Fallece a los 100 años Alan Greenspan, expresidente de la Reserva Federal

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Este lunes, el mundo de las finanzas globales despide a una de las figuras más influyentes en la configuración de la economía moderna. El expresidente de la Reserva Federal, Alan Greenspan, falleció a los 100 años en su residencia, según informó formalmente su esposa, la destacada corresponsal de NBC News, Andrea Mitchell.

El fallecimiento de Greenspan fue atribuido directamente a complicaciones derivadas de la enfermedad de Parkinson, de acuerdo con el comunicado difundido por Mitchell. En sus declaraciones institucionales, la periodista describió al economista como un hombre de gran talla que ayudó a moldear el rumbo financiero del país bajo administraciones de ambos partidos políticos, destacando también su honestidad al momento de reconocer sus equivocaciones a lo largo del camino.

Nacido en la ciudad de Nueva York, la carrera del célebre analista comenzó en el ámbito académico y de la consultoría privada en la década de 1950, liderando la firma Townsend-Greenspan & Co. durante más de dos décadas. Su introducción en las altas esferas del poder político de Washington se consolidó al coordinar la investigación de políticas internas para la campaña presidencial de Richard Nixon en 1968.

Su ascenso definitivo a la cúspide de la política monetaria ocurrió en 1987, cuando el presidente Ronald Reagan lo designó al frente de la Reserva Federal (Fed). Greenspan ocuparía este cargo de enorme relevancia internacional durante cinco mandatos consecutivos bajo el gobierno de cuatro presidentes diferentes, concluyendo formalmente sus funciones en 2006 durante la administración de George W. Bush. Su gestión de 18 años y medio se consolidó como la segunda más longeva en la historia del organismo federal.

Del Lunes Negro a la expansión económica más sólida del siglo bajo la dirección de la Reserva Federal

Apenas dos meses después de asumir el liderazgo del banco central, el nuevo funcionario tuvo que afrontar una de las pruebas de fuego más dramáticas del sistema bursátil tradicional. El 19 de octubre de 1987, jornada recordada históricamente como el Lunes Negro, el índice Dow Jones sufrió un histórico desplome del 22% en una sola sesión de operaciones comerciales.

La rápida reacción de Greenspan, al garantizar públicamente que la Fed actuaría como fuente de liquidez para respaldar los mercados, logró contener el pánico financiero e impulsó una pronta recuperación. Durante los años posteriores de su administración, la economía de EE. UU. experimentó una de las fases de expansión en tiempos de paz más sólidas y estables de su historia contemporánea.

Bajo su dirección monetaria, la tasa de desempleo nacional retrocedió por debajo de la marca del 4%, la bolsa de valores neoyorquina conquistó máximos históricos recurrentes y las cuentas públicas del Gobierno federal comenzaron a registrar superávits presupuestarios consistentes en lugar de los tradicionales déficits.

No obstante, el cambio de milenio trajo consigo desafíos técnicos considerables para la mesa de gobernadores de la Fed. Tras el estallido de la burbuja de las empresas tecnológicas en el año 2000 y el impacto de los atentados terroristas del 11 de septiembre de 2001, la actividad económica ingresó en una fase de recesión.

Para reestimular el consumo e inyectar dinamismo a las plataformas de negociación, el banco central recortó de forma agresiva las tasas de interés de referencia hasta el nivel inédito del 1%.

El debate sobre la burbuja inmobiliaria y la crisis de Wall Street

Esta política prolongada de tipos de interés excepcionalmente bajos se convirtió, años más tarde, en el centro de las críticas de numerosos economistas y analistas financieros.

Diversos expertos sostienen que las facilidades de crédito de la Fed contribuyeron de forma decisiva a inflar la burbuja inmobiliaria al incentivar la concesión de hipotecas de alto riesgo (subprime) a prestatarios sin las debidas garantías contables. Asimismo, se cuestionó la falta de una supervisión rigurosa sobre el descontrolado mercado hipotecario de la época.

Mientras ocupaba el cargo, Greenspan restó importancia a estas advertencias, defendiendo que los excesos de precios correspondían únicamente a dinámicas de mercados locales y que no existían pruebas de una burbuja a escala nacional. Sin embargo, el colapso generalizado del valor de las viviendas en el otoño de 2008 desató una oleada masiva de ejecuciones hipotecarias y quiebras bancarias institucionales.

Ante la Comisión de Supervisión de la Cámara de Representantes, el propio exfuncionario confesó encontrarse en un estado de incredulidad y conmoción ante la magnitud de la crisis. En sus comparecencias posteriores, argumentó que, si bien intentó alertar sobre los riesgos de ciertas prácticas crediticias, el daño sistémico resultó ser mucho más extenso de lo que jamás imaginó.

Con todo, Greenspan defendió hasta el final de sus días que los bajos tipos de interés fijados durante su gestión no fueron la causa directa del colapso financiero mundial. Aseguraba que sus decisiones de política monetaria habían sido totalmente acertadas en el 70% de las ocasiones. En cualquier caso, su fallecimiento cierra un capítulo fundamental de la historia económica contemporánea.

Alejandro Gil
Alejandro Gil
Alejandro es periodista especializado en la cobertura del mundo financiero.

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