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Espacio patrocinadoSaga «Ser tu propio banco con cripto» – Entrega 6/7
En el sistema tradicional, pedir un préstamo suele exigir demostrar ingresos, presentar documentación y superar una evaluación de riesgo que decide si mereces crédito. En muchos protocolos DeFi la lógica es distinta, porque el protocolo no necesita confiar en tu promesa de pagar: puede exigirte activos como garantía antes de entregarte un solo dólar.
Esa diferencia es la que hace posible que exista crédito entre desconocidos sobre una blockchain, sin que nadie firme por ti ni consulte tu historial.
Imagina que tienes $2.000 en ETH y no quieres venderlos, pero necesitas liquidez. Depositas esos ETH como colateral en un protocolo de lending y recibes, por ejemplo, $1.000 en USDC, de modo que conservas la exposición económica al ETH que dejaste bloqueado y, al mismo tiempo, dispones de dólares digitales para lo que necesites.
Los $2.000 y los $1.000 son cifras exclusivamente pedagógicas: los activos aceptados, los ratios permitidos, los intereses y los umbrales de liquidación dependen de cada protocolo y pueden cambiar.
Por qué alguien bloquea $2.000 para pedir $1.000
Es la primera objeción razonable. Si ya tienes $2.000, ¿qué sentido tiene inmovilizarlos para recibir la mitad?
Los motivos son conceptuales, no consejos: obtener liquidez sin vender el activo, mantener la exposición a ese activo por si su precio evoluciona, destinar el capital prestado a otra necesidad o, sencillamente, evitar una venta en ese momento concreto. La cuestión no es si esto conviene, sino entender por qué existe demanda de un préstamo sobrecolateralizado, uno en el que se deja más de lo que se pide.
El colateral y la sobrecolateralización
El colateral es el activo que dejas como garantía. En muchos protocolos, los smart contracts vigilan de forma continua una sola relación -el valor del colateral frente al valor de la deuda-, y esa vigilancia importa porque los criptoactivos pueden moverse de precio con rapidez, y el sistema necesita saber en todo momento si la garantía sigue cubriendo lo prestado.
De ahí la sobrecolateralización. Buena parte de los préstamos DeFi exige depositar una garantía que valga más de lo que se pide, un margen de seguridad frente a una caída del colateral. No todos los diseños funcionan igual y el ecosistema sigue evolucionando, pero la sobrecolateralización es el modelo que mejor explica cómo opera gran parte del lending actual.
Ese margen se mide con el LTV (Loan-to-Value), la relación entre la deuda y el valor del colateral. Con las mismas cifras del ejemplo, $1.000 de deuda sobre $2.000 de garantía dan un LTV del 50%. Lo esencial no es la aritmética, sino una consecuencia: si el valor del colateral cae mientras la deuda permanece, el LTV sube, y ahí empieza a asomar el riesgo de liquidación.

La liquidación, donde el precio manda
Sigamos con el ejemplo. Depositaste ETH, pero su precio cae; ahora esos ETH valen menos mientras tu deuda en USDC sigue intacta, de modo que la relación entre garantía y deuda empeora. Si la posición alcanza los parámetros que define el protocolo, puede iniciarse una liquidación.
Liquidación no significa que «el protocolo se queda con tus criptomonedas». Según el diseño, parte o la totalidad del colateral necesario puede venderse o ser adquirido por liquidadores para reducir o cancelar la deuda y mantener solvente el sistema.
¿Y quién decide el momento? No un empleado de banco, sino las reglas del protocolo, que dependen del valor del colateral, del valor de la deuda, del umbral de liquidación fijado y de los precios que entran al sistema. Esos precios llegan a través de oráculos, mecanismos que permiten a un protocolo obtener datos externos, como las cotizaciones de mercado.
El otro lado del rendimiento
Aquí se conecta todo con la entrega anterior. ¿De dónde salen los USDC que alguien pide prestados? En muchos modelos de lending, de otros usuarios que aportaron activos al protocolo buscando un rendimiento.
El circuito corre en dos direcciones: el proveedor de capital entrega fondos al protocolo, que los presta al prestatario; y el prestatario paga intereses al protocolo, que los reparte entre quienes aportaron ese capital.
Lo que en la entrega 5/7 aparecía como rendimiento para una persona, en la 6/7 aparece como coste financiero para otra. Son las dos caras de la misma operación.
El final normal cierra el ciclo: el prestatario devuelve el capital más los intereses y recupera su colateral, sujeto a las reglas del protocolo. Depositas garantía, recibes liquidez, mantienes colateral suficiente, saldas la deuda y recuperas lo depositado.
Los riesgos que no desaparecen
Nada de esto elimina el riesgo, solo lo cambia de forma. La liquidación es el más evidente, porque una caída del colateral puede empujar la posición hasta el umbral, pero a ella se suman el riesgo tecnológico de los smart contracts y sus posibles vulnerabilidades, los fallos o manipulaciones en los oráculos que alimentan los precios, los riesgos propios de las stablecoins cuando la deuda o la garantía se apoyan en ellas, las tasas variables que encarecen o abaratan el préstamo según oferta y demanda, y la volatilidad del propio activo entregado como garantía.
Quedan por deshacer varios malentendidos frecuentes. Los préstamos DeFi no prescinden de identidad en todos los casos, no carecen de intermediarios de ningún tipo, no son necesariamente anónimos ni automáticamente más baratos, no son mejores que los bancarios ni eliminan el riesgo crediticio en cualquier diseño.
La formulación correcta es más modesta: determinados protocolos permiten préstamos basados sobre todo en colateral y reglas programáticas, en lugar de la evaluación crediticia tradicional.
Esa es la idea que resume la entrega. El protocolo no confía en tu promesa de pagar; confía en el colateral que puede liquidar. Es una simplificación deliberada, y su funcionamiento concreto depende siempre del diseño de cada protocolo.
Con esto ya sabes controlar tus activos, usar stablecoins, intercambiarlos en un DEX, aportar capital a un protocolo, obtener determinados rendimientos y pedir liquidez dejando activos como garantía: seis piezas que dibujan un sistema en el que tú tomas cada decisión.
Y ahí aparece la pregunta que une toda la saga, la que responderemos en la última entrega: si tú controlas las claves, autorizas las operaciones y eliges los protocolos, ¿quién responde cuando algo sale mal?
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