Google prepara una nueva herramienta para que bancos y otras instituciones protejan y transfieran criptomonedas y activos tokenizados. El servicio, llamado Google Multi-Party Compute (MPC), está en pruebas privadas y tiene prevista su disponibilidad comercial para comienzos de 2027, con una propuesta centrada en reducir el riesgo de que una credencial comprometida permita vaciar una billetera.
Según el reporte de CoinDesk, varias instituciones financieras prueban la tecnología y Alphabet ya la utiliza para proteger activos propios en Ethereum y Solana. La compañía no identificó a esas entidades, tampoco precisó los activos de su matriz ni anunció los precios del servicio.
Distribuir la autorización para reducir el riesgo
La computación multipartita permite que varios participantes colaboren para firmar una operación sin entregar sus secretos a los demás. La arquitectura que Google Cloud viene desarrollando sustituye la dependencia de una única clave por participaciones distribuidas, con registros que permiten auditar las acciones y mantener el control sobre el material criptográfico.
La diferencia práctica es que vulnerar un equipo deja de ser suficiente cuando la operación necesita la colaboración de otros participantes protegidos por separado. Esa separación debe ser real: repartir credenciales entre dispositivos sujetos al mismo acceso administrativo puede conservar una concentración de riesgo que el diseño buscaba reducir.
En una guía técnica publicada en 2023, la empresa ya describía un flujo que verifica el entorno de ejecución y la integridad del programa antes de solicitar aprobaciones y firmas parciales. La nueva iniciativa convierte estas capacidades en un servicio dedicado a activos digitales.
El robo de claves sigue siendo una amenaza concreta
La importancia del problema aparece en las cifras de Chainalysis: las claves privadas comprometidas representaron el 43,8% del valor de las criptomonedas robadas en 2024. Su exposición resulta especialmente peligrosa en servicios centralizados, donde una falla en la gestión de credenciales puede afectar reservas que pertenecen a numerosos usuarios.
La IA añade presión sobre las defensas, pero conviene precisar el alcance de esa amenaza. No se ha demostrado que un sistema de inteligencia artificial pueda romper las firmas criptográficas que protegen las billeteras de Bitcoin o Ethereum. Los controles de autorización responden a riesgos operativos actuales, como credenciales robadas o transferencias indebidas.
La protección también depende de las reglas y los operadores
Confidential Space aporta un entorno aislado para procesar información sensible y restringir su acceso a programas autorizados. Su documentación describe una separación entre quien escribe el programa, quien opera la infraestructura y quienes poseen los recursos, con mecanismos de verificación destinados a proteger los datos incluso frente al operador.
Esto ayuda a entender por qué la custodia institucional exige más que almacenar claves. También importa quién puede modificar las políticas, cómo se recupera el acceso y qué evidencia queda de cada autorización. Como consecuencia práctica, una institución deberá evaluar tanto la tecnología como la distribución de responsabilidades entre sus equipos y proveedores.
La etapa de pruebas permitirá observar cómo se trasladan estas protecciones a operaciones reales. Para los bancos interesados en activos digitales, el criterio decisivo será contar con procedimientos verificables que acompañen la seguridad criptográfica y permitan actuar cuando un participante falle o una credencial quede expuesta.
