Hay algo profundamente inusual en el protagonista de esta semana, y no son sus aciertos: es la contabilidad pública que lleva de sus fracasos. En sus cartas de 2019 a 2023, Buffett usó las palabras «error» y «equivocación» dieciséis veces, y él mismo señaló que muchas grandes compañías no las usaron ni una sola vez en el mismo período -puro discurso feliz y fotos, escribió.
Esta entrega recorre los errores célebres del Oráculo con la ventaja de que la fuente primaria es inmejorable: el propio culpable, con cifras.
El error fundacional: Berkshire Hathaway
Empecemos por el más irónico. La compañía que da nombre al imperio fue, en palabras de su dueño, la compra de acciones más tonta de su carrera.
Buffett se encaprichó con una textil moribunda, tomó el control en 1965 y peleó veinte años por salvar un negocio que la competencia extranjera había condenado, antes de rendirse y cerrarlo.
La lección que extrajo la repetiría siempre: cuando un management brillante se enfrenta a un negocio con mala economía de fondo, la reputación que queda intacta es la del negocio. El monumento a ese error es involuntariamente perfecto -el nombre de la textil fallida quedó estampado en el conglomerado más exitoso de la historia.
El más doloroso: unos zapatos pagados en oro
Pero el error que Buffett llama el más espantoso de todos llegó en 1993, cuando compró la zapatera Dexter Shoe por 433 millones de dólares.
En su carta de ese año la describió como una joya, una de las empresas mejor gestionadas que había visto en su vida. La ventaja competitiva que creyó duradera se evaporó en pocos años frente al calzado importado -para 1999, él mismo reportaba que el 93% de los zapatos comprados en Estados Unidos venía de afuera- y el negocio terminó valiendo cero, con 1.600 trabajadores de un pueblo de Maine en la calle, un costo humano que el propio Buffett subrayó en sus cartas.
Y aquí viene la parte que lo tortura: no fue cuánto pagó, sino con qué. Pagó con 25.203 acciones clase A de Berkshire, y en su carta de 2007 hizo la cuenta él mismo: regalé el 1,6% de un negocio maravilloso para comprar un negocio sin valor. Esas acciones, que valían 433 millones al momento del canje, hoy equivalen a miles de millones -la cifra crece cada año que Berkshire sube, convirtiendo a Dexter en un error con interés compuesto. Como desastre financiero, escribió, merece un lugar en el libro Guinness de los récords.
El pecado capital no es equivocarse
La colección sigue -la incursión en US Airways de 1989 que él mismo contó entre sus peores inversiones, los errores de personal que confesó comparando el dolor de una traición gerencial con el de un matrimonio fallido- pero el patrón importa más que el catálogo.
En una de sus últimas cartas, Buffett definió cuál es, para él, el verdadero pecado capital: no es cometer errores, sino demorar su corrección -lo que su socio Munger llamaba chuparse el dedo. Los errores confesados a tiempo son matrícula pagada; los negados se convierten en catástrofes.
Ahí está, quizás, la diferencia entre el Oráculo y el resto: no una tasa de aciertos sobrehumana, sino un sistema donde los aciertos se dejan correr por décadas y los errores se reconocen, se cuantifican y se publican con nombre y apellido.
Mañana, la entrega que esta comunidad esperaba: Buffett contra Bitcoin. Qué dijo exactamente, qué lógica hay detrás del veneno para ratas, y qué puede aprender un inversor cripto del crítico más brillante que tiene -aunque no le compre la conclusión.
Esta saga fue elegida por la comunidad de CriptoTendencia en WhatsApp. Cada domingo, una nueva votación decide al siguiente protagonista.
