¿La IA dejará sin trabajo a los sacerdotes? Japón prueba los límites de lo sagrado

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Comúnmente se dice que la inteligencia artificial (IA) dejará sin trabajo a muchas personas. ¿Esto también incluye a los sacerdotes? Según un reciente reporte de The Japan Times, este proceso ya está en marcha.

En el templo Ganshuji, en la ciudad costera de Odawara, el monje residente Souou Iwayama ha convertido la adaptación en una práctica constante. Tras digitalizar servicios de meditación zazen durante la pandemia y revitalizar las finanzas del templo con entierros ecológicos, Iwayama comienza a integrar la IA en las operaciones diarias para gestionar calendarios y optimizar materiales destinados a sus feligreses.

Sin embargo, para Iwayama, la utilidad no lo es todo. «Cuando alguien muere y le tomas la mano diciéndole que todo estará bien, ese momento importa», afirma. Para él, existe algo esencial en la presencia humana, donde cuerpo y mente convergen, que la tecnología no puede replicar. Aun así, reconoce que los límites podrían difuminarse: «si llegamos a un punto en el que no puedes distinguir entre un humano y una máquina, ¿qué pasará?», se pregunta.

Experimentos locales con IA frente a la doctrina global

A diferencia de Occidente, donde instituciones como el Vaticano han emitido notas doctrinales claras subordinando la IA al juicio humano, en Japón la respuesta es descentralizada y experimental. Esta apertura surge de una cultura donde lo religioso es «ambiental»: una mezcla de costumbres sintoístas y budistas que forman parte de la vida cotidiana más que de una práctica rígida.

Para muchos en Japón, la idea de una IA con presencia espiritual no resulta disruptiva. Bajo el concepto de yaoyorozu no kami (los 8 millones de deidades), la creencia de que los dioses residen en todas las cosas permite que una inteligencia artificial sea vista como «una deidad más» dentro del amplio panteón nipón. Tres factores resultan determinantes en este proceso.

Por ejemplo, el budismo se enfoca en la traducción de textos antiguos a sistemas de respuesta inmediata. Mientras tanto, el sintoísmo prioriza el ritual y el gesto físico sobre el lenguaje, limitando el rol de los chatbots. Paralelamente, se destaca que un 65% de los usuarios de IA conversacional en Japón ya comparten sus emociones con las máquinas, considerándolas «compañeros».

Estos tres elementos hacen que la integración de la IA en la vida espiritual cotidiana de la sociedad sea un proceso más fluido.

La inteligencia artificial permitirá a los fieles hablar con Buda

Hace más de 2.500 años que el diálogo directo con Buda se perdió, quedando limitado a la interpretación de escrituras. El profesor Seiji Kumagai, de la Universidad de Kioto, busca recuperar esa inmediatez mediante el «BuddhaBot», un sistema entrenado con textos antiguos como el Sutta Nipata para responder dudas contemporáneas sobre la felicidad y la ansiedad.

Aunque Kumagai defiende que la IA debe cumplir un rol de apoyo, advierte sobre los riesgos de la dependencia y la posibilidad de que, con el tiempo, las personas olviden que se trata de una simulación. «Mientras yo esté aquí diré: No es Buda. Pero cuando me haya ido, si la gente empieza a decir que lo es, será difícil de negar», explica.

Por otro lado, el sintoísmo presenta un reto mayor para la IA. Taishi Kato, sacerdote en Osaka, sostiene que su labor no se resuelve a través del lenguaje. Para él, un gesto perfectamente ejecutado por un robot carece del valor de una vida de práctica sincera y de la empatía necesaria para proporcionar consuelo real.

En líneas generales, la religión en Japón parece estar absorbiendo la IA como lo hizo antes con la imprenta o la arquitectura. El éxito de esta integración dependerá de si las máquinas se perciben como herramientas administrativas o si, en el imaginario colectivo, logran alcanzar el estatus de entidades con las que se puede establecer un vínculo ritual y emocional.

Alejandro Gil
Alejandro Gil
Alejandro es periodista especializado en la cobertura del mundo financiero.

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