El choque entre dos trenes de alta velocidad cerca de Urda, en la provincia de Toledo, dejó este miércoles al menos 64 muertos y alrededor de 80 heridos, una cifra que ya supera la del accidente de Adamuz y convierte la tragedia de Toledo en el peor desastre ferroviario de España desde Angrois, en 2013.
- Un AVE de Renfe alcanzó por detrás a un tren de Iryo detenido en la línea Madrid-Sevilla, con 544 pasajeros entre ambos convoyes.
- El ministro Óscar Puente atribuye el siniestro a una orden del centro de control de Adif en Atocha, emitida tras la caída del sistema de seguridad LZB.
- Adif suspendió la alta velocidad entre Madrid y Andalucía mientras la Guardia Civil investiga sobre el terreno.
Un alcance en plena recta
El impacto se produjo a las 8:54, en un tramo recto y con buena visibilidad de la línea Madrid-Sevilla, cuando un AVE de Renfe embistió la parte trasera de un tren de Iryo que estaba detenido, y la colisión hizo que descarrilaran los dos últimos coches del convoy de Iryo, que acabaron cayendo por un terraplén.
A bordo viajaban 397 pasajeros en el tren de Renfe y 147 en el de Iryo, según los datos oficiales.
El presidente de Castilla-La Mancha, Emiliano García-Page, cifró en unos 50 los heridos graves y en 15 los críticos, y advirtió que algunos de ellos podrían no sobrevivir, mientras la región lanzaba un llamamiento urgente a donar sangre.
El fallo del sistema LZB
El ministro de Transportes y Movilidad Sostenible, Óscar Puente, compareció en la estación de Atocha y calificó el siniestro de «inverosímil». Según su relato, hacia las 8:30 un problema informático afectó al sistema de control de la estación de Urda, y con los trenes detenidos y sin el sistema de seguridad, el mando pasó al centro de control de Adif en Atocha. El LZB es el mecanismo que impide que dos trenes ocupen un mismo tramo de vía y activa los frenos automáticos
A las 8:36 se decidió que el AVE retomara la circulación, una orden que el ministro definió como «inexplicable» porque las señales de vía prohibían reanudar la marcha. Puente apuntó a una persona del centro de control como responsable, aunque las causas deberán esclarecerse en la investigación.
Entre esa orden y el impacto, el tren de Renfe recorrió 25 kilómetros a una velocidad que todavía se desconoce.
Un año negro para la alta velocidad
Toledo llega diez meses después de Adamuz, donde en enero murieron 45 personas cuando un tren saltó de la vía y chocó contra otro que venía en sentido contrario. Renfe e Iryo también estuvieron implicadas en aquel accidente, una coincidencia que añade presión sobre todo el sistema.
Es el tercer desastre ferroviario del año en España, una secuencia que erosiona la confianza en una red presentada durante dos décadas como escaparate de la ingeniería del país.
Adif suspendió los servicios de alta velocidad entre Madrid y Andalucía, y la Guardia Civil envió un equipo especializado en catástrofes, por lo que el corredor más transitado del sur del país queda paralizado hasta nuevo aviso.
El Ibex 35 y la factura política
La Bolsa de Madrid tampoco tuvo una jornada tranquila: hacia las 15:23, hora peninsular, el Ibex 35 cedía 206,50 puntos, un 1,08%, hasta los 18.954,10. Renfe y Adif son entidades públicas que no cotizan, de modo que el retroceso responde a la dinámica general de la sesión, y el coste de Toledo se medirá en otra moneda.
Esa moneda es política. España votará en las elecciones generales del 29-N y la tragedia irrumpe en plena precampaña, el mismo día en que el BOE publica las listas al Congreso y al Senado. Puente descartó dimitir, pero la pregunta sobre la responsabilidad ya no se agota en un operador frente a una pantalla.
Urda deja al descubierto algo más profundo que un error humano. Los sistemas automáticos existen para que una sola decisión nunca pueda llevar dos trenes al mismo punto, y cuando la máquina cae, la seguridad vuelve a descansar en una persona. Ese eslabón es el que la investigación tendrá que explicar y el que, a un mes de las urnas, el país exigirá blindar.
