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Espacio patrocinadoMillones de ciudadanos en América Latina están abandonando sus monedas locales de forma silenciosa, progresiva y prácticamente irreversible. No es una proyección ni un escenario futuro: el Banco de Pagos Internacionales acaba de documentarlo con precisión empírica en su informe BIS Papers No. 170, publicado el 5 de mayo de 2026.
La conclusión es incómoda para los bancos centrales de la región. Venezuela, Argentina, Líbano e Irán aparecen citados explícitamente como los países donde este fenómeno ya no es teoría sino una realidad observable en los flujos transfronterizos de USDT y USDC.
Un refugio sin papeles ni horarios
El mecanismo que describe el BIS es directo. En contextos de alta inflación y volatilidad cambiaria -las condiciones que definen a gran parte de América Latina- las stablecoins ofrecen a los ciudadanos acceso a valor en dólares sin necesidad de una cuenta bancaria en moneda extranjera, sin horarios y con la posibilidad de autocustodia que ningún depósito bancario puede ofrecer.
El resultado empírico es contundente: los incrementos en flujos de stablecoins hacia estos países se asocian con depreciación posterior de la moneda local, desviaciones de la paridad cubierta de tasas de interés y brechas crecientes entre el tipo de cambio implícito en las stablecoins y el tipo oficial.
Para Argentina, con su larga historia de controles cambiarios y mercados paralelos, el patrón resulta familiar en su forma pero novedoso en su escala y velocidad.
Más rápida y más opaca que la dolarización tradicional
Lo que distingue a esta nueva forma de dolarización de las anteriores no es solo la tecnología sino la velocidad y la opacidad con que opera.
La dolarización tradicional avanzaba a través del sistema bancario, dejando rastros visibles en los registros de depósitos en moneda extranjera y en las estadísticas de balanza de pagos. La dolarización vía stablecoins se mueve en cadenas de bloques mediante transacciones seudónimas que escapan a los indicadores tradicionales de monitoreo.
Los bancos centrales, señala el BIS, enfrentan el riesgo de descubrir que una parte significativa de los ahorros privados ya migró al dólar digital antes de que sus instrumentos estadísticos lo detecten.
El escenario que el BIS considera más probable
El informe plantea tres escenarios futuros y señala claramente cuál se considera más probable a corto plazo para economías como la de Argentina o Venezuela: la «dolarización digital». En este contexto, las stablecoins en dólares se convertirían en la infraestructura de facto para los pagos y como reserva de valor privada.
En este escenario, los bancos locales responden ofreciendo sus propios servicios de conversión hacia stablecoins, acelerando involuntariamente la sustitución de depósitos.
La política monetaria pierde tracción porque una proporción creciente de los ahorros ocurre fuera del alcance del banco central, intermediada por emisores privados que invierten sus reservas en letras del Tesoro de Estados Unidos en lugar de sostener el crédito doméstico.
La trampa que se cierra sola
La conclusión más dura del paper es también la más relevante para la región: los países más vulnerables a esta dolarización digital son precisamente los menos equipados para responder.
La alta inflación y la volatilidad cambiaria que hacen atractivas a las stablecoins son las mismas condiciones que debilitan la capacidad institucional para regularlas.
El BIS describe este riesgo como una trampa de subordinación financiera digital -una dinámica autorreforzante donde la fragilidad macroeconómica acelera la adopción de stablecoins, y esa adopción profundiza la fragilidad al erosionar la soberanía monetaria que le quedaba al banco central.
Para los ciudadanos de a pie en Buenos Aires o Caracas, la lógica es simple: proteger el poder adquisitivo hoy. Para sus bancos centrales, las consecuencias se acumulan en silencio.
