El Personaje de la Semana: Messi, la jugada final que lo convirtió en dueño del negocio

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La saga empezó con un club pagando el tratamiento de un chico a cambio de su futuro. Cinco entregas después, ese mismo jugador cerró su carrera invirtiendo esa lógica por completo: en 2023, en lugar de dejar que otro comprara su talento, se aseguró de convertirse en dueño de una parte del negocio que ese talento genera. El fichaje de mil dólares al mes terminó siendo, él mismo, un inversor.

Porque la decisión de Messi de irse a Estados Unidos desconcertó al mundo del fútbol, pero no fue un retiro dorado ni un paso al costado. Fue, probablemente, la jugada financiera más inteligente de toda su carrera.

La oferta que rechazó, y por qué

Para entender lo astuto de la decisión, hay que ver lo que dejó pasar. Arabia Saudita le ofreció un contrato para jugar en Al-Hilal que se reportó en torno a los 1.500 millones de dólares. Era, de lejos, la mayor cifra jamás ofrecida a un futbolista, un número que ni siquiera sus contratos récord del Barcelona se acercaban a igualar.

Messi lo rechazó. En cambio, en 2023 firmó con el Inter Miami de la MLS, un club fundado en 2018 y copropiedad de David Beckham, por un acuerdo de dos años y medio. A primera vista, la decisión parecía económicamente absurda: rechazar 1.500 millones para irse a una liga menor, en un país sin tradición futbolística, por una fracción de ese dinero. Pero esa lectura mira solo el sueldo, y Messi hacía rato que había dejado de pensar en términos de sueldo.

Un contrato que ningún futbolista había tenido

Lo que Miami y la MLS ofrecieron no era un salario, era una estructura de negocio, y ahí está la genialidad. El acuerdo, calificado de «sin precedentes», se valuó en hasta 150 millones de dólares entre salario, bono de fichaje y capital accionario en el club. Pero el sueldo era lo de menos. La verdadera innovación fue que, en lugar de pagarle solo por jugar, lo hicieron socio del crecimiento que él mismo iba a provocar.

El acuerdo tenía tres piezas que ningún futbolista había reunido antes. La primera, una participación en los ingresos de Apple: la empresa y la MLS habían firmado un acuerdo de transmisión por diez años y 2.500 millones de dólares, y a Messi se le ofreció una parte de los ingresos generados por los nuevos suscriptores del MLS Season Pass, el servicio de streaming de la liga. Cada persona que se suscribía para verlo jugar dejaba una porción en su bolsillo.

La segunda, una participación con Adidas: sumada a su contrato de por vida con la marca, Messi entró en un acuerdo adicional de reparto de ganancias por cualquier aumento de las ventas vinculado a su llegada a la MLS. La tercera, y quizás la más reveladora, la opción de ejercer una participación accionaria en el Inter Miami una vez que dejara de jugar.

De vender talento a comprar el negocio

Esa tercera pieza es el cierre perfecto de toda la saga, porque completa un círculo de veintitrés años. El chico cuyo talento el Barcelona compró por mil dólares al mes terminó su carrera transformando ese talento en una llave para entrar como dueño. No compró el club, como sí pudo hacerlo David Beckham en su momento, pero se aseguró el derecho a quedarse con una parte de su propiedad al retirarse.

La diferencia con la oferta saudí es toda la lección. Los 1.500 millones eran, otra vez, un sueldo: enorme, pero un pago por jugar que terminaba cuando Messi colgara los botines. Lo de Miami era otra cosa, era participación en un activo que sigue produciendo después del retiro. Al elegir Estados Unidos, Messi no eligió menos dinero, eligió otra clase de dinero: la que no depende de que él siga en la cancha.

Y el cálculo le dio la razón de inmediato. Su llegada disparó la demanda de entradas -los precios en el mercado secundario llegaron a subir hasta un 1.000% en algunos casos- y la de abonos superó diez veces la capacidad del club.

Apple TV ganó cientos de miles de suscriptores nuevos, y la camiseta de Messi en Miami se convirtió en la más vendida de la liga. Cada uno de esos números es dinero que fluye, en parte, hacia el propio Messi, no por lo que cobra, sino por lo que posee.

De un chico que valía mil dólares al mes a un hombre que convirtió su nombre en un activo, una marca y una participación empresarial que le sobrevivirán a su carrera deportiva.

La historia financiera de Lionel Messi es, en el fondo, la de alguien que entendió antes que casi cualquier atleta una verdad simple y poderosa: que el que solo cobra depende de seguir trabajando, y el que es dueño cobra aunque se detenga. Empezó su carrera como el activo que otro compró, y la termina siendo el que invierte. Ese, más que cualquier gol, es su legado para quien mira el dinero con atención.

Este domingo, la comunidad de CriptoTendencia en WhatsApp elige al próximo protagonista.

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