Venezuela vuelve a mirar hacia el capital extranjero medio siglo después de nacionalizar su industria petrolera. La presidenta encargada, Delcy Rodríguez, dijo este sábado que el país espera captar casi US$ 76.000 millones en inversiones durante los próximos cinco años, una previsión ligada a acuerdos recientes y presentada en un momento en que reconstruir la producción sigue siendo un desafío. El anuncio fue recogido por Reuters.
Entre los planes figura un acuerdo con Estados Unidos para desarrollar 17 campos petroleros y poner en funcionamiento 250 equipos de perforación. Rodríguez lo situó dentro de un conjunto más amplio de 61 convenios firmados. Las magnitudes llaman la atención, pero describen proyectos y expectativas: no prueban que el dinero ya haya llegado ni que los taladros estén operando.
El petróleo venezolano vuelve al punto de partida
El giro histórico comenzó en 1975, cuando el gobierno de Carlos Andrés Pérez promulgó la ley que reservó al Estado la industria de los hidrocarburos. La nacionalización entró en vigor el 1 de enero de 1976 y Petróleos de Venezuela, PDVSA, asumió la dirección del sector. La cronología está documentada por el Gobierno venezolano y explica por qué el anuncio de 2026 tiene una carga simbólica que va más allá de la cifra.
Durante décadas, el petróleo sostuvo ingresos públicos y convirtió a Venezuela en una potencia energética. La magnitud del recurso permanece: la EIA estadounidense estimó unas reservas probadas de 303.000 millones de barriles en 2023, las mayores del mundo. Sin embargo, poseer crudo bajo tierra no equivale a extraerlo con rentabilidad ni a disponer de la infraestructura necesaria para llevarlo al mercado.
De la abundancia al deterioro productivo
El contraste se hizo cada vez más visible con el deterioro de instalaciones, la falta de inversión sostenida, las dificultades operativas de PDVSA y las sanciones estadounidenses. A ello se suma que gran parte de las reservas está formada por crudo extrapesado de la Faja del Orinoco, cuya producción y procesamiento exigen tecnología, personal especializado y recursos adicionales.
En 2023, Venezuela extrajo unos 742.000 barriles diarios de crudo, cerca de un 70% menos que en 2013, según la serie de la agencia energética. Esa caída ayuda a entender el objetivo actual: recuperar pozos, equipos y capacidad de transporte antes de que las reservas puedan convertirse en una expansión estable de la producción. El proceso requiere tiempo incluso si aparecen financiadores dispuestos a participar.
Los nuevos acuerdos muestran que Caracas quiere aprovechar el interés internacional por sus yacimientos sin renunciar necesariamente al papel del Estado. De hecho, la nacionalización de 1976 no impidió que en distintas etapas existieran fórmulas de cooperación con empresas privadas. Lo decisivo ahora será conocer las condiciones de cada proyecto y comprobar cuánto capital se ejecuta realmente.
La diferencia entre anunciar y construir
La proyección oficial contempla inversiones cercanas a los US$ 76.000 millones durante los próximos cinco años, respaldadas por 61 acuerdos que podrían impulsar la actividad del sector. Su impacto dependerá del ritmo de ejecución de los proyectos, especialmente en nuevas perforaciones, infraestructura y capacidad de producción.
El balance dependerá de señales verificables: desembolsos, equipos instalados, reparación de infraestructura, producción sostenida y reglas capaces de atraer a los socios durante todo el período. Ahí se medirá la distancia entre la promesa y la recuperación.
Cincuenta años después de asumir el control de su petróleo, Venezuela vuelve a buscar apoyo externo para explotarlo, pero el futuro de la industria todavía se decidirá sobre el terreno.
