🎃 Halloween 2026 | Historia 11/14
El 21 de mayo de 1946, en un edificio aislado del laboratorio de Los Álamos, en Nuevo México, el físico canadiense Louis Slotin repetía ante varios colegas una demostración que había hecho muchas veces.
Sobre la mesa descansaba una esfera de plutonio del tamaño aproximado de una pelota de sóftbol, y Slotin acercaba y alejaba a mano dos semiesferas de berilio a su alrededor, manteniéndolas separadas con la hoja de un destornillador.
El destornillador resbaló, las dos piezas se cerraron y el núcleo alcanzó la criticidad. Los presentes vieron un destello azul y Slotin separó las piezas de un golpe, pero en esa fracción de segundo había recibido una dosis de radiación mortal, la segunda que provocaba aquella esfera en nueve meses.

Una esfera que sobró de la guerra
El núcleo, de unos 6,2 kilogramos, se fabricó en el verano de 1945 dentro del Proyecto Manhattan, el programa que desarrolló las bombas atómicas lanzadas sobre Hiroshima y Nagasaki. Era el núcleo previsto para un posible tercer ataque contra Japón, y tras la rendición del país, en agosto, quedó en Los Álamos para experimentos, con un apodo interno, «Rufus».
Los científicos seguían estudiando cuánto material y en qué condiciones bastaba para sostener una reacción en cadena. Un núcleo alcanza la criticidad cuando los neutrones que libera el plutonio provocan suficientes fisiones nuevas para mantener la reacción, algo que puede ocurrir si se rodea de materiales que devuelven esos neutrones hacia su interior. Los experimentos buscaban acercarse a ese punto sin cruzarlo, con márgenes de error mínimos.
La noche del 21 de agosto de 1945, el físico Harry Daghlian, de 24 años, trabajaba con ese mismo núcleo en el laboratorio, sin más compañía que la de un guardia de seguridad. Estaba rodeándolo de bloques de carburo de tungsteno, un material que también refleja neutrones, cuando uno de ellos se le escapó de las manos, cayó sobre el conjunto y desencadenó una excursión de criticidad.
Daghlian retiró los bloques a mano para detener la reacción, y esa intervención le expuso a una dosis letal. Murió el 15 de septiembre de 1945, 25 días después, tras permitir que los médicos documentaran la evolución de sus lesiones, y el guardia recibió una dosis menor que no le resultó mortal.
La advertencia que no bastó
El primer accidente no detuvo los experimentos de criticidad, que el laboratorio consideraba necesarios para el programa de armas de posguerra. Slotin había presenciado la agonía de Daghlian y era uno de los mayores expertos del grupo, especialista en una prueba que sus propios compañeros apodaban «hacerle cosquillas a la cola del dragón».
Según el relato recogido por la Sociedad Estadounidense de Física, Slotin prescindía de las cuñas que mantenían separadas las semiesferas y prefería controlarlas con un destornillador, y Enrico Fermi le advirtió que, si seguía saltándose las normas de seguridad, no sobreviviría un año.
Aquella demostración de mayo de 1946 servía en parte para formar a su sustituto, porque Slotin planeaba volver a la investigación en biofísica en la Universidad de Chicago.
El destello azul que vieron los presentes se debe a la ionización del aire por la intensa radiación, y algunos relataron una sensación de calor. Slotin describió un sabor ácido en la boca y un ardor en la mano izquierda con la que había separado las piezas, y vomitó camino del hospital. Ninguno de los presentes llevaba su dosímetro, por lo que las dosis recibidas por cada uno se estimaron después y varían según las fuentes.
No hubo explosión. Una excursión de criticidad libera una ráfaga de neutrones y rayos gamma, pero dura apenas un instante y no se parece a la detonación de un arma nuclear.
Nueve días y un nombre
Slotin sufrió el síndrome de irradiación aguda, que destruye las células que se renuevan con rapidez, como las de la médula ósea, el tubo digestivo y la piel, y puede resultar mortal aunque al principio no haya heridas visibles. Murió el 30 de mayo de 1946, nueve días después del accidente, y los demás presentes, situados más lejos del núcleo, sobrevivieron con dosis inferiores.
Los dos accidentes habían ocurrido un día 21, separados exactamente por nueve meses, y tras la muerte de Slotin el núcleo empezó a conocerse como «demon core», el núcleo del demonio. La coincidencia de fechas alimentó la idea de un objeto maldito, aunque ambos episodios tienen explicaciones físicas bien documentadas, como el riesgo de manipular a mano un material al borde de la criticidad.
Tras el segundo accidente, Los Álamos suspendió los experimentos manuales con conjuntos críticos y pasó a utilizar máquinas operadas a distancia que mantenían a los científicos lejos del material. No fue el origen de toda la seguridad nuclear moderna, pero sí uno de los cambios que redefinieron el trabajo en esos laboratorios.
Durante décadas se repitió que la esfera terminó detonada en las pruebas de la Operación Crossroads, en el atolón de Bikini, en 1946. El historiador Alex Wellerstein encontró registros de Los Álamos que muestran otro final, porque la prueba prevista fue cancelada y en el verano de 1946 el núcleo se fundió y su plutonio se reutilizó para fabricar otros.
El objeto que mató a dos físicos dejó de existir sin explosión ni ceremonia, repartido en el material de otras armas.
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