La economía de EE.UU. depende cada vez más del gasto en IA y los economistas no se ponen de acuerdo en cuánto

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Cada 4 dólares de crecimiento económico en Estados Unidos, más de 1 viene de la inversión en inteligencia artificial. Con esa aritmética, la cuenta The Kobeissi Letter reavivó este sábado el debate del año en macroeconomía: la inversión en IA aporta ya más del 25% del crecimiento del PIB estadounidense, la mayor contribución registrada, mientras el gasto total del sector alcanza un récord del 8% del PIB.

La comparación histórica que acompaña el dato es la que incomoda: durante la burbuja puntocom del año 2000, el gasto en equipos informáticos, software e I+D tocó techo en torno al 6,5% del PIB. El nivel actual ya lo supera.

La señal: la dependencia es real y medible

El fenómeno de fondo está fuera de discusión. En el primer trimestre de 2026, la inversión empresarial superó al consumo como principal motor del crecimiento estadounidense por primera vez en la memoria reciente, según datos de la Oficina de Análisis Económico, y las categorías ligadas a la IA -software, equipos de procesamiento, I+D- explicaron la mayor parte de ese empuje.

Los gigantes tecnológicos proyectan más de 700.000 millones de dólares en gasto de capital este año, y J.P. Morgan estima un salto adicional de 200.000 millones en centros de datos.

Esa concentración tiene una cara B evidente: si el gasto en IA se frena, el crecimiento queda expuesto. Y la pregunta dejó de ser teórica esta misma semana, con el sector de semiconductores perdiendo más de un billón de dólares de valor mientras Wall Street cuestiona el retorno de estas inversiones.

El ruido: un número, cuatro respuestas

Ahora bien, la afirmación final del tweet -«el crecimiento de EE.UU. es ahora todo sobre IA»- convierte en certeza lo que es, en realidad, la disputa metodológica más caliente de la macroeconomía actual.

El primer matiz se refiere a la clasificación: la medición incluye todo el software, el hardware y la investigación y desarrollo del país, como si cada dólar invertido en estas categorías correspondiera a la inteligencia artificial. No es así.

El segundo es de fugas: buena parte de ese gasto se va en chips y equipos importados, que restan del PIB en lugar de sumar. Cuando la firma MRB Partners ajustó por importaciones, la contribución real de la IA bajó al 20-25% del crecimiento de 2025 -y el consumo, no la IA, siguió siendo el motor principal.

Goldman Sachs fue más lejos: según sus cálculos, el aporte neto del año pasado fue prácticamente cero. En el otro extremo, la Casa Blanca celebra un 75%.

Cuatro metodologías, cuatro respuestas, un mismo país. La conclusión honesta es doble: la economía estadounidense apostó a la IA una porción histórica de su inversión, y nadie sabe con precisión cuánto de su crecimiento le debe.

Para los mercados -incluido el cripto, que respira el mismo apetito de riesgo- esa incertidumbre es el dato: cuando nadie puede medir la dependencia, tampoco nadie puede medir la caída si la apuesta falla.

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