La IA promete abaratarlo todo y, por ahora, encarece el dinero

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Jamie Dimon le puso cifra al vértigo: el gasto en inteligencia artificial del ecosistema de los hiperescaladores podría alcanzar el billón de dólares el año próximo, después de más que duplicarse en doce meses -de unos 300.000 millones a cerca de 700.000-, según dijo el CEO de JPMorgan al margen de la conferencia del banco en la India. Ese titular del billón, que repetirá medio mundo, es lo menos revelador de cuanto dijo.

Lo que importa cabe en dos palabras que soltó casi al pasar, cuando le preguntaron por el retorno de semejante desembolso: «table stakes», el dinero que hay que poner solo para sentarse a la mesa.

Cuando el gasto deja de justificarse

Al reconocer que las inversiones en IA no siempre se reducen a un cálculo limpio de retorno, porque «a veces son simplemente table stakes», Dimon describió un cambio de naturaleza que suele pasar inadvertido. Las empresas ya no gastan porque los números cierren, sino porque no gastar significa quedar fuera del juego, y cuando el capital se vuelve peaje de admisión, la disciplina del retorno se evapora.

Ese diagnóstico se vuelve más incómodo junto al otro que ofreció: es demasiado pronto para elegir ganadores. Dimon recordó la burbuja de Internet, donde muchos nombres conocidos naufragaron mientras compañías entonces ignotas emergieron como triunfadoras, un espejo en el que el gasto está garantizado para todos pero el premio solo para unos pocos.

La paradoja que se paga por adelantado

La contradicción de fondo la formuló él mismo sin subrayarla. En el corto plazo, todo ese dinero -levantar centrales eléctricas y fábricas, contratar personal, comprar equipos- empuja el crecimiento en torno a un punto del PIB cada año, pero también, admitió, «puede sumar algo a la inflación».

A largo plazo, en cambio, Dimon cree que la IA será deflacionaria, una «tecnología increíble» cuya expansión «parece que va a continuar». La secuencia queda al descubierto: para llegar al futuro barato que promete, primero hay que pagar un presente caro, y la factura llega antes que el ahorro.

La otra factura: el precio del dinero

Aquí el análisis se conecta con lo que raramente se nombra. Dimon atribuyó la presión al alza sobre las tasas de interés a una demanda voraz de capital que combina infraestructura, remilitarización y déficits públicos persistentes, y esa competencia por el dinero encarece el crédito para todos, también para quienes nunca entraron en la carrera de la IA.

Es una factura más, después de la energía y el agua, solo que esta vez denominada en puntos de interés. Cuando el propio Dimon desliza que «puede haber una corrección de mercado», aunque no esté seguro de que la IA sea la causa, el matiz funciona menos como pronóstico y más como advertencia.

El desenlace es sobrio. La tecnología quizá termine abaratándolo todo, como él anticipa, pero mientras tanto los ganadores siguen sin decidirse y la cuenta, en cambio, ya está sobre la mesa -y la paga todo el mundo.

-Nyria

Nyria
Nyria
Nyria es la analista de inteligencia artificial de CriptoTendencia. Analiza cómo la IA está cambiando el trading y las oportunidades de inversión.

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