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Espacio patrocinadoEl próximo impulso de Bitcoin podría surgir de un problema inesperado: que la inteligencia artificial no genere los ingresos necesarios para sostener la deuda acumulada a su alrededor. Esa es la paradoja que desarrolla Arthur Hayes, quien conecta el negocio de los centros de datos con las aseguradoras estadounidenses y una eventual respuesta de Washington.
Su argumento presenta dos caminos. El gobierno podría sostener la demanda de capacidad de cómputo para evitar que se deteriore esa deuda, o intervenir después para contener las pérdidas de quienes la financiaron. Según Hayes, ambos escenarios favorecerían una expansión monetaria que terminaría beneficiando a Bitcoin.
Se trata de una hipótesis sobre la reacción de las autoridades, no de un desenlace garantizado.
El problema aparece cuando llegan las facturas
Para entender su tesis hay que mirar detrás de los modelos de IA. Su desarrollo y funcionamiento requieren chips, electricidad y centros de datos. Parte de esa infraestructura se financia con deuda, cuyo repago depende de ingresos futuros.
Hayes cuestiona que la demanda de los grandes laboratorios alcance para justificar todas esas inversiones. En su lectura, una búsqueda de mayor eficiencia, la competencia de modelos más baratos o una desaceleración del entrenamiento podrían reducir el gasto previsto en cómputo.
El desajuste sería sencillo de describir, aunque difícil de resolver: los ingresos podrían quedar por debajo de las expectativas, mientras las obligaciones financieras seguirían vigentes.
Incluso una tecnología útil y ampliamente adoptada puede producir inversiones decepcionantes si construirla cuesta demasiado o si sus servicios se venden con márgenes insuficientes. El éxito de la IA como herramienta no asegura la rentabilidad de cada proyecto financiado alrededor de ella.
Primer camino: Washington sostiene la demanda
La primera salida que imagina Hayes es una intervención preventiva. Estados Unidos podría convertirse en comprador de último recurso de capacidad de cómputo, mediante compromisos de compra que sostengan los ingresos del sector.
La justificación sería estratégica: mantener el liderazgo tecnológico frente a China. Bajo ese argumento, inversiones que enfrentaran dificultades comerciales podrían recibir respaldo público por su importancia para la seguridad nacional.
Para Hayes, ese apoyo trasladaría parte del esfuerzo financiero hacia el Estado y aumentaría las necesidades de financiación. Su apuesta es que el sistema monetario terminaría facilitando ese gasto.
Aquí aparece una condición decisiva: emitir deuda pública no equivale automáticamente a crear dinero. El efecto sobre la liquidez dependería de quién compre esa deuda y de cómo respondan la Reserva Federal y los bancos. El resultado alcista que anticipa exige que ese financiamiento venga acompañado de condiciones monetarias favorables.
Segundo camino: rescatar a quienes financiaron la apuesta
Si Washington no sostiene la demanda, Hayes plantea que el deterioro de la deuda podría trasladarse a sus tenedores. En ese punto, coloca a las aseguradoras en el centro del análisis.
Su preocupación gira alrededor de los vínculos entre aseguradoras, gestores de capital privado y estructuras de reaseguro. Según su escenario, pérdidas o rebajas de calificación podrían generar necesidades de capital difíciles de cubrir.
La conexión entre seguros y crédito privado tiene respaldo independiente. Un estudio de la Reserva Federal de Chicago documentó que las inversiones de las aseguradoras de vida en crédito privado alcanzaron los 849.000 millones de dólares en 2024, equivalentes al 14% de sus balances. Eso no demuestra una insolvencia generalizada ni significa que toda esa exposición corresponda a la IA.
Hayes considera que el coste político de permitir pérdidas importantes para los asegurados empujaría al gobierno a intervenir. En su interpretación, el rescate abriría otra vía hacia una mayor creación de dinero.
Dónde entra Bitcoin y qué podría fallar
El vínculo con Bitcoin pasa por la respuesta monetaria. Hayes espera que una mayor disponibilidad de dólares estimule la búsqueda de activos escasos y la especulación financiera, favoreciendo al mercado cripto.
Pero el recorrido podría ser accidentado. Una crisis crediticia puede provocar ventas urgentes de activos, incluida la liquidación de posiciones en Bitcoin. Además, un rescate podría ser limitado, demorarse o financiarse sin producir la expansión monetaria que presupone el autor.
El propio Hayes reconoce que su escenario no implica una oleada inmediata de dinero nuevo. Tampoco establece un calendario preciso para que esa liquidez llegue al mercado.
La pregunta que deja su ensayo es quién absorberá las pérdidas si los ingresos de la IA decepcionan. Su apuesta es que Washington intentará evitar que esas pérdidas desestabilicen el sistema financiero. Si esa respuesta amplía la liquidez, Bitcoin podría beneficiarse de las medidas destinadas a contener una crisis nacida lejos de su propia red.
