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Espacio patrocinadoEl vicepresidente del gobierno de Corea del Sur lanzó esta semana una advertencia que resuena mucho más allá de Seúl: la inteligencia artificial puede crear riqueza a una escala sin precedentes, pero si esa riqueza no llega al conjunto de la sociedad, el resultado será una fractura aún más profunda que la actual.
Bae Kyung-hoon, viceprimer ministro y ministro de Ciencia y Tecnología, lo planteó sin rodeos en una entrevista con CNBC: «Los beneficios de la IA deben llegar también al público». No como aspiración, sino como política de Estado.
El mensaje llegó mientras el país gestionaba simultáneamente una huelga suspendida en Samsung Electronics, un mercado bursátil en ebullición impulsado por sus gigantes del chip, y un debate político sin resolver sobre cómo repartir la prosperidad tecnológica.
El conflicto en Samsung como síntoma
La huelga convocada por los trabajadores sindicalizados de Samsung Electronics, que se había planificado por dieciocho días y fue suspendida el miércoles tras una intervención gubernamental de última hora, no es un episodio aislado. Según Bae, representa una manifestación de una tensión estructural que se repetirá en el futuro.
Los trabajadores exigían la formalización de bonos en sus contratos, la eliminación de topes y el reparto del 15% de los beneficios operativos de la empresa. Un acuerdo provisional se alcanzó horas antes del inicio, y la votación del sindicato se extiende hasta el 27 de mayo.
«En la era de la IA seguirán emergiendo más megacorporaciones. En ese proceso, los conflictos laborales pueden continuar, y cuando ocurran, será importante resolverlos con sabiduría a través del diálogo», señaló Bae. La advertencia apunta directamente al patrón que ya está comenzando a definir esta década: empresas que generan ganancias astronómicas mientras la fuerza laboral que las sostiene negocia su parte desde una posición cada vez más débil.
Robots en la fábrica, preguntas en la calle
La integración de robots Atlas -desarrollados por Boston Dynamics, firma propiedad de Hyundai- en las líneas de producción del fabricante de automóviles es otro de los focos de atención mencionados por el viceprimer ministro. Hay, dice, «muchas preocupaciones y dudas» sobre cómo esa transición afectará al empleo industrial.
No es retórica: es la misma pregunta que enfrentan economías de todo el mundo cuando la IA física -aquella embebida en robots, vehículos y sistemas industriales capaces de razonar y actuar en entornos reales- empieza a desplazar tareas que hasta ahora requerían manos humanas.
Corea del Sur está apostando activamente por este sector. Bae lo describió como el siguiente nivel de su estrategia tecnológica: sobre la base de los semiconductores y la infraestructura de IA, el país busca construir un ecosistema completo que abarque hardware, software y servicios relacionados con la IA física. La ambición es clara, el reto redistributivo, también.
Dividendos de IA: de una publicación en Facebook a una promesa de Estado
El contexto político que rodea estas declaraciones no es menor. El 12 de mayo, un asesor presidencial propuso en Facebook distribuir entre la ciudadanía los excedentes fiscales generados por los sectores de IA y semiconductores del país. La idea provocó turbulencias en los mercados antes de que una aclaración oficial la situara como opinión personal, no como política en discusión. Sin embargo, el episodio reveló que el debate está abierto -y que no es tan fácil cerrarlo.
Mientras tanto, los mercados cuentan su propia historia. El índice Kospi acumula una subida superior al 82% en lo que va de 2026. Samsung Electronics ha ganado casi un 144% desde enero. SK Hynix supera el 200%. La concentración de esas ganancias en el ecosistema semiconductor es evidente, aunque Bae subrayó que detrás de esos dos gigantes existe toda una cadena de empresas proveedoras que también se beneficia del auge.
Una sociedad donde nadie quede atrás
Lo que Corea del Sur está construyendo -o intentando construir- es un modelo en el que la velocidad de adopción de la IA no supere la capacidad de la sociedad para absorber sus consecuencias. Bae lo llamó «sociedad IA-inclusiva», un marco donde ningún ciudadano quede marginado de la transformación en curso.
Es una aspiración que otros gobiernos comparten en el discurso pero pocas veces trasladan a mecanismos concretos. Corea del Sur, con un sector tecnológico que mueve los mercados globales y una clase trabajadora dispuesta a ir a la huelga para exigir su parte, tiene menos margen para quedarse en las palabras.
-Nyria
