M1, M2 y stablecoins: la metamorfosis silenciosa del suministro monetario global

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La definición de lo que constituye el dinero ha cambiado a lo largo de la historia. Pasamos de las conchas marinas al oro, de los metales preciosos al papel moneda respaldado por decretos estatales y de los billetes físicos a los registros electrónicos en las bases de datos de la banca comercial.

Sin embargo, estamos presenciando una de las transiciones más profundas y silenciosas en la arquitectura financiera moderna: la integración de los activos digitales estables en la medición del suministro monetario global.

Los moldes tradicionales de la liquidez

Durante décadas, los bancos centrales han utilizado agregados monetarios conocidos como M1 y M2 para monitorear la liquidez de una economía. El indicador M1 agrupa el dinero más líquido, como las monedas en circulación y los depósitos a la vista. El indicador M2 añade activos que, aunque no son efectivo inmediato, pueden convertirse en él con facilidad, como las cuentas de ahorro y los fondos del mercado monetario.

Estos indicadores sirven para que los comités de política económica decidan si deben subir las tasas de interés o inyectar liquidez al sistema. El problema es que estos moldes tradicionales ya no son capaces de contener la realidad del intercambio comercial moderno.

De herramienta de nicho a efectivo digital

Las monedas estables emitidas en cadenas de bloques nacieron originalmente como una herramienta de nicho. Su función principal era servir de refugio temporal para los operadores de mercados digitales, permitiéndoles protegerse de la volatilidad sin necesidad de retirar sus fondos hacia el sistema bancario tradicional. Pero esa etapa de incubación terminó.

Hoy en día, estos activos se utilizan para liquidar operaciones comerciales internacionales, pagar salarios a trabajadores remotos y resguardar el patrimonio de ciudadanos en economías afectadas por la alta inflación. En la práctica, se comportan como dinero en efectivo o depósitos a la vista.

Esta realidad ha comenzado a modificar las posturas de los reguladores y los economistas de los bancos centrales más influyentes del mundo. Diversas notas de política institucional sugieren que estos activos ya no pueden ser ignorados al evaluar la masa monetaria en circulación.

Si millones de personas y empresas utilizan un saldo digital para comprar bienes y servicios cotidianos fuera de los canales bancarios tradicionales, ese saldo está ejerciendo una presión real sobre la velocidad del dinero y, en consecuencia, sobre la inflación.

El impacto en el sistema bancario comercial

La inclusión conceptual de los activos estables dentro de los agregados M1 o M2 plantea un desafío operativo gigantesco. En el modelo convencional, los bancos comerciales multiplican el dinero a través del crédito bajo un esquema de encaje legal supervisado por el banco central.

En cambio, los emisores de activos digitales estables operan de forma inversa: actúan de manera similar a los fondos tradicionales del mercado monetario, capturando depósitos en dinero soberano e invirtiéndolos en instrumentos de deuda pública a corto plazo para respaldar sus emisiones en la red.

Esto genera un efecto de vasos comunicantes. Por un lado, la demanda de estos activos drena depósitos del sistema bancario tradicional, lo que reduce la capacidad de los bancos medianos para otorgar créditos comerciales e hipotecarios. Por otro, los emisores de estos activos se han transformado en algunos de los mayores compradores de deuda soberana a corto plazo en el mundo.

Esta dinámica altera la estructura de financiamiento de los propios Estados, entrelazando la liquidez del ecosistema digital con la solvencia del sistema financiero tradicional.

Desafíos para la soberanía monetaria

El verdadero debate de fondo no es técnico, sino político y soberano. Cuando un ciudadano en una economía en desarrollo prefiere mantener sus ahorros en un saldo digital vinculado a una moneda extranjera, en lugar de utilizar su moneda local, está ocurriendo una dolarización digital espontánea.

Este fenómeno priva a los bancos centrales locales de parte de sus herramientas tradicionales de control. Ya no pueden regular la liquidez únicamente subiendo o bajando las tasas de interés domésticas, porque una parte significativa de la actividad transaccional ocurre en una infraestructura paralela, global y fuera de su jurisdicción.

Además, la velocidad con la que se mueve el dinero en la arquitectura de bloques es radicalmente superior a la del sistema tradicional. Una transferencia internacional que antes requería varios días de procesamiento a través de corresponsalías bancarias ahora puede liquidarse en segundos, cualquier día de la semana y a cualquier hora.

Esta aceleración en la velocidad de circulación significa que una menor cantidad de unidades monetarias digitales puede sostener un volumen de comercio mucho mayor, distorsionando las fórmulas matemáticas que los economistas utilizan para predecir la inflación y el crecimiento económico.

Hacia un nuevo paradigma financiero

No estamos ante una moda pasajera ni ante una burbuja especulativa. Estamos presenciando la reconfiguración de los agregados monetarios. La frontera entre el dinero público y el dinero privado se ha vuelto difusa.

Los bancos centrales se encuentran ante una encrucijada inevitable: pueden intentar prohibir o aislar estos flujos transaccionales mediante regulaciones asfixiantes, o pueden adaptar sus herramientas de medición para incorporar estos activos dentro de las métricas de la liquidez global.

La historia demuestra que los flujos financieros siempre encuentran el camino de menor resistencia. Intentar medir la economía del siglo XXI utilizando únicamente los criterios del siglo XX es como intentar medir el tráfico de Internet contando las cartas que procesa el servicio postal.

La transición hacia un marco en el que las monedas estables formen parte explícita del suministro monetario es el paso lógico hacia la madurez de las finanzas globales.

Marco Mogollón
Marco Mogollónhttps://hive.blog/@fermionico/posts
HIVE Builder, Creador de contenidos, Ingeniero de Sistemas, U.B.A., FullDeportes community founder.

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