El mercado energético internacional y la sociedad venezolana asimilaron con conmoción el impacto del doble terremoto del 24 de junio. Tras el desastre, las autoridades venezolanas decretaron el estado de emergencia nacional debido a los severos daños en la infraestructura civil. Ahora, todas las miradas se posan sobre la producción petrolera local como un posible motor para superar este episodio.
Fuentes internas de Petróleos de Venezuela (PDVSA), citadas por S&P Global, aseguraron que las instalaciones de extracción y refinación no sufrieron daños estructurales significativos. El Complejo Petroquímico de Morón experimentó una parada preventiva de seguridad debido a una filtración menor en un tanque de almacenamiento de crudo.
A pesar de esto último, los bomberos locales verificaron la ausencia de fallas mayores y reiniciaron las plantas durante la mañana del 25 de junio. Por su parte, los operadores de la refinería El Palito reportaron total normalidad en las actividades de procesamiento.
Los informes provenientes del estado Falcón ratifican que las refinerías de Amuay y Cardón permanecen estables gracias a su distancia del epicentro. De igual modo, las operaciones en la Faja del Orinoco y en la cuenca del Lago de Maracaibo, en el Golfo de Venezuela, continúan de forma habitual. Multinacionales como Chevron emitieron comunicados institucionales aclarando que su personal se encuentra a salvo y que la infraestructura de producción sigue activa.
El renacimiento de la producción petrolera de Venezuela enfrenta un entorno complejo
La estabilidad de la infraestructura petrolera representa un alivio, pero la capacidad real de producción de Venezuela ya presentaba un deterioro crónico antes del terremoto. Las plantas procesadoras locales operaban muy por debajo de su capacidad instalada antes del desastre.
El obstáculo operativo más urgente para PDVSA radica en la inestabilidad del sistema eléctrico nacional tras el sismo en el centro del país. Los apagones afectaron los estados de Carabobo, Aragua y Yaracuy, amenazando la continuidad del bombeo de hidrocarburos hacia los puertos.
A pesar de los fallos eléctricos, la actividad comercial petrolera mostró señales de resiliencia con el llenado simultáneo de 6 buques cisterna. Los datos de S&P Global Commodities at Sea reflejan que las exportaciones totales de crudo registraron un incremento notable en meses recientes.
Bajo el nuevo esquema geopolítico, el Gobierno de Estados Unidos asumió el control administrativo de los ingresos petroleros de la nación sudamericana. Washington fomenta la exploración de sus empresas locales, permite la intermediación de grandes firmas globales y prohíbe los envíos de crudo hacia China.
Gracias a estas reformas, las exportaciones de mayo subieron a 35.3 millones de barriles, frente a los 22.1 millones del año pasado. Estados Unidos se posicionó como el principal destino, con 17.1 millones de barriles, seguido por la India.
La industria local extraía 3 millones de barriles diarios en 2008, pero el bombeo cayó a 963.000 barriles en diciembre de 2025. El Ministerio de Hidrocarburos reportó una recuperación hasta los 1.15 millones de barriles en mayo, apuntando a 1.37 millones para finales de 2026. Los análisis de costos indican que los proyectos venezolanos requieren un precio de equilibrio elevado de $64 por barril de crudo.
Sin embargo, las reformas bajo supervisión estadounidense podrían reducir este indicador hasta un rango de $45 a $50.
El complejo tablero político venezolano
La riqueza del subsuelo nacional sigue siendo inmensa y, pese a su baja producción petrolera, Venezuela cuenta con las mayores reservas del mundo.
Ante la magnitud de la catástrofe habitacional y humana, el presidente estadounidense Donald Trump manifestó su disposición para cooperar con el país. El mandatario afirmó en sus redes sociales que las agencias gubernamentales se movilizarán rápidamente para asistir a la población afectada.
Además de esto, se levantaron las sanciones contra la industria para que las autoridades tengan mayores posibilidades de manejar la reconstrucción. En líneas generales, recuperar la industria petrolera venezolana es costoso y reconstruir los daños tras el terremoto lo es aún más. La economía local ya requería enormes sumas de capital para recuperarse incluso antes de la tragedia.
Si la nueva era política del país se gestiona de manera eficiente y se minimiza la corrupción, sus enormes recursos podrían dar paso a una recuperación significativa. Incluso, el renacimiento económico podría convertir a Venezuela en uno de los países más sólidos de la región en infraestructura e ingresos.
