Hay traders en Markets.xyz generando 10% de comisión cada vez que alguien los copia. Podés ser uno de ellos → Descargá la app.
Espacio patrocinadoEn recientes declaraciones, el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, aseguró que pronto declarará el Estrecho de Ormuz como territorio estadounidense. Según el mandatario republicano, el resultado del conflicto militar contra Irán permitiría a Washington avanzar hacia un mayor control de esta estratégica arteria marítima. Sin embargo, las autoridades iraníes rechazan abiertamente cualquier escenario de este tipo.
«Pronto declararé el Estrecho de Ormuz como territorio estadounidense», expresó Trump durante un reciente discurso. El mandatario no ofreció detalles sobre cómo llevaría adelante esa acción, considerando que Estados Unidos no posee soberanía sobre esa región. Además, esta importante ruta marítima se encuentra dentro del alcance de las capacidades militares iraníes.
En cualquier caso, no es la primera vez que Trump asegura que «tomará» o que incluso «ya tiene el control» del Estrecho. Desde que comenzó el conflicto armado hace seis meses, el presidente estadounidense sostiene que la Marina de su país mantiene el dominio de la zona y que Irán perdió la guerra. No obstante, pese al fuerte impacto sufrido por la nación persa, Teherán continúa mostrando capacidad militar y política para prolongar el enfrentamiento.
Esto último quedó reflejado en las declaraciones de funcionarios iraníes que respondieron a las afirmaciones de Trump. El vicecanciller de Asuntos Jurídicos e Internacionales, Kazem Qaribabadi, expresó en X que la arteria es y seguirá siendo iraní. «El Estrecho de Ormuz no se puede conquistar con un tuit, ni con un portaaviones ni mediante una orden ni un discurso electoral», escribió.
El Estrecho de Ormuz es la clave del conflicto
Las prioridades estadounidenses con respecto a esta guerra han evolucionado con el paso de los meses. Garantizar la libre navegación por Ormuz, que permanecía abierto al comercio marítimo antes del conflicto, se ha convertido ahora en uno de los principales objetivos. Entretanto, las ambiciones de Teherán también parecen haber aumentado y las autoridades iraníes plantean establecer tarifas sobre el comercio que atraviesa el Estrecho.
Ese nuevo escenario podría otorgar a Irán una mayor capacidad de presión económica sobre sus vecinos y sobre el comercio energético internacional. Para Estados Unidos e Israel, un hipotético fortalecimiento de Teherán en una ruta marítima de semejante importancia supondría un desafío estratégico considerable.
Washington busca garantizar el control operativo y la libertad de navegación en la zona, aunque la capacidad defensiva iraní ha demostrado representar un importante obstáculo. Incluso, algunos funcionarios de Teherán aseguran estar preparados para mantener una guerra prolongada y suspender las negociaciones de paz mientras Trump permanezca en la presidencia.
En un hipotético conflicto de desgaste, Irán contaría con determinadas ventajas derivadas de combatir cerca de su propio territorio y de disponer de cadenas logísticas más cortas. Estados Unidos, por su parte, posee armamento considerablemente más avanzado, aunque también más costoso de desplegar y mantener durante una confrontación prolongada.
A esto se suma el respaldo de potencias como Rusia y China, cuya relación con Teherán introduce otra dimensión geopolítica al conflicto y aumenta la complejidad de cualquier intento estadounidense por imponer un control permanente sobre la región.
¿Podrá Trump cumplir su promesa en el Golfo?
Considerando este contexto, una eventual anexión estadounidense del Estrecho de Ormuz enfrentaría enormes obstáculos políticos, jurídicos, económicos y militares. Aunque Estados Unidos dispone de una capacidad militar considerable, sostener una operación prolongada en la región implicaría importantes costos financieros y podría incrementar todavía más el gasto público y el endeudamiento.
Este último factor también podría terminar afectando a la economía estadounidense y a los hogares. Además, una escalada destinada a debilitar la infraestructura energética iraní podría provocar represalias contra instalaciones de países aliados de Estados Unidos en la región. Un escenario semejante tendría capacidad para impulsar considerablemente los precios del petróleo y generar nuevas presiones sobre la economía mundial.
Una fuerte alteración del suministro energético del Golfo podría elevar el riesgo de una desaceleración económica global y aumentar las presiones inflacionarias. Por ello, cualquier intento de modificar por la fuerza el equilibrio actual en el Estrecho tendría consecuencias que irían mucho más allá del enfrentamiento directo entre Washington y Teherán.
Estados Unidos también dispone de capacidades militares de mayor escala, incluido su arsenal nuclear. Sin embargo, recurrir a este tipo de armamento supondría una escalada extrema, con consecuencias geopolíticas y humanitarias de enorme magnitud, por lo que representa un escenario completamente distinto al de las operaciones convencionales.
