Dos gigavatios para Anthropic y la factura que llega a la minería

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AMD anunció el miércoles una alianza estratégica con Anthropic. El acuerdo contempla el despliegue de 2 gigavatios de GPUs Instinct MI450 en sistemas Helios de escala rack, con el primer gigavatio operativo durante la primera mitad de 2027, y una inversión de hasta 5.000 millones de dólares del fabricante de chips en la compañía de inteligencia artificial.

La cifra que importa de ese anuncio no está denominada en dólares. Está denominada en vatios.

La unidad de cuenta cambió sin que nadie lo votara

Durante años la industria del cómputo se midió en chips, en teraflops, en hashes por segundo. Hoy se mide en gigavatios. Es la medida que se impuso para describir la capacidad de los centros de datos de inteligencia artificial, y no es una elección estética: es el reconocimiento de que el cuello de botella se mudó del silicio a la red eléctrica.

«Estamos encantados de profundizar nuestra alianza con Anthropic», dijo Lisa Su, directora ejecutiva de AMD, al anunciar el despliegue de Helios a escala de gigavatio.

Fabricar más aceleradores es un problema de capital y de fundiciones. Conseguir dónde enchufarlos es un problema de permisos, de transformadores, de líneas de transmisión y de contratos de suministro a quince años. El segundo problema no se resuelve con dinero rápido.

El mismo enchufe

Acá está lo que debería interesarle a quien mira este sector desde el mundo cripto. La minería de Bitcoin pasó una década perfeccionando una sola habilidad: encontrar energía barata, estable y disponible antes que nadie. Construyó una geografía propia alrededor de excedentes hidroeléctricos, gas asociado y regiones con tarifas subsidiadas.

Esa geografía dejó de ser exclusiva. Los centros de datos de inteligencia artificial buscan exactamente lo mismo, con una diferencia incómoda: monetizan cada megavatio hora a un margen que la minería no puede igualar cuando el precio del bitcoin no acompaña.

El minero que hoy negocia una tarifa con un regulador provincial va a descubrir que su competidor ya no es otro minero. Es una empresa dispuesta a firmar por un gigavatio completo y a pagarlo por adelantado.

Quién financia a quién

La otra capa del anuncio es la estructura. AMD no solo le vende a su cliente: invierte en él. Y hay precedente sobre cómo se arma eso. En el acuerdo con OpenAI, AMD emitió un warrant por hasta 160 millones de acciones ordinarias, cerca del 10% de la compañía, con hitos de vesting atados tanto al volumen desplegado como al precio de la acción de AMD.

Anthropic, por su parte, viene encadenando compromisos de infraestructura. En abril reconoció que la demanda de sus modelos generaba una tensión inevitable sobre su infraestructura, con impacto en la fiabilidad y el rendimiento en horas pico. Después llegaron el acuerdo multimillonario con Amazon, el acuerdo multi-gigavatio con Google y Broadcom, el uso de toda la capacidad del centro Colossus 1 de SpaceX en Memphis por 1.250 millones de dólares mensuales hasta mayo de 2029, y conversaciones preliminares para arrendar cómputo a Meta.

Del otro lado del balance: ingresos anualizados que superaron los 47.000 millones de dólares en mayo, frente a unos 10.000 millones en todo el año anterior, una ronda cerrada con valuación de 965.000 millones y un prospecto presentado de forma confidencial ante la SEC en junio.

Es un circuito donde el proveedor financia al comprador, el comprador compromete años de capacidad futura y la validación final la aporta un mercado público que todavía no emitió su veredicto.

Lo que se está comprando en realidad

Nada de esto es nuevo para quien vivió los ciclos de la minería. Es la misma película: capital que se adelanta a la demanda, contratos de energía que se firman antes de que exista el ingreso que los sostenga, y una infraestructura física que queda instalada aunque el modelo de negocio que la justificó cambie.

La diferencia de escala, sin embargo, es de otra magnitud. Dos gigavatios no constituyen una simple granja; son capaces de abastecer toda una red eléctrica.

La pregunta que queda no es cuántos gigavatios necesita la inteligencia artificial para seguir creciendo. Es quién va a estar conectado cuando el resto tenga que competir por lo que sobre.

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