Paul Tudor Jones cree que 2027 podría convertirse en un año especialmente difícil para la bolsa estadounidense. El gestor señaló en una entrevista con CNBC que una oleada de nuevas acciones, encabezada por posibles salidas a bolsa de grandes compañías de inteligencia artificial, puede alterar el equilibrio que sostuvo al mercado durante los últimos años. A ese riesgo sumó el déficit fiscal de Estados Unidos y un posible repunte del petróleo.
Su advertencia parte de una cuestión de flujos. Las recompras corporativas retiran acciones de circulación, mientras las fusiones y adquisiciones suelen reducir el número de empresas cotizadas. Jones considera que ambos factores ayudaron a la actual racha alcista, pero teme que la dinámica cambie si los inversores deben absorber una cantidad mucho mayor de títulos.
Más acciones para un mercado acostumbrado a las recompras
El inversor mencionó a Anthropic y OpenAI entre las empresas cuyas eventuales ofertas públicas podrían aumentar la oferta de acciones. También prevé emisiones adicionales de compañías que necesiten capital para ampliar centros de datos y otra infraestructura de IA. Son operaciones posibles, sujetas a decisiones empresariales y condiciones de mercado, por lo que su tamaño y calendario todavía no deben tratarse como hechos cerrados.
La lógica de su argumento es sencilla: si llegan muchos títulos nuevos y la demanda no crece al mismo ritmo, los precios pueden sentir presión. Eso no significa que cada debut bursátil perjudique al conjunto del mercado, porque también importan las valoraciones, la rentabilidad de las empresas y el apetito de los inversores. Jones observa, sin embargo, un posible giro respecto del período en que las recompras restringían la oferta.
Déficit y petróleo: dos riesgos adicionales
El gestor también apuntó al déficit de Estados Unidos. A su juicio, la presión de los mercados podría terminar forzando una respuesta fiscal que los dirigentes políticos no adoptan por iniciativa propia. Su planteamiento expresa una expectativa, no un calendario confirmado: el impacto bursátil dependería de cómo evolucionen la deuda, los rendimientos de los bonos y las decisiones de política económica.
En energía, Jones dijo que mantiene una posición favorable al petróleo y planteó que su precio podría subir entre US$ 20 y US$ 25 después de las elecciones legislativas estadounidenses. Si ese escenario se cumpliera, encarecería los costos y complicaría la inflación, con posibles efectos sobre las tasas de interés y las valoraciones accionarias. La cifra es una previsión del inversor, no un movimiento ya registrado.
La comparación con la burbuja puntocom
Jones comparó el momento actual con 1999, cuando la euforia tecnológica precedió al estallido de la burbuja puntocom. Señaló además la distancia entre las empresas beneficiadas por la inversión en IA y las que quedan fuera de ese impulso. La analogía ayuda a explicar su cautela, aunque no demuestra que el mercado vaya a repetir el desenlace de aquella época.
Según el gestor, la combinación de nuevas emisiones, posibles ventas de accionistas tras las salidas a bolsa y una oferta creciente podría hacer de 2027 un período desfavorable para las acciones. Incluso anticipó una postura bajista para ese año. Es una visión marcada por su estrategia y sus supuestos sobre los flujos, que pueden variar si cambian la financiación de la IA o el entorno macroeconómico.
Para seguir esa tesis habrá que observar cuántas compañías efectivamente salen a bolsa, cuánto capital levantan, si las recompras mantienen su ritmo y cómo reaccionan los bonos y el crudo. El núcleo de la advertencia de Jones no es una fecha exacta para una caída, sino la posibilidad de que se agoten varios apoyos simultáneos del mercado.
