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Espacio patrocinadoEl próximo encuentro entre el presidente de Estados Unidos, Donald Trump, y su homólogo chino, Xi Jinping, programado del 31 de marzo al 2 de abril, se perfila como uno de los eventos geopolíticos más determinantes de 2026. Sin embargo, lo que Trump describe como un viaje que será «una locura» (a wild one), se ve ensombrecido por una histórica derrota en casa.
La Corte Suprema de EE. UU. invalidó gran parte de los aranceles que sostenían su guerra comercial. Como respuesta, el magnate republicano elevó los aranceles globales al 15%. Pese a ello, esto no encubre este gran tropezón frente a sus rivales asiáticos.
En cualquier caso, el giro inesperado no solo altera la balanza de poder antes de la cita en Pekín, sino que redefine la estrategia de «máxima presión» que el mandatario estadounidense ha intentado imponer desde su regreso a la Casa Blanca en enero de 2025.
La posición de fuerza de Xi en su encuentro con Trump
Para el líder chino, la cumbre representa una oportunidad para consolidar su narrativa de estabilidad. Con la economía local enfrentando dificultades y tras purgas internas en el ejército, Xi busca un periodo de calma en las relaciones bilaterales.
Julian Gewirtz, exdirector para China y Taiwán en el Consejo de Seguridad Nacional, citado en The New York Times, señala que Xi está enviando una señal global de que ha gestionado con éxito un año de resistencia frente a la guerra comercial de Trump. El objetivo es demostrar que incluso la nación más poderosa del mundo decidió que los riesgos de enfrentarse a China superan los beneficios.
Por su parte, Scott Kennedy, experto en economía china del CSIS comentó a Reuters que la derrota judicial de los aranceles «aumenta la debilidad de Trump ante los ojos de Pekín», especialmente después de que China utilizara con éxito las restricciones a las tierras raras para forzar treguas previas.
Vale la pena resaltar que la Corte Suprema dio un golpe bajo a la posición de la Casa Blanca. Esto último al dictaminar que el presidente sobrepasó sus facultades al imponer aranceles del 20% bajo la Ley de Poderes Económicos de Emergencia Internacional (IEEPA). Esto lo hizo vinculando estas tarifas como castigo frente a la crisis del fentanilo y desequilibrios comerciales.
Taiwán es el punto de fricción entre los dos líderes
El encuentro de Trump y Xi seguramente contará con la cordialidad que obliga el respeto y temor mutuo. Sin embargo, está lejos de contar con un trasfondo amistoso. En ese sentido, el mayor punto de fricción de ambos presidentes es el asunto Taiwán.
De tal manera, más allá de la balanza comercial (que en 2025 alcanzó un déficit mínimo de 21 años de $202.000 millones según Bloomberg), el tema de Taiwán sigue siendo la línea roja. En este punto se incluyen factores delicados como:
- Venta de armas: en diciembre, EE. UU. aprobó un paquete de $11.100 millones en armamento para la isla.
- Advertencia de Xi: en una llamada reciente, el líder chino advirtió que Washington debe manejar este asunto con «extrema precaución».
- Riesgo de ruptura: según el profesor Xin Qiang de la Universidad de Fudan consultado en el citado reporte de The New York Times, si Trump aprueba nuevas ventas de armas antes de la cumbre, la relación podría entrar en una espiral descendente que descarrile el encuentro.
¿Qué se debe esperar del encuentro?
Trump, fiel a su estilo, espera una recepción que supere su visita de 2017, la cual calificó como la mayor exhibición militar que ha visto. Sin embargo, detrás del protocolo, la agenda es pragmática:
- Acuerdos agrícolas: Trump buscará que China incremente la compra de soja para beneficiar a los agricultores estadounidenses.
- Tecnología: Pekín presionará para suavizar las restricciones en la exportación de chips de inteligencia artificial (IA).
- Energía y Boeing: se esperan negociaciones sobre exportaciones energéticas y pedidos de aeronaves.
«Xi quiere tiempo para hacer la economía más resiliente y resolver los problemas en el Ejército de Liberación Popular. Cree que el tiempo con Trump en el cargo le ayudará diplomáticamente», afirmó Evan S. Medeiros, profesor de Georgetown a NYT.
La cumbre en Pekín no será solo un desfile de pompa y ceremonia, sino un tablero de ajedrez donde Trump intentará recuperar la iniciativa perdida en los tribunales, mientras Xi busca asegurar un entorno de estabilidad que permita a China seguir navegando sus propios desafíos internos.
