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Espacio patrocinadoEl mercado Forex volvió a girar en torno al yen este jueves, cuando el Departamento del Tesoro de Estados Unidos publicó en Washington su informe semestral de divisas y dedicó uno de sus pasajes más incómodos a Japón.
La divisa japonesa tocó mínimos de cuarenta años frente al dólar en la misma jornada, y el documento estadounidense llegó con un mensaje que combina advertencia y pedido explícito: la debilidad del yen ya no se explica por el diferencial de tasas, y el Banco de Japón debería seguir subiéndolas.
El punto más duro del informe es analítico antes que político. El Tesoro señala que la debilidad del yen persistió incluso cuando el diferencial de tasas entre Estados Unidos y Japón se fue estrechando, algo que en la lógica clásica del carry debería haber empujado a la divisa en sentido contrario.
Cuando esa relación deja de funcionar, lo que queda expuesto no es un precio desalineado sino un mercado que dejó de operar sobre los fundamentos que solía respetar.
Una devaluación de quince años
La cifra que ordena todo el diagnóstico es la caída del 51% que acumuló el yen entre fines de 2011 y fines de abril de 2026, tanto en términos efectivos reales como frente al dólar, un desplome que para el Tesoro configura una infravaloración sustancial de la moneda. No es un movimiento de coyuntura ni una reacción a un dato puntual: es una tendencia de década y media que convirtió al yen en la divisa de financiamiento por defecto del sistema global.
El informe reconoce que factores globales como la volatilidad de los mercados financieros y los precios del petróleo influyeron en la trayectoria, pero cierra sin ambigüedad al calificar de indeseable el exceso de volatilidad en la moneda japonesa. Es el lenguaje que Washington reserva para las situaciones en las que preferiría no tener que intervenir, y que el mercado suele leer como una señal de tolerancia decreciente.
El pedido al Banco de Japón
La segunda parte del mensaje apunta directamente a la política monetaria. El Tesoro pide más subas de tasas y sostiene que la normalización ayudaría a anclar las expectativas de inflación y a reducir la volatilidad excesiva del tipo de cambio.
El argumento que respalda ese pedido es doméstico: la inflación erosionó el poder de compra de los hogares japoneses incluso cuando los salarios nominales subieron de manera notable, una brecha que ningún banco central puede sostener indefinidamente sin costo político.
Japón, en rigor, ya recorrió buena parte de ese camino. Con la inflación rondando el objetivo del 2% durante cuatro años, el Banco de Japón abandonó en 2024 una década de estímulo masivo y subió tasas en varias oportunidades, la última en junio, cuando llevó su tasa de política al 1%, el nivel más alto en 31 años. La entidad además señaló que está dispuesta a seguir ajustando.
El factor Takaichi
El problema es que el mercado no le está creyendo del todo, y la razón no está en el banco central sino en el gobierno. Los inversores empujaron el yen a la baja en parte por la preocupación de que la administración de la primera ministra Sanae Takaichi, de perfil expansivo, resista nuevas subas de tasas. En ese cálculo, la disposición declarada del Banco de Japón vale menos que la sombra de un veto político que todavía no ocurrió.
Con la divisa en mínimos de cuarenta años, los inversores permanecen atentos a una posible intervención de las autoridades japonesas, que ya advirtieron que actuarían si vieran movimientos excesivamente volátiles.
El Tesoro estadounidense, por su parte, anticipó que mantendrá sus consultas cercanas con el Ministerio de Finanzas de Japón en materia macroeconómica y cambiaria. Es la fórmula diplomática habitual, pero esta vez llega escrita sobre un mínimo de cuatro décadas.
