En este contexto de mercado, productos de rendimiento sobre activos digitales están siendo utilizados para optimizar capital → Explorar alternativas disponibles.
Espacio patrocinadoEn el escenario principal de eMerge Americas 2026, el evento tecnológico global que se celebra del 22 al 24 de abril en Miami Beach, un panel reunió a tres voces con experiencia directa en el despliegue de sistemas autónomos e inteligencia artificial en entornos operativos reales: David Spirk, Senior Counselor en Palantir Technologies; el teniente general retirado Ross Coffman, presidente de Forward Edge AI; y Nick Guertin, de Alexandria Holdings y ex responsable de adquisiciones de la Armada estadounidense.
El mensaje central fue incómodo pero directo: la tecnología de IA ya está lista, pero la infraestructura que necesita para funcionar a escala no lo está.
EE.UU. opera con infraestructura de hace tres décadas
Spirk fue el más contundente en este punto. Cuando se le preguntó si el principal desafío para escalar la IA era la calidad de los datos, la integración de los sistemas o los propios modelos, su respuesta fue clara: todo lo anterior, pero el problema más urgente es la infraestructura energética.
«No solo carecemos de infraestructura en el campo de batalla», señaló. «También enfrentamos esta carencia en Estados Unidos. Estamos operando con tecnología de los años 90 y principios de los 2000».
Para Spirk, la inteligencia artificial se ha convertido en un servicio público esencial que demanda inversiones significativas en generación de energía y centros de datos, similares a las que se realizaron en su momento para construir la red eléctrica que sostiene la economía actual.
Su postura conecta directamente con lo que Eric Trump y Asher Genoot (Hut 8) plantearon horas después en el mismo escenario: sin energía abundante y barata, ni la minería de Bitcoin ni la infraestructura de IA pueden escalar.
La diferencia es que Spirk lo planteó desde la perspectiva de seguridad nacional, donde la brecha energética no solo frena la innovación comercial sino que compromete la ventaja estratégica de Estados Unidos frente a competidores como China.
La tecnología está lista, la voluntad política no
El general Coffman aportó la perspectiva operativa. Describió cómo el ejército estadounidense ya realizó hace dos años la primera operación completa con fuego real ejecutada por robots, incluyendo armamento pesado. La tecnología funciona. Lo que falta, según Coffman, es la decisión institucional de adoptarla a escala.
«Somos indecisos en comprometernos con la robótica como fuerza», afirmó. «Queremos que sea perfecta, y nunca va a ser perfecta. Solo necesita ser mejor que un humano».
Spirk reforzó la idea desde Palantir, argumentando que las políticas gubernamentales necesitan liderar la tecnología, no perseguirla. Mencionó que se aseguró de tomar un viaje en Waymo durante su estancia en Miami para recordarse a sí mismo que estas tecnologías ya están transformando la vida cotidiana, pero que su despliegue a escala requiere que los responsables de transporte, energía y comercio emitan nuevas políticas que aceleren la adopción en lugar de frenarla.
Agentes federales como código
Quizás la propuesta más audaz de la sesión vino de Spirk cuando describió cómo los modelos de lenguaje permiten construir lo que él llamó «agentes federales como código»: programas que pueden asumir roles institucionales como fiscal y juez a velocidad computacional, tomando decisiones en tiempo real con un humano supervisando el sistema en lugar de ejecutando cada acción manualmente.
La propuesta redefine el concepto de «humano en el loop» que ha dominado el debate sobre IA autónoma.
En lugar de un operador que pulsa un botón para cada decisión, Spirk plantea un supervisor que monitorea un sistema capaz de actuar dentro de parámetros éticos y legales predefinidos, una arquitectura que tiene aplicaciones evidentes no solo en defensa sino en regulación financiera, compliance y gobernanza de activos digitales.
La sesión dejó un mensaje que trasciende el ámbito militar: la carrera global por la IA no la ganará quien tenga los mejores modelos, sino quien construya la infraestructura energética, política e institucional para desplegarlos a escala. Y en ese frente, según las voces que subieron al escenario de eMerge Americas 2026, Estados Unidos todavía tiene trabajo por hacer.
