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Espacio patrocinadoEn un contexto marcado por tensiones geopolíticas y alta volatilidad en los mercados globales, el comportamiento del oro ha sorprendido incluso a los analistas más experimentados. Tradicionalmente considerado un activo refugio en tiempos de crisis, el metal precioso ha mostrado una reacción atípica frente al conflicto en Oriente Medio.
Lejos de beneficiarse del aumento de la incertidumbre, el oro ha registrado una de sus caídas más pronunciadas en décadas, lo que pone en duda su papel como cobertura frente a riesgos macroeconómicos.

El oro cae con fuerza en medio de conflictos geopolíticos
El oro registró una caída semanal del 11%, su peor desempeño desde 1983, acumulando además una pérdida superior al 14% desde el inicio del conflicto con Irán.
Este comportamiento contrasta con la narrativa tradicional del oro como refugio seguro, ya que en escenarios de incertidumbre suele atraer flujos de capital en busca de protección frente a la inflación y la volatilidad.
Sin embargo, en esta ocasión, otros factores macroeconómicos están dominando la dinámica del mercado.
Uno de los principales impulsores de esta caída ha sido el cambio en las expectativas sobre las tasas de interés. Los inversores ahora anticipan que la Reserva Federal mantendrá los tipos elevados por más tiempo, lo que incrementa el atractivo de activos con rendimiento, como los bonos.
Tasas de interés y dólar: el verdadero motor del movimiento
El aumento de los rendimientos de los bonos eleva el costo de oportunidad de mantener oro, un activo que no genera ingresos. Esta relación inversa ha sido clave en la reciente corrección del metal.
Además, el fortalecimiento del dólar estadounidense ha añadido presión adicional. Desde el inicio del conflicto, el índice del dólar ha subido cerca de un 2%, encareciendo el oro para los inversores internacionales y reduciendo su demanda.
El cambio en la política monetaria no se limita a Estados Unidos. Bancos centrales de otras economías también están adoptando posturas más restrictivas ante el riesgo inflacionario derivado del aumento en los precios de la energía.
Este entorno ha desplazado el flujo de capital hacia activos con rendimiento, debilitando la narrativa del oro como principal refugio en tiempos de crisis.
¿Corrección temporal o cambio estructural?
La caída del oro también se produce tras un periodo de fuerte expansión. En 2025, el metal acumuló una subida del 64%, alcanzando máximos históricos cercanos a los $5.000 por onza.
Este rally estuvo impulsado, en parte, por inversores minoristas, lo que añadió un componente más especulativo al comportamiento del activo.
Con la reciente corrección, algunos analistas interpretan el movimiento como una toma de beneficios o un reequilibrio de carteras, más que como un cambio definitivo en su tendencia de largo plazo.
A pesar de la caída, el consenso en Wall Street sigue siendo moderadamente optimista. Factores como la incertidumbre geopolítica, la inflación persistente y la deuda global continúan respaldando una visión alcista para el oro en el mediano plazo.
No obstante, el episodio reciente deja una señal clara: incluso los activos considerados más seguros pueden comportarse de forma inesperada cuando factores como tasas de interés y divisas dominan el mercado.
