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Espacio patrocinadoLa idea intuitiva de que un terremoto devastador en un importante productor de petróleo provocará un aumento inmediato en el precio del crudo no se cumplió después del doble sismo ocurrido en Venezuela el 24 de junio.
El Brent cerró el 26 de junio en 71,99 dólares por barril, una caída diaria del 4,34% y de aproximadamente 10% en el balance semanal, según datos de Trading Economics.
La explicación combina tres variables que merecen lectura conjunta: los daños limitados reportados por Reuters sobre la infraestructura petrolera venezolana, la pérdida estructural del peso de Venezuela en la matriz global de suministro y la dinámica dominante del mercado durante esa semana, marcada por los avances en el acuerdo entre Estados Unidos e Irán.
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La infraestructura aguantó
Las evaluaciones preliminares realizadas por trabajadores del sector petrolero venezolano y reportadas por Reuters muestran daños limitados en la mayor parte de la infraestructura crítica.
Las cinco terminales de exportación más grandes del país -José, Puerto la Cruz, Amuay, Cardón y Bajo Grande- continuaron cargando crudo y combustible sin interrupción el 25 de junio, aunque con retrasos administrativos por demoras en las autorizaciones operativas.
El complejo refinador de Paraguaná, el más grande del país, operaba a los mismos niveles previos al sismo según fuentes del propio sector consultadas por la agencia.
La refinería El Palito, la más pequeña con capacidad de 146.000 barriles diarios, sufrió un apagón por daños en las líneas eléctricas que obligó al cierre de plantas, incluida su unidad de craqueo catalítico fluidizado.
El Complejo Petroquímico de Morón, situado cerca del epicentro, reanudó operaciones tras una breve parada, aunque parte de la infraestructura de almacenamiento colapsó y persiste incertidumbre sobre una fuga de tanque detectada el día del sismo.
Los grandes socios extranjeros de Petróleos de Venezuela ratificaron la continuidad operativa. Chevron declaró que su operación se mantiene activa, mientras Eni y Repsol confirmaron que el evento sísmico no afectó sus proyectos.
El consorcio Perla, operado por ambas compañías y responsable de aproximadamente el 50% del suministro de gas que requieren las centrales termoeléctricas del país, continuó produciendo con normalidad.
Venezuela ya no es factor swing del crudo
La razón por la que el mercado descontó con rapidez la prima de riesgo geopolítico no es coyuntural sino estructural. La producción petrolera venezolana se ubicaba cerca de los 1,2 millones de barriles diarios antes del sismo según fuentes de Reuters, una cifra que representa aproximadamente el 1% del suministro global de crudo.
La comparación histórica es elocuente: Venezuela producía entre 2,5 y 3 millones de barriles diarios en sus picos previos según análisis publicado por Macrobond, y décadas de subinversión, sanciones y deterioro de infraestructura redujeron al país a un productor marginal en términos de capacidad para mover el precio internacional.
La dinámica dominante del mercado esa semana confirmó la jerarquía. El avance en las negociaciones entre Estados Unidos e Irán, la apertura del estrecho de Ormuz y el incremento de la oferta de Arabia Saudita, Emiratos Árabes Unidos, Kuwait y Qatar concentraron la atención de los operadores según reportó Al Jazeera, llevando al Brent a su nivel más bajo desde el 27 de febrero.
La capa regulatoria: humanitaria, no energética
La respuesta del Departamento del Tesoro estadounidense reforzó la lectura macro. La Oficina de Control de Activos Extranjeros emitió la Licencia General 60 el 25 de junio, una autorización específicamente humanitaria que permite a personas e instituciones financieras estadounidenses procesar transacciones vinculadas a las labores de socorro por el terremoto, vigente hasta el 23 de octubre.
La medida suplementa la Licencia General 29 preexistente sobre organizaciones no gubernamentales pero no altera el régimen específico sobre el sector petrolero, que continúa operando bajo las licencias generales sectoriales vigentes, entre ellas la GL 50B sobre el sector de petróleo y gas, la GL 46C sobre productos petroquímicos y la GL 52A sobre Petróleos de Venezuela.
La separación regulatoria es relevante. Washington trató al terremoto como caso humanitario y no como variable energética, una distinción que para el mercado confirma una hipótesis macro de fondo: Venezuela ya no es objeto de ajustes en el régimen sancionador petrolero cuando entra en crisis, porque su peso en la oferta no justifica esa intervención.
El mercado del crudo ha incorporado a Venezuela como un caso geopolítico ya descontado, no como una fuente potencial de shock.
