriba y administrador vinculado al faraón Tutmosis I durante la dinastía XVIII.
La investigadora utilizó filtros del complemento DStretch para ImageJ, que permitieron distinguir mejor los restos de pigmento de los jeroglíficos. El procedimiento hizo legible una palabra apenas visible en las fotografías, sin que ello suponga haber restaurado físicamente la pared.
En la cámara interior hay tres escenas con perros provistos de collar bajo la silla del propietario. Dos nombres ya se habían leído y se traducen como «fuerte» y «fiel»; la nueva lectura corresponde al tercero, pintado en el muro oriental.
Un nombre y un pelaje fuera de lo habitual
Duaty presenta un cuerpo blanco con un patrón rojizo ondulado, parecido al dibujo de la vestimenta de User. Esa semejanza llama la atención de la investigadora, pero no permite establecer por sí sola si reproduce el aspecto real del perro o responde a una decisión artística.
La escritura incorpora además un signo de perro sentado, una elección poco habitual frente a los signos de animales de pie empleados en otros nombres caninos. El detalle refuerza la singularidad de una representación cuyo nombre no tenía equivalentes en el repertorio conocido.
La posible alusión a Anubis tampoco resuelve todas las preguntas. Kaufman considera incierto que fuera una referencia deliberada al dios y plantea como hipótesis, sin darla por demostrada, que el animal pudiera haber muerto antes de la decoración de la tumba.
Compañeros domésticos y símbolos del más allá
El contexto egipcio ayuda a comprender ese cruce entre vida cotidiana y religión. Una investigación divulgativa del Museo Glencairn explica que los perros podían participar en la caza, vigilar y acompañar a las personas, mientras escenas funerarias y estelas los muestran asociados a sus propietarios.
También existen testimonios de entierros especiales para algunos animales. Anubis, habitualmente representado con forma de cánido negro o como un hombre con cabeza de cánido, desempeñaba funciones de protección de los muertos y embalsamamiento, lo que aporta un marco religioso para interpretar el nombre.
El hallazgo no reconstruye toda la vida de Duaty, pero devuelve un dato personal a una imagen antigua. Su interés está en esa escala íntima: una figura pequeña conserva pistas sobre cómo alguien quiso representar y recordar a un animal junto a sí.
